Tras una etapa de cambio y reconciliación con la música, BLAYA presenta «Your lesbian neighbour is playing music next door», un disco íntimo, casero y emocional que convierte lo doméstico en lenguaje de haute cuture. Producido, compuesto, interpretado y mezclado casi íntegramente por ella misma, el proyecto recorre distintas formas de amar, desear, recordar y perder. Hablamos con la artista sobre independencia, producción, comunidad y el universo que hay detrás de este nuevo trabajo.
BLAYA presenta «Your lesbian neighbour is playing music next door»: un disco íntimo, casero y emocional
¿Cómo estás viviendo la salida? ¿Qué sensaciones te ha dejado la acogida?
La verdad es que muy bonito. Hacía tiempo que la industria musical se me hacía un lugar bastante oscuro y hostil, así que sacar este proyecto desde otro sitio ha sido muy especial. Me he sentido muy abrazada, sobre todo por mis amigas, mi novia, mi familia y mi equipo. Ha sido como un parto muy colectivo.
Además, he notado una ilusión muy genuina alrededor del proyecto. El otro día hice una listening party en casa, algo muy casero, muy mío, y fue precioso ver cómo conectaban con las canciones desde ese lugar tan cercano.
De alguna manera, ¿dirías que este disco también te ha reconciliado con la industria?
Sí, totalmente. Pero más que con la industria en sí, me ha reconciliado con la música desde la comunidad. Con el apoyo entre amigas, con esa red que hemos construido entre mujeres artistas que nos acompañamos, nos escuchamos y nos sostenemos. Eso ha sido clave para mí.

El título del proyecto, «Your lesbian neighbour is playing music next door», es muy concreto y muy visual. ¿Cómo nace?
Nació de una forma muy orgánica y bastante divertida. Estábamos buscando en YouTube unos audios para trabajar unos arreglos y aparecían vídeos tipo «Mexican neighbours having a party next door», estos audios largos que la gente usa como ruido ambiente. Entonces pensé: esto es buenísimo, ¿cómo sería mi versión?
Y de repente apareció la frase: «Your lesbian neighbour is playing music next door». En cuanto la pensé supe que ahí estaba el título. Me parecía que resumía muy bien el espíritu del EP: algo íntimo, doméstico, cercano, como si la música se colara por la pared desde la habitación de al lado. Además, encajaba perfecto con el hecho de que todo está hecho en casa, en mi estudio, desde un lugar muy cotidiano.
Hay una intención muy clara de reivindicar lo amateur, lo casero, incluso cierta imperfección. ¿De dónde nace esa búsqueda?
De sentirlo más orgánico. Hubo un momento en el que las maquetas finales sonaban demasiado limpias, demasiado perfectas, demasiado pulidas. Y me di cuenta de que, aunque técnicamente todo estaba bien, se estaba perdiendo algo importante: la intimidad, la imperfección, la emoción de la demo. Yo podía hacer que todo sonara muy grande, muy limpio, muy preciso, pero no quería perder esa sensación de cercanía.

En este EP asumes prácticamente todos los roles: compones, produces, interpretas y también mezclas parte del trabajo. ¿Qué ha supuesto eso para ti?
Ha sido un paso importante. Es la primera vez que me atrevo a mezclar parte de mi propia música de forma tan consciente. Hay temas e interludios que he mezclado yo, y hacerlo me ha servido para entender todavía más qué quería proteger del proyecto.
También hay una parte práctica, claro: trabajar así me da libertad y me permite sostener económicamente ciertas decisiones. Pero más allá de eso, creo que tiene que ver con una necesidad creativa. Soy bastante controladora con mi música, en el buen sentido, y me gusta saber cuándo algo necesita quedarse cerca de mí y cuándo, en cambio, le viene bien pasar por otras manos.
Aunque no hay colaboraciones como tal, en el disco participan Irenegarry, Ruptura o Raya. ¿Cómo surgieron?
Todas surgieron de forma muy orgánica, y eso es precisamente lo bonito. Todo salió desde la amistad. Con Ruptura, por ejemplo, fue literalmente un día en casa. Se había quedado a dormir, nos despertamos, le enseñé una canción y nos pusimos a escribir. Fue rapidísimo. En seguida entendió el lugar de la canción y todo salió de una manera muy natural.
Con Irenegarry fue parecido. Ella estaba haciendo sus cosas, nos vimos, le dije que viniera un día a casa a escuchar una canción y a tomar un café, y en una mañana salió muchísimo. De hecho, ella puso el título de «maria como yo», que para mí es uno de los mejores del EP.
Y con Raya también fue completamente espontáneo. Vino a casa a trabajar en otras cosas, le enseñé un interludio, empezó a decir frases, saqué el móvil, lo grabé todo y de ahí surgió una pieza.

¿Te interesaba precisamente que esas colaboraciones mantuvieran esa energía de demo, de momento compartido?
Sí, totalmente. No quería colaboraciones forzadas ni calculadas. Me interesaba que conservaran la energía del instante, de la amiga que viene a casa, escucha algo, se emociona y aporta desde ahí. Creo que eso se nota mucho en el resultado final.
¿Sientes un lenguaje compartido con otras artistas y productoras de vuestra generación?
Sí, creo que sí. Compartimos muchas referencias, muchas formas de trabajar y también una sensibilidad común. Somos artistas de una generación parecida, muchas hemos empezado a desarrollar nuestro lenguaje en un contexto similar, y es lógico que haya puntos de encuentro. Luego cada una tiene su universo, claro, pero sí noto que hay algo en común en la manera de aproximarnos al sonido, a la emoción, a la producción. No sé si tiene que ver únicamente con ser mujeres, pero sí creo que hay una sensibilidad compartida que está generando algo nuevo.

«phill collinX» es uno de los temas más llamativos del proyecto. ¿Cómo nació esa canción?
Nació en Asturias, en la casa de Bloodstein, un lugar muy especial a la que vamos varias amigas desde hace años. Es un sitio antiguo, rarísimo, precioso, muy inspirador. El verano me llevé allí el equipo: monitores, pantalla, instrumentos… todo. Y en una de esas semanas salió la primera demo de «phill collinX». Recuerdo ese lugar como un espacio muy abierto a lo emocional: el paisaje, la casa, la convivencia, la sensación de estar aisladas, sensibles, muy dentro de todo. La canción salió un poco de ahí, de ese estado cambiante, de esos días en los que de repente hace sol, luego niebla, luego todo cambia.
Produces para otros artistas y también trabajas en arreglos y directos. ¿Cómo conviven esa faceta y tu proyecto propio?
Conviven muy bien. Me encanta producir para otra gente, hacer arreglos, pensar en directos, grabar voces, diseñar pequeñas piezas sonoras. Ahora mismo estoy en un punto en el que quizá no todo son grandes titulares, pero sí muchos trabajos pequeños muy bien hechos, y eso me gusta mucho.
Luego, cuando ves que algo en lo que has trabajado suena en un escenario enorme o forma parte de algo más grande, hace muchísima ilusión. Pero también me gusta volver a casa y seguir construyendo mi propio mundo desde aquí. Ahora, dentro de poco, me iré a Suiza. Y eso me hace muchísima ilusión.

Marta España @mdmovidas
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