LORENZO FERRO presenta «El tren fluvial»: «Poder aburrirse es un privilegio»

Coincidiendo con su presentación en el Festival de San Sebastián, Lorenzo Ferro nos habla de «El tren fluvial», la película que codirige junto a Lucas A. Vignale y con la que debuta como cineasta en el certamen. Una historia sobre la infancia, la aventura y la necesidad de escapar

Lorenzo Ferro habla de «El tren fluvial»: «Nunca va a poder la IA imitar ciertas cosas»

Con «El tren fluvial» —que se presenta hoy en el Festival de cine de San Sebastián—, Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale construyen una película sobre un niño que abandona su pueblo para perseguir una vida que parece estar en otro lugar. Pero también sobre la aventura, la imaginación, la fe y esa extraña nostalgia por un mundo que quizá nunca llegamos a conocer. La película parte de un guion que se fue transformando durante el rodaje y de Milo, un niño que nunca había actuado y que terminó descubriendo delante de la cámara cómo hacerlo.

En una entrevista anterior decías que cuentos como «El sastrecillo valiente», de los hermanos Grimm, inspiraron vuestro proceso creativo. En «El tren fluvial» también hay algo de épica mitológica: solo que, en lugar de Atenea susurrándole a Odiseo, tenemos a un viejo a través de unos auriculares guiando a Milo en su viaje. ¿Queríais construir una especie de mito moderno?

No creo que ese fuera el objetivo desde el principio. No porque no sea una buena interpretación, porque me parece que está bien que se pueda leer así. Pero el objetivo principal no sé si lo teníamos tan claro. Fue apareciendo en el montaje. Lo principal era tener un personaje que nos interesara filmar. Y ahí ya tenés una película. Cuando apareció Milo, apareció todo o, por lo menos, apareció nuestro entusiasmo. Voy a buscarte algo que lo referencia perfectamente. Porque, por lo general, siempre hablan mejor otras personas que uno.

—Lorenzo se levanta de la silla, busca entre su librería las «Novelas reunidas» de Hebe Uhart, encuentra una página y empieza a leer—:

«Un escritor, o en este caso un director, no sabe la razón de sus actos y decisiones. Estas explicaciones sirven más bien para las entrevistas, donde uno se pone a pensar arduamente por qué eligió tal camino y no otro. En general, lo que sí tiene un escritor es como un radar que lo lleva a través de lecturas, imágenes, pensamientos, hacia el lugar, tema o ser al que quiere ir, pero no sabe más. Las explicaciones son para salir del paso».

Milo Barría como Milo en una escena de «El tren fluvial», la película de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale
Milo Barría como Milo en una escena de «El tren fluvial», la película de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale

Hay algo de eso. Era más como una libélula en la noche que uno sigue para llegar al puerto. Eso creo que es también la fe. Había fe en que podía aparecer algo en ese rostro, en ese pueblo. También compartía con Lucas una cierta melancolía. Cuando llega la hora del desasosiego o empieza a caer el sol, entramos en un estado de melancolía y de nostalgia. Hay gente que sabe vivir más fácilmente y más sencillamente; nosotros no tanto. Quizás por eso hacemos lo que hacemos.

Y entonces apareció Milo. ¿Cuánto cambió «El tren fluvial» cuando lo conocisteis?

Queríamos introducir eso en un niño, como en «Gloria», de Cassavetes. Ahí hay un personaje, el niño, que hace de Cassavetes pero en un cuerpo pequeño. Nos interesaba la idea de un cuerpo pequeño con un alma vieja y ya curtida. Y esto terminó de tener forma cuando estábamos conociendo a Milo y la madre nos dijo que él iba al colegio solo, caminando, con solo ocho años. Cosas que pasan en un pueblo y que en una ciudad no pueden pasar. Entonces pensamos: si va solo al colegio, ¿por qué no puede ir solo a otra ciudad?

Milo Barría junto a otros jóvenes personajes de «El tren fluvial», dirigida por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale
Milo Barría junto a otros jóvenes personajes de «El tren fluvial», dirigida por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale

Nos interesaban las personas o los personajes que convierten el dolor en aventura. Eso también es de la mitología, me parece: convertir el dolor en aventura para que la vida sea más llevadera. Y justamente las personas que agarran el dolor y lo convierten en aventura son las que mantienen viva la narrativa y las historias. Porque sin esa pulsión de querer ir a vivir la aventura, no hay una historia, no hay anécdota.

«Las personas que agarran el dolor y lo convierten en aventura son las que mantienen viva la narrativa y las historias»

Vivir de esa manera quizás es la forma de mantener vivo el relato. Ese relato es el cine. Supuestamente, según Walter Benjamin, el relato nace porque la gente no se podía dormir y había que pasar el tiempo. Y bueno, ahí nace el cine. Por eso también creo que esta es una película de época. Cada vez estamos más privados de vivir una aventura sin ningún tipo de respuesta. No existe ya el underground, esas cosas no existen. Entonces, por eso el cine se está achatando también y es todo más monótono, porque le ponemos menos cuerpo a la vida.

Milo Barría protagoniza «El tren fluvial», el debut en la dirección de Lorenzo Ferro junto a Lucas A. Vignale
Milo Barría protagoniza «El tren fluvial», el debut en la dirección de Lorenzo Ferro junto a Lucas A. Vignale

¿Cuánto crees que va a afectar la IA a las historias que se cuenten a partir de ahora? Vuestra película nace claramente de la experiencia, de personas reales que conocisteis y, sobre todo, de Milo. ¿Existe el riesgo de que las historias que no nazcan de una experiencia real terminen siendo una repetición de sí mismas?

No es como si no viniéramos ya por mal camino… Entiendo que la gente se queje y yo tampoco estoy muy a favor, pero tampoco es que antes estuviéramos sacando flores de las palmas de nuestras manos y de repente apareció la IA. Cada día estamos más privados de la experiencia, y la experiencia es lo que te permite contar y lo que alimenta y nutre la imaginación.

«Lo que me da más temor es la optimización del tiempo»

El tema de la IA no es algo que me interese demasiado pensar o reflexionar. Tampoco siento que le vaya a ganar al cine que hacemos nosotros y que nos gusta. Nunca va a poder imitar ciertas cosas. Puede reemplazar la publicidad o acelerar procesos, pero hay cosas que son irremplazables.

A mí lo que me da más temor es la optimización del tiempo. Esta idea de que hay que optimizarlo todo, de que no puede haber tiempos muertos y cada vez existe menos posibilidad de aburrirse. Poder aburrirse, para las cosas que nos gusta hacer, es un privilegio. Del aburrimiento nacen muchas cosas, sobre todo las preguntas. Y hay que quemar preguntas. Y la IA la veo muy fuera de eso. No sé qué va a pasar. Ojalá no pase nada, que sea como un boom y desaparezca. Pero no sé. A veces pienso que sería mejor retroceder en algunos aspectos.

Rita Pauls y Milo Barría en una escena de «El tren fluvial», dirigida por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale
Rita Pauls y Milo Barría en una escena de «El tren fluvial», dirigida por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale

Nosotros somos una generación que siente mucha nostalgia de cosas que no vivimos. Quizás por eso romantizamos tanto el pasado. También ocurrían cosas horribles en el pasado, por supuesto, mucho más que ahora. Pero desde luego había algo que ahora no está. Es difícil de verbalizar, pero creo que había más ternura. Y bueno, la IA, Spotify, Netflix, todas esas cosas vienen a matar un poco eso. Pero tampoco puede uno nadar contra la corriente porque, si no, tendría que vivir en un campo.

Muchos directores vienen de la interpretación —Cassavetes, Eastwood, Greta Gerwig…— y cuentan que haber sido actores les permitió entender mejor a otros intérpretes. ¿A ti te sirvió de algo a la hora de dirigir a actores que no lo eran?

No, no estoy tan seguro de que me haya servido. Hay algo del cine que para mí es muy lindo: todo el tiempo hay que inventar de cero. Podés tener conocimiento, pero te olvidás, se te borra. Yo no sé si me sirvió de algo interpretar para ayudar a que otra persona detrás de la cámara interpretara mejor. Hay ciertas herramientas que había aprendido y pude utilizar, pero no me sirvieron.

Las películas que consiguen superar una dificultad terminan siendo películas que tienen alma

Lucas y yo tuvimos que inventar dispositivos y aprender desde cero para poder dirigir a Milo. Cada día era un desafío nuevo porque era un niño. Cada escena era un acertijo: ¿cómo lo vamos a dirigir? Y eso mantuvo muy vivo el rodaje. Creo que está bueno que las películas siempre tengan una dificultad. Eso requiere que necesites fe para superarla. Las películas que consiguen superar una dificultad terminan siendo películas que tienen alma. Dificultades como dirigir a un niño que nunca actuó o cruzar un barco por la montaña, como Herzog.

Películas en las que, mientras las estás filmando, siempre existe la posibilidad de que sean una catástrofe o un fracaso total. Ahí es donde uno tiene que recurrir a la fe, a rezar. A esta idea del truco de magia para el espectador. Tuvimos la suerte de que nuestra dificultad fuera Milo. La primera escena con él fue precisamente la más difícil: tenía que llorar. Pero de ahí a hacerlo llorar hay muchos pueblos de distancia. Al final lo logramos.

Milo Barría en «El tren fluvial», una historia de infancia y aventura dirigida por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale
Milo Barría en «El tren fluvial», una historia de infancia y aventura dirigida por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale

¿Cómo hicisteis que este niño, que no tenía ningún tipo de entrenamiento como actor pudiera llorar?

No le dijimos nada específico. Era una toma que duraba cuarenta minutos, Le dijimos que contara los pájaros que pasaban por la ventana y nosotros íbamos hablando. Él ya sabía que nosotros hablábamos durante las tomas y que él no podía ni responder ni mirar. Casi como si nuestra voz fuera una música. Empezamos a hablarle de la vida, de distintas cosas, y en un momento le mostrábamos caras de niños de escenas de Kiarostami. Él las miraba y las imitaba. Iba aflojando la cara y, en un momento, se puso a llorar. Entonces nos dimos la vuelta y estaba el microfonista llorando, el director de fotografía llorando, Lucas llorando… Y era la primera toma de la película y dijimos: «Bueno, ya está». Sentimos que Milo había entrado en el truco de magia. Después, los siguientes días de rodaje, ya era como Marlon Brando. Llegaba, saludaba a todo el mundo, pedía una Coca-Cola… Había entrado en ese mundo.

Es como el amor: terminás una relación y te volvés a enamorar, pero no significa que el amor vaya a ser igual con esa persona. Con un actor pasa lo mismo. Tenés que empezar de nuevo. No podés utilizar las mismas herramientas. Alguna te puede servir, pero tenés que volver a comprender toda la vida, todas tus ideas, y armarlas de nuevo en función de la persona a la que querés filmar.

Cartel oficial de «El tren fluvial», película dirigida por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale y protagonizada por Milo Barría
Cartel oficial de «El tren fluvial», película dirigida por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale y protagonizada por Milo Barría

¿Y ahora qué? ¿Qué tipo de historias te interesa contar? ¿Quieres seguir haciendo películas?

Ahora solo quiero hacer películas. Me sucedió eso: me pregunté qué quería hacer y la respuesta fue dirigir, hacer películas. Estoy escribiendo una nueva en la que voy a intentar actuar yo. Nunca dirigí actuando. Mi padre es actor también, así que voy a hacer una película con él. Es sobre un padre y un hijo en un contexto un poco delirante. La estoy escribiendo desde hace un año y medio, así que va a ser bastante distinta de «El tren fluvial».

«El tren fluvial» la escribimos en cuatro meses, fue hecha con más desparpajo. Esta nueva va a ser un poco más mental, oscura y menos onírica. Estamos trabajando en eso con muchísimo entusiasmo y ojalá se pueda filmar pronto.

Adrián Sánchez @adriansanchezliggeri

Imágenes: fotogramas oficiales y Valentine Torre

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