La época de las feministas quemando sujetadores quedó atrás. Pero hoy hay muchas mujeres que prefieren ir sin sujetador por comodidad ¿y más razones?
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La época de las feministas quemando sujetadores quedó atrás. Pero hoy hay muchas mujeres que prefieren ir sin sujetador por comodidad ¿y más razones?

Llegas a casa después de trabajar y haber pasado por el super a comprar algo para la cena. Llevas puesto un abrigo, la bufanda, la bolsa de la compra, tu bolso cargado con tu vida y unos zapatos con un tacón (por suerte) bajo.
Entras por la puerta. Dejas la bolsa de la compra. Cuelgas el bolso. Te quitas el abrigo. Lo siguiente es tu mano subiendo por tu espalda para desabrocharte y quitarte el sujetador. Los tacones ya después.
Y te invade una sensación de libertad: las tiras ya no te aprietan, los aros del sujetador dejan de clavarse a tu piel y el relleno cesa su opresión. La vida sin sujetador es la vida mejor. A menos que tengas que correr, botar o bailar, tus pechos son felices junto a tu camiseta.
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