IRENE ESCOLAR. Escuhar(se)

Con honestidad, la actriz nos invita en esta entrevista a acompañarla en un recorrido por sus proyectos recientes, desde el rodaje con Lois Patiño hasta la segunda temporada de «La Ruta».

Hablar con Irene Escolar es como abrir la ventana un día soleado en Madrid: hay claridad, frescura y una energía que se contagia. La actriz atraviesa un momento de madurez artística en el que combina la exigencia de proyectos intensos con la serenidad de elegir desde otro lugar. En esta conversación repasa su verano, marcado por ensayos y escapadas al norte, su experiencia en teatro y el reto vital —y escénico— que supone «Personas, lugares y cosas» dirigida por el aclamado director Pablo Messiez. También reflexiona sobre la importancia de la escucha, los vínculos y la valentía en la vida y en la profesión. 

Irene Escolar: «He trabajado mucho y he afrontado retos muy grandes. Los más importantes de mi carrera en teatro, diría yo»

Irene, ¿cómo ha sido tu verano?

Estuvimos empezando una primera fase de ensayos y luego he estado sobre todo por el norte, en Bilbao y Cantabria, huyendo del calor, que ahora en verano es casi lo único que se puede hacer. Prefiero no dar nombres concretos de lugares porque siento que, cuando se comparten sitios especiales, se llenan demasiado y pierden su esencia, pero ha sido un plan estupendo. Madrid en agosto también me gusta, porque está vacío y hay conciertos y cine, pero el calor de estos últimos años es insoportable y a veces da angustia pensar en cómo está cambiando todo tan rápido, con incendios y temperaturas extremas. Este verano lo he vivido mucho con amigas, haciendo planes tranquilas. No he ido a festivales fuera de Madrid, aunque el año pasado estuve en El Prestoso, en Asturias, que es precioso, en plena montaña. Fui a ver a mi amiga Cris Lizarraga, de Belako, un grupo que me encanta. Este año, en cambio, me he quedado más en la ciudad y he disfrutado de los conciertos de La Casa Encendida, que me gustan muchísimo.

¿A ti qué música te gusta?

Depende mucho. Cuando trabajo y estoy construyendo un personaje siempre hago listas de música. Escucho lo que me lleva a ese momento. Por ejemplo, cuando hacía «La ruta», como interpretaba a dos personajes —uno en los 70 y otro en los 90—, tenía listas diferentes para cada uno. Pasé cuatro meses escuchando música de esas décadas y vas descubriendo muchísimos grupos. Ahora, con «Personas, lugares y cosas», tenemos una lista compartida Pablo Messiez y yo. Mucha música electrónica, entre otras cosas. 

Y ya que hablamos de placeres, Dior te vistió para la portada de Vanidad, háblame de tu relación con Dior y de la conexión que te une a la Maison.

Siempre he sentido una conexión muy fuerte con Dior. Desde que era muy joven me han apoyado mucho y han estado ahí para acompañarme en distintos proyectos creativos, dándome visibilidad y sosteniéndome con su propio arte, con su ropa. Creo que hay algo profundamente artístico y artesanal en lo que hacen, una delicadeza y un nivel de detalle que admiro muchísimo. Como actriz, siempre hay algo de máscara, de disfraz. Pero cuando eres tú, la persona que se muestra al mundo, la marca que te acompaña también define cómo te presentas. Dior, con su elegancia, su calidad y su manera tan particular de entender la moda, siempre me ha hecho sentir acompañada, segura. En concreto, en las fotos de esta sesión, toda la ropa tenía un punto de juego. Me permitió divertirme, experimentar, transformarme. Eran prendas y tejidos muy diferentes entre sí, y eso me dio la oportunidad de crear casi un personaje en cada imagen.

Abrigo de punto efecto pelo de lana y cachemira y jersey de punto con encaje de seda y cachemira, todo de DIOR.

¿Qué tal está siendo trabajar con Pablo Messiez? ¿Cómo os conocisteis?

Increíble. Nos conocimos hace muchos años, de ir a ver trabajos de uno y de otro. Pablo es de las mejores personas con las que me he cruzado trabajando. Tiene una inteligencia emocional que pocas veces he tenido cerca. Su manera de armar el equipo, de hacer que todos se sientan seguros y bien… Y además tiene muchísimo sentido del humor. Piensa el arte y el teatro de una manera muy especial. Es muy trabajador, cuida, quiere y te hace sentir genial. Es un regalo.

¿En qué momento te dijo: «quiero que hagas esta pieza»?

Esta pieza me ha rondado varias veces. Me llegó hace bastantes años y yo sentía que no estaba preparada. No era el momento ni la manera de hacerlo. No tenía la edad del personaje —aunque no creo que siempre haya que tener la misma edad que los personajes—. Yo, de hecho, suelo interpretar a mujeres más jóvenes, nunca más mayores. Pero este personaje tenía un recorrido vital y emocional que sentía que no podía darle todavía. Hace cinco años no lo veía. Además, es un papel muy exigente: son dos horas y media en el escenario.

Pero en personajes exigentes tienes mucha experiencia.

Sí, pero hace cinco años sentía que no era mi momento para hacerlo. Y fíjate, luego las cosas vuelven. Si tienen que ser, son; y si no, no son.

Debió de ser una decisión dura.

Sí, porque a veces es difícil aceptarlo y dejarlo ir. Es un personaje que te permite pasar por muchos tonos, códigos y registros… De esos que pocas veces llegan y resultan tan apetecibles, además con una temática que me interesaba. Pero no era la manera en la que yo quería hacerlo: había piezas que no terminaban de encajar.

Abrigo «trench» de algodón y minifalda globo de «trench» de algodón, todo de DIOR.

Y tú, por ejemplo, cuando una amistad o una relación se acaba, ¿eres de las que lo deja ir con facilidad o de las que se aferra e insiste?

Yo lo intento. Quizá demasiado.

¿Por qué lo hacemos?

No lo sé… Supongo que depende de las carencias de cada uno. También de la importancia que le damos a tener vínculos. Hay personas que necesitan más de otras y personas que no. Yo tiendo a ser bastante independiente, pero necesito mucho a la gente que tengo cerca: a mis amigos, muchísimo. Y por eso me gusta cuidar esos vínculos. Si algo no funciona, lo intento, lo intento…, quizá demasiado en algunos casos.

¿Cómo has cambiado en estos cinco años? ¿En qué te notas diferente?

En primer lugar, tengo muchísima más experiencia. He trabajado mucho y he afrontado retos muy grandes: los más importantes de mi carrera en teatro, diría yo. Eso te da un bagaje, una fuerza y la seguridad de que eres capaz de llegar a ciertos lugares. Creo que esta función será de las cosas más grandes y difíciles que haga. También hay más madurez. Hace cinco años tenía otro tipo de ambición, otra necesidad de demostrar. Ahora no elijo esta función por eso. Es un papel muy gustoso, muy lucido: pocas veces encuentras un personaje que te permite estar dos horas y media en escena con un recorrido tan hermoso y por tantos registros.

¿Es un personaje alejado de ti?

Muchísimo. Sus circunstancias son totalmente distintas a las mías. Aun así, ella es actriz, y ahí hay algo de su ser que conozco muy bien. Quizá por eso, aunque tuviera todo un universo que investigar, encontré un punto identitario al que conectarme. La obra, además, es casi un retrato de lo que significa nuestra profesión: precioso, humano, real. Es un homenaje muy bonito porque establece un paralelismo entre las terapias de grupo en procesos de desintoxicación y los ensayos teatrales. Constantemente se compara la máscara, la escucha, la manera en que el otro puede salvarte.

Chaqueta de punto efecto pelo de lana y cachemir, braguita de talle alto de punto con encaje de seda y cachemir y bota Dior Wild de piel de becerro negra con abertura delantera y firma CD en metal plateado, todo de DIOR.

¿En tu día a día quién te escucha?

Tengo un par de amigas a las que consulto muchas cosas. Personas que te dicen la verdad, aunque sea difícil. Para mí eso es muy valioso: cuando hay un compromiso real, no te dicen lo que quieres oír, sino algo que te hace pensar. Yo intento hacer lo mismo con los demás, aunque a veces eso ponga en peligro la comodidad. Busco rodearme de gente que pueda hablarme con sinceridad, porque si no, no hay manera de crecer.

¿Cómo ha funcionado el diálogo con Pablo Messiez durante este proceso?

Increíblemente bien. Es la persona que mejor escucha, que mejor recibe y comunica. Siempre que tengo una duda —ya no solo de la función, sino de cómo plantear cualquier situación— sé que él me va a ofrecer otra perspectiva. Y lo hace con mucho cariño, con empatía. Es alguien muy trabajado, con el que da gusto estar. Yo he sentido una conexión enorme, un verdadero enamoramiento artístico. Porque claro que las cosas pueden ser así, deberían ser así. No es lo habitual, aunque me he encontrado con gente muy buena. Pablo tiene una responsabilidad afectiva muy grande y genera un ambiente de trabajo excepcional. Para cualquier proceso creativo, sentirse seguro es lo más importante.

¿No crees que tienes cierta tendencia a involucrarte en proyectos un poco catárticos?

Es verdad que en «Hermanas y Finlandia» lo estaba, aunque luego, con Marcel y con Nao en «Mamón o Atraco», o incluso en audiovisual, no tanto. Pero sí, algunas funciones que han ido muy bien, y por las que también se me ubica, tenían ese punto catártico. De todos modos, creo que no tiene tanto que ver con la catarsis como con lo vibrante. Me interesa lo que hace motivar al público, lo movilizador.

Vestido largo de punto de encaje de seda y lino con cuello con volantes extraíbles y top y braguita de cintura alta de encaje de seda y lino, todo de DIOR.

Suena agotador.

Sí, es agotador. Pienso que esta función será muy extenuante, pero me apetece mucho. De hecho, me he dado el espacio: llevo casi un año preparando este personaje. Primero tanteándolo y luego asistiendo cada semana, desde hace tres meses, a grupos de terapia a los que me han dejado entrar. Ha sido una de las experiencias vitales más potentes que he tenido nunca.

¿Cómo ha sido poder acudir a esos grupos?

He estado asistiendo como oyente. Son personas que conviven con una adicción y comparten sus experiencias, con terapeutas que moderan y acompañan. Es increíble que me hayan dejado entrar en esa intimidad, abrir la puerta a una desconocida en medio de sus oscuridades y terrores. Escuchándoles estoy aprendiendo muchísimo de mí misma, me está sirviendo para sanar cosas. Porque no se trata solo de la adicción en sí, sino de cómo lidiamos con los vacíos, qué patrones repetimos, qué dependencias tenemos. Una de las condiciones para poder asistir era reconocer mis propias dependencias, y esa fue la única cosa que compartí. El resto del tiempo me limitaba a escuchar.

¿Hubo algo de ti misma que descubriste allí?

Más que descubrir algo, entendí con total claridad el poder de lo colectivo, de lo grupal. El poder de hablar, de escuchar y de identificarse con los demás. Escuchar a la gente compartir sus oscuridades puede salvar vidas. Recuerdo a una mujer de unos sesenta años que llegó diciendo que bebía una o dos botellas de vino al día, que lo había intentado dejar varias veces y que no lo iba a conseguir. Acudía al grupo solo «por probar». Dos semanas después volvió y llevaba ese tiempo sin consumir.

En la sesión en la que yo estuve, la gente compartió mucho y a ella aquello le resonó profundamente. Encontró un espacio seguro donde mostrarse sin vergüenza, sin estigma, sin juicios, solo con comprensión. Pensé mucho en ella después. Son historias que se me han quedado dentro. No es nada habitual poder escuchar a personas hablar así de sus vidas. Me siento una privilegiada, y también me da mucho respeto. Después de vivir eso, la función está en otro lugar para mí: dentro lleva todas esas historias reales que compartieron.

Top y falda de punto de seda con flecos, todo de DIOR.

¿No crees que es difícil encontrar nuestros espacios seguros?

Claro que sí. Es muy difícil. Pero cuando los encuentras son de las cosas más sanadoras que existen. Por eso es tan importante rodearte de las personas adecuadas. Y también aprender a diferenciar: este es un grupo con el que me lo paso bien, me río, hablo de generalidades…, pero si quiero abrirme de verdad, compartir algo profundo, quizá necesito escoger a otras personas.

De hecho, la función se llama «Personas, lugares y cosas» porque en rehabilitación se aconseja evitar a las personas que te hacen querer consumir, los lugares asociados al consumo y las cosas que pueden ser un desencadenante. No hablo solo de alcohol o sustancias, sino de salud mental en general, de dependencias de otro tipo. Hay personas que son un detonante.

Yo voy a hacer mi propia lista.

(Ríe) En la función se hace una lista de todos los lugares a los que no pueden volver nunca. Porque está tan normalizado y tan cercano que a veces no nos damos cuenta. Algo que para ti es natural, para otra persona puede ser doloroso. Aunque ahí hablamos de consumo, en realidad se puede extrapolar a cualquier tipo de dependencia. Yo misma reconocí las mías. Me fui a casa y pensé: «Ah, vale, vale…». No se trata de que unos estén de un lado y otros del otro: en el fondo estamos todos en lo mismo. Solo que algunos son más valientes para reconocerlo, otros tienen más herramientas o más posibilidades, y otros menos. Pero pararse a pensar ya es un paso enorme.

¿Dirías que eres valiente?

Creo que sí. Soy valiente. Aunque también soy muy miedosa. Voy a la par: tan miedosa como valiente. Pero siento que me he atrevido a hacer cosas que me daban miedo, y aun así me lancé.

¿Qué papel juega el perdón en todo esto? ¿Perdonar a los demás y a uno mismo?

Es importantísimo. Diría que es lo más importante.

Chaqueta ajustada de lana con corpiño y cuello con volantes extraíbles y camisa de popelina de algodón con volantes, todo de DIOR.

¿A ti te cuesta perdonarte?

Sí, me cuesta más conmigo que con los demás. Salvo en situaciones extremas, siempre intento entender que la mayoría de las cosas tienen que ver con las carencias de la otra persona, con que cada uno se gestiona como puede. Eso no significa que después quiera seguir compartiendo con esa persona. Perdonar está bien porque te permite sanar y pasar a otra fase, pero también hay que saber protegerse. No todo el mundo se cuestiona.

Pero si, por ejemplo, la otra persona hace propósito de enmienda, de no cometer ese error, ¿lo perdonarías?

Sí, pero con cautela. ¿No te pasa que a veces te han decepcionado porque ves que la gente no cambia? A mí también me ha pasado justo lo contrario. Por eso creo que es difícil generalizar. Hay casos en los que me resulta más fácil perdonar y otros en los que la circunstancia era directamente imperdonable. Depende mucho. Pero cuando hay una intención real de cambiar, de crecer, eso se percibe. No es lo mismo alguien que se victimiza o actúa desde el ego y el narcisismo, que alguien que de verdad quiere transformarse.

¿Qué sería para ti imperdonable?

Cruzar ciertas barreras: la falta de respeto, la violencia, la manipulación… llegar a dañar a alguien hasta el punto de generarle un trauma.

A veces tampoco nos pedimos perdón entre nosotros, ¿no crees?

Es verdad. Y tiene un valor enorme cuando alguien se atreve a hacerlo. Luego, tú puedes decidir: «Vale, te escucho, te perdono, entiendo tus circunstancias, pero no quiero tenerte en mi vida». Y eso también es válido.

Capa de terciopelo de algodón, blusa de organza de seda y pantalones de lana y seda, todo de DIOR.

Los conflictos sobre cómo nos relacionamos, cómo nos buscamos y tratamos de entender nuestro lugar en el mundo también están presentes en tu próxima película, «Ariel», dirigida por Lois Patiño. ¿Qué puedes contarme de esa experiencia?

Es una película bastante existencialista, que plantea qué hacemos aquí, si somos muñecos manejados por otros… Todo ello en una concepción plástica preciosa, muy propia de Lois. Además, trabajé junto a Agustina, una actriz argentina a la que admiro muchísimo, y esa combinación fue muy especial. La película tiene retazos poéticos de Shakespeare, pero no es un Shakespeare al uso. Es como si su poesía estuviera deslavazada, flotando. Y también hay un juego meta: interpreto a un personaje de Shakespeare que sabe que es un personaje de Shakespeare. Ese desdoblamiento plantea preguntas constantemente sobre qué estamos haciendo aquí, y es lo que la película lanza todo el tiempo al espectador.

Suena a que debió de ser una experiencia muy diferente, una película compleja de rodar. ¿A qué retos te enfrentaste?

Primero, que rodamos en las Islas Azores. Nunca había trabajado en un entorno donde la naturaleza lo dominaba absolutamente todo: marcaba dónde colocar la cámara, cuándo rodar, cómo rodar. Ese lugar te daba muchísimo ya de entrada, a nivel atmosférico, emocional.

También fue muy especial trabajar con Lois, que hasta entonces no había dirigido actores profesionales. Con él y con Agustina estuvimos buscando un tono muy difícil. No creo haber hecho nunca una película tan complicada. Todo en «Ariel» es irreal, y lograr darle un mínimo de veracidad era un reto: ¿cómo convertir algo tan poético en algo que también resultara convincente, real, que tuviera verdad? Era cuestión de lanzarse y aceptar lo que la propia propuesta pedía, sin poder recurrir a los recursos que habitualmente uso como actriz, porque aquí no tenían nada que ver.

Aprendí muchísimo de Agustina Muñoz, que ha trabajado mucho con Matías Piñeiro y tiene un nivel de verdad y de presencia impresionante. Entre nosotras surgió una comunión muy bonita, de amistad única, de esas que ocurren pocas veces. Me sentí muy inspirada por ella, se convirtió en un referente, tanto como actriz como persona.

Abrigo de lana con corpiño y cuello con volantes extraíbles, camisa de popelina de algodón con volantes, falda asimétrica de malla técnica y bailarina Dior New Ballet en piel de becerro acharolada craquelada negra, correa de piel con elástico y perla decorativa con la firma CD en metal plateado, todo de DIOR.

¿Te cuesta confiar en un proyecto?

Si no confías, es mejor no hacerlo. Incluso cuando lo haces por necesidad, hay que confiar, porque de lo contrario acabas haciéndole la vida imposible al resto. Yo siento que los actores somos canales: canales de una escritura y de una historia que llega a través del director o directora. Por eso para mí la escritura es fundamental. Nuestro trabajo es ponernos al servicio de ese material. A veces sale bien, a veces no tanto, pero siempre intento entender qué me están proponiendo y cuál es el tono que quieren transmitir.

Cada vez más percibo que los directores y directoras abren la puerta a involucrar a los actores de otra manera. Antes era más común tratarnos como marionetas; ahora siento que nuevas generaciones están abriendo la escucha y la conversación. Te cuentan dónde van a rodar, cómo, cuál es el espacio…, y te preguntan qué piensas. Eso cambia mucho la experiencia creativa.

¿Y la experiencia de rodar la segunda temporada de «La Ruta»? La primera fue todo un éxito entre el público y la crítica.

«La Ruta» ha sido increíble. Estoy muy agradecida, porque no es fácil que te lleguen guiones así. Y además tuve la posibilidad de interpretar a dos personajes, algo que nunca me había pasado y que, de hecho, no suele ocurrir a menudo. Era un reto enorme: dos personajes en dos épocas distintas, madre e hija, pero ambas con 26 años, y además la antítesis una de la otra. Construirlas fue un desafío muy bonito.

Les dimos muchas vueltas, y yo también lo hice por mi cuenta. Decidimos que la caracterización fuera muy sutil: prácticamente no llevo maquillaje en ninguno de los dos papeles. La diferencia está en el pelo —más largo en uno, un corte más corto en otro—, pero poco más. Todo lo demás había que construirlo desde dentro: crear dos personas diferentes y, a la vez, pensar qué podían tener en común siendo madre e hija, y qué las diferenciaba por completo.

La suerte de trabajar con un guion con tanta calidad es que te lo facilita todo, te abre la imaginación, te da ganas de probar, de arriesgarte. Y cuando tienes tantas posibilidades sobre la mesa, la experiencia se vuelve aún más estimulante.

Chaqueta bomber de piel con cremallera y jersey de punto de encaje de lino y seda con cuello de volantes desmontables, todo de DIOR.

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Texto: Juan Marti @sswango

Fotografía: Ana Martí @ana__marti 

Vídeo : Yo-Yo @yoyo_says_hi 

Estilismo: Lucía Sobas @luciasobas 

Muah: Fidel Fernández (Another artists) @fidelmakeup 

Asistente Estilismo: Uxue Zuazo Martín @uxuezuazo_ 

Localización: Espacio La Candelaria @espacio_lacandelaria 

 Con la colaboración de DIOR

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