«ARTIFICIAL»: cuando la realidad de la inteligencia artificial supera a la ciencia ficción

El director de «Challengers», Luca Guadagnino y Andrew Garfield llevan al cine «Artificial» la historia de la crisis de OpenAI y el polémico despido de Sam Altman, un filme sobre dinero, poder y los peligros de la inteligencia artificial

«Artificial»: la película de Luca Guadagnino sobre OpenAI

Durante mucho tiempo he dicho que los escritores de ciencia ficción nos salvarían del apocalipsis. No porque puedan hacer nada para pararlo directamente, pero sí mediante su aviso. Si ahora tenemos miedo de lo que podría acarrear una IA desenfrenada es porque existieron esas historias. Al igual que el pueblo que se inventa un mito sobre un dios del fuego para avisar a sus progenitores de que existen montañas que escupen lava y pueden matarlos a todos, nosotros tuvimos y tenemos nuestras propias historias, nuestros Terminators y nuestros «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?», que nos dicen, muy directamente, que no todo avance tecnológico lleva a la mejora humana. Algunos pueden llevar a nuestra extinción. Esto nos hace hablar de «Artificial».

Por eso, me alegro tanto de que ya existiera este tipo de ficción casi 100 años antes de que la tecnología que imaginaba pudiera convertirse en realidad. Para los curiosos, la obra a la que me refiero es «R.U.R. (Rossum’s Universal Robots)», escrita por el dramaturgo checo Karel Čapek en 1920. Porque gracias a esas historias hemos tenido muchísimo tiempo para construir un imaginario colectivo que nos advirtiera de los peligros de la inteligencia artificial antes de que esta llegara a nuestras vidas.

Cuando el futuro se convierte en presente

Por eso es curioso que, ahora que ha llegado la presagiosa IA, tengamos historias como «Artificial», de Luca Guadagnino, protagonizada por Andrew Garfield.

«Artificial» es la historia de los días más complicados de OpenAI, la compañía detrás de ChatGPT. Los días que decidieron el futuro de una de las empresas más influyentes en nuestro avance tecnológico en la IA.

OpenAI: una revolución tecnológica que nació para cambiar el mundo

En 2015, figuras como Elon Musk, Sam Altman, Greg Brockman e Ilya Sutskever se juntaron con un solo propósito: desarrollar lo que se conoce como inteligencia artificial general (IAG), una inteligencia capaz de superar las capacidades cognitivas humanas en cualquier área en la que se necesitara. El sueño era hacerlo sin que la humanidad tuviera que pagar las consecuencias.

Para que esto pudiera ser realidad sin que la compañía se volviera avariciosa de una historia de ciencia ficción apocalíptica, decidieron constituirla como una organización sin ánimo de lucro. Tenían claro que sería difícil garantizar que una compañía actuara por el bien de la humanidad si la oportunidad de enriquecimiento estaba sobre la mesa. No querían que los responsables de desarrollar la tecnología para superar a todas las tecnologías tuvieran que responder ante unos accionistas interesados en multiplicar sus inversiones.

Pero había un pequeño problema. Desarrollar la tecnología más avanzada de la historia de la humanidad resultaba ser algo bastante caro. Y, aunque al principio sobrevivían únicamente con donaciones… como os podéis imaginar, eso no iba a durar. Por ello, decidieron probar con otra alternativa. Seguirían siendo una organización sin ánimo de lucro, pero tendrían una filial para la parte económica. Habría inversores, pero solo podrían tener un retorno máximo de 100 veces lo invertido, según las condiciones de aquella primera ronda de inversión. El excedente iría destinado a la organización sin ánimo de lucro, que seguiría controlando la compañía.

Cartel oficial de «Artificial»
Cartel oficial de «Artificial»

El nacimiento de ChatGPT y el comienzo de una nueva era

La compañía siguió creciendo y, el 30 de noviembre de 2022, salió ChatGPT, el sistema de inteligencia artificial conversacional que acabaría popularizando los modelos de lenguaje entre el gran público. Y los números se multiplicaron. La compañía pasó de ser una empresa tecnológica relativamente desconocida para el público general a convertirse en uno de los nombres más importantes de Silicon Valley.

En tan solo dos meses, ChatGPT había alcanzado —según las estimaciones de UBS— los 100 millones de usuarios activos mensuales, una cifra para la que Instagram había necesitado aproximadamente dos años y medio.

Microsoft, que ya había invertido mil millones de dólares en OpenAI en 2019, anunció una nueva inversión multimillonaria en enero de 2023. De repente, aquella organización que había nacido para impedir que el desarrollo de la inteligencia artificial quedara sometido a los intereses económicos de las grandes corporaciones se encontraba en el centro de una de las mayores carreras empresariales de nuestro tiempo.

Sam Altman: el hombre que OpenAI quiso despedir

En 2023 algunos de los responsables de OpenAI empezaron a cuestionar el liderazgo de Altman. Tenían miedo. La preocupación por la seguridad de la inteligencia artificial era real, como lo era la desconfianza que algunos miembros del consejo habían desarrollado hacia su director ejecutivo.

Se dice que pensaban que con él al mando sería imposible llegar a un modelo de I.A moralmente puro. Por ello, le invitaron a una videollamada sorpresa de Google Meet, se juntaron todos con él y le comunicaron que sus servicios como CEO de la empresa ya no serían bienvenidos. Para Altman, esto no era aceptable.

Hay una cita que me he encontrado mientras buscaba información para este artículo que creo que describe perfectamente el miedo que tenían los miembros del consejo de administración aquel viernes 17 de noviembre de 2023 cuando intentaron librarse de Altman para siempre. La escribió Paul Graham, fundador de Y Combinator y antiguo mentor de Altman, en 2008: «Podrías lanzarlo en paracaídas sobre una isla llena de caníbales, volver cinco años después y descubrir que se ha convertido en su rey».

Escena de la película «Artificial» (2026), dirigida por Luca Guadagnino
Escena de «Artificial», dirigida por Luca Guadagnino

Y parece ser que no se equivocaba. Altman empezó a contactar con sus aliados mientras la noticia corría como la pólvora. Los inversores, los ejecutivos y los trabajadores de OpenAI comenzaron a presionar al consejo de administración para que reconsiderara su decisión. Poco a poco, empezó a extenderse la idea de que, si Altman se iba, todo podía hundirse.

La rebelión de OpenAI: más de 700 empleados contra el consejo

El lunes 20 de noviembre, más de 700 de los aproximadamente 770 empleados de OpenAI firmaron una carta amenazando con abandonar la compañía e irse a Microsoft si no se restituía a Altman y dimitía el consejo de administración. Entre los firmantes estaba, para sorpresa de prácticamente todo el mundo, el mismísimo Ilya Sutskever, cofundador de OpenAI y uno de los miembros del consejo que habían votado a favor del despido. El hombre que había contribuido a echar a Altman ahora pedía públicamente su regreso. 

Andrew Garfield en el papel de Sam Altman y a Yura Borisov como Ilya Sutskever en una escena de la película Artificial (2026)
Andrew Garfield en el papel de Sam Altman y a Yura Borisov como Ilya Sutskever en una escena de la película «Artificial»

¿Es el ser humano el verdadero peligro de la IA?

Hace poco, durante una entrevista con Jimmy Kimmel, Andrew Garfield compartió una reflexión sobre su experiencia en «Artificial». Para ello, recuperó unas palabras de uno de los creadores de ChatGPT, aunque sin especificar de quién se trataba: «Sí… la verdad es que no sabemos muy bien quién va a perder su trabajo ni cómo vamos a construir una economía que funcione para la gente corriente, pero os prometo que lo averiguaremos y que va a ser increíble».

Y quizá sea precisamente ahí donde reside el mensaje más importante de «Artificial», la película de Luca Guadagnino. Porque, al igual que hicieron escritores como Isaac Asimov o Philip K. Dick décadas atrás, esta historia nos invita a reflexionar sobre los peligros de la inteligencia artificial. Solo que, esta vez, la amenaza no parece estar tanto en la tecnología como en las personas que la desarrollan y toman decisiones sobre su futuro. Al fin y al cabo, puede que lo más peligroso de los robots sean precisamente los humanos que los han creado. Al menos hasta que aparezcan los primeros robots con escopetas. Entonces, probablemente, la historia sea otra.

Adrián Sánchez @adriansanchezliggeri

Imágenes: cortesía de la película

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