Crítica de «EL SER QUERIDO»: la película de Sorogoyen que confirma a Javier Bardem como uno de los mejores actores vivos
Victoria Luengo y Javier Bardem en «El ser querido», la película de Rodrigo Sorogoyen sobre una compleja relación entre padre e hija. Imagen: fotograma oficial de «El ser querido»
«El ser querido», la nueva película de Rodrigo Sorogoyen con Javier Bardem y Victoria Luengo, explora una relación paterno-filial marcada por el abandono, la culpa y la redención
«El ser querido»: Javier Bardem y Victoria Luengo brillan en lo nuevo de Rodrigo Sorogoyen
Hay algunas opiniones que los críticos de cine no queremos tener. Queda muy comercial, muy «básico», decir, por ejemplo, que Tarantino es el mejor guionista estadounidense de su generación —aunque sea definitivamente cierto—. O cuando alguien te pregunta cuáles te parecen que son los mejores directores de la historia, siempre tienes a un grillo performativo en la parte de atrás de la oreja que te susurra: Tarkovski, Antonioni o Kieślowski. O cómo te gustaría decir Kenji Mizoguchi, ¿eh? Lo que no quieres decir nunca, por mucho que te guste «E.T.», es Steven Spielberg. Y no porque no sea uno de los mejores con diferencia, que lo es, sino porque es tan obvio que lo es que ha llegado al público comercial y no te puedes sentir guay por decirlo. Pues bien, todo esto para llegar a que, obviamente, Javier Bardem es el mejor actor español vivo y probablemente uno de los mejores que haya vivido nunca.
Javier Bardem y Victoria Luengo, frente a frente en «El ser querido»
Esta es una película que juega con la forma de contar su historia desde el momento uno del metraje. Empieza con una secuencia de diez a veinte minutos de una conversación entre los protagonistas: un padre, Esteban Martínez (Javier Bardem), y su hija, Emilia Vera (Victoria Luengo), que, si te lo pusieran como cortometraje, te lo comerías con patatas. Una clase maestra no solo de actuación, sino de manejo de la tensión en la escena, en la que te enteras, mucho antes de que te lo digan, de que este es un padre completamente fallido que ha abandonado a su hija, que se siente increíblemente culpable por haberlo hecho y que está enmendando sus errores —o intentándolo— antes de que sea demasiado tarde.
El personaje de Bardem es director de cine y el de Luengo, una camarera a tiempo completo con sueños de poder dedicarse enteramente a actuar. Si la premisa te recuerda a «Sentimental Value», de Joachim Trier, imagínate la cara que se le quedó a Sorogoyen cuando la vio en cines. Por suerte para él, su guion ya estaba escrito cuando salió, además de que las dos películas solo se parecen en sus premisas.
Una escena de «Sentimental Value», la película de Joachim Trier. Imagen: fotograma de «Sentimental Value»
Lo mejor de la película…
Lo más interesante de la película, claro está, es la complicada relación entre los protagonistas. Constantemente ves cómo este padre solo le ha dado el papel a su hija porque siente que es la manera de paliar 30 años de incompetencia. Emilia está completamente dividida con esto. Por una parte, sabe lo difícil que es ser actriz y reconoce que esta igual es la única oportunidad para poder hacerlo. Pero, por otra, es obvio que no soporta a su padre, que le culpa tanto por su sufrimiento en su vida como por el sufrimiento de su madre, a la que Esteban conoció en su primera película, antes de abandonarlas a ambas para irse a los Estados Unidos a triunfar como director.
Hay un momento en la película que no me saco de la cabeza. Esteban ha intentado tener una conversación de uno a uno con su hija. Intenta conectar con ella, le pregunta sobre su vida. Todo está bien hasta que le sugiere que igual debería dejar de beber alcohol —él es un exalcohólico y ella parece serlo a día de hoy—. En este momento, ella explota y le dice que no se atreva a meterse en su vida nunca. Que ella está ahí para trabajar, no para ser su hija. Él se lo toma fatal, pero lo deja ir. Lo entiende o parece que lo entiende… hasta el día siguiente.
Una relación entre padre e hija marcada por el abandono y la culpa
Esteban está dirigiendo a su hija en una escena en la que ella está sentada en una gran mesa comiendo con los demás actores de reparto y ellos no paran de reírse, haciendo que Esteban tenga que repetir la escena constantemente. Poco a poco se está enfadando más y más con ellos, hasta el punto en el que empieza a gritarles a la cara, llamándoles niños pequeños. La que se lleva el mayor palo es Emilia, a la que Esteban acusa de «no saber comer en cámara», dándonos el momentazo de la película: un padre «enseñando» a su hija a comer. Obligándola a obedecerle, pues es el director de la película que está protagonizando. Para mí, este es el momento que me hizo darme cuenta de que estaba viendo una de las grandes obras de este año y una de las más complejas de Sorogoyen.
Javier Bardem firma uno de los grandes momentos de la película
Deberías ir a verla, igual hasta más de una vez. Es una película que tiene varias lecturas y que siento que tiene que mejorar al revisitarla. Además, que gozada es ver a un director tan bueno probando cosas nuevas. Tengo ganas de ver que sigue saliendo de este dúo artístico de Sorogoyen e Isabel Peña. Seguro que no hemos visto lo mejor de los dos aun.