La cara —y la voz— de Michelle llevan en el imaginario colectivo desde hace mucho tiempo. La actriz se dio a conocer en «Los hombres de Paco» como Sara Miranda, pero también ha sido Isabel la Católica, la cocinera de Castamar, Sara en «Las aventuras de Tadeo Jones», la voz de Hermione en «Harry Potter» y muchos personajes más que te han acompañado siempre. ¿Quieres descubrir sus próximos proyectos? Sigue leyendo…
Michelle Jenner se adentra en un territorio inédito con «Dime tu nombre», una serie que la sitúa en el corazón del género de terror. Conocida por su versatilidad y la capacidad de dar verdad a personajes muy distintos, la actriz enfrenta ahora un reto que exige explorar el miedo desde dentro y traducirlo en emoción pura. Lejos de limitarse a provocar sustos, la ficción indaga en los temores íntimos y colectivos, y Jenner se convierte en la guía que conduce al espectador a través de esa atmósfera inquietante. Su trayectoria, marcada por personajes complejos y profundamente humanos, encuentra aquí una nueva dimensión. Este estreno supone no solo un paso hacia lo desconocido, sino también una invitación a descubrir hasta dónde puede llegar su arte cuando se enfrenta a lo extremo.
Michelle Jenner: «El terror no está en el susto, sino en lo que te persigue después»
Cuando recibiste el guión de «Dime tu nombre», ¿hubo alguna frase, una escena o un gesto de tu personaje que te hizo sentir que esta historia tenías que contarla tú?
Me apetecía muchísimo adentrarme en el género de terror y más de la mano de una historia con componentes tan profundos a nivel social y religioso como los que tiene esta serie. Siempre procuro buscar en cada trabajo cosas nuevas que no haya explorado hasta el momento. Y este personaje suponía un gran reto en cuanto a las cosas que le suceden y cómo se enfrenta a ellas.
El terror suele enfrentarnos a lo desconocido y a los miedos más profundos. ¿Qué tipo de miedo crees que late en «Dime tu nombre» y cómo lo trabajaste desde tu personaje?
Es un miedo a lo desconocido, un miedo sin rostro y sin nombre… o tal vez lo tenga. Sonia es una mujer muy racional, pragmática y concienciada con la realidad que la rodea, pero que pierde todas sus armas frente a algo intangible como a lo que se enfrenta en esta historia. Ella está acostumbrada a resolver problemas en la realidad en la que habita, pero nunca se había tenido que enfrentar a algo tan grande y tan oscuro. A las tensiones entre diferentes culturas entre las que tiene que mediar se suma la aparición de un mal mayor que no entiende de diferencias ni de religiones.
En un rodaje tan intenso como este, ¿qué fue lo más desafiante a nivel emocional y qué descubrimiento inesperado hiciste sobre ti misma en el proceso?
Mantener la tensión constante y explorar la manera en la que nos enfrentamos al miedo y a lo inexplicable. También las secuencias de acción, en las que el nivel de concentración tenía que ser máximo. En cada proyecto descubro diferentes maneras de llegar al estado emocional que se necesita, y eso es algo que me motiva y me mantiene enamorada de esta profesión.
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Más allá de lo que el espectador verá en pantalla, ¿qué huella crees que la serie deja en ti como actriz y como persona?
Cada personaje deja huella, pero algunos más que otros, y este sin duda ha sido uno de los más especiales de mi carrera. Ha sido un rodaje maravilloso; he tenido la suerte de compartir y aprender de compañeros a los que admiro y de un equipo entregado que ha sido un sueño. A pesar de ser una historia intensa y dramática, en muchos momentos el rodaje dio cabida a risas y muy buen ambiente, y eso es algo que siempre atesoro. Para poder entrar en estados de emocionalidad tan intensa necesito también esos momentos entre toma y toma para destensar y soltar.
El terror tiene mucho de atmósfera, de silencios y tensiones invisibles. ¿Cómo fue para ti actuar en ese ambiente tan particular en el set?
Fue muy fácil gracias al trabajo de decoración, iluminación y a la maravillosa dirección de Hugo Stuven. Cuando cada departamento se entrega tanto y da lo mejor de sí, como ha sido en este proyecto, resulta muy sencillo entrar en la historia y empaparte de lo que tienes alrededor. Los decorados eran tan increíbles que, como buena fan del terror que soy, no pude evitar dar algún que otro susto a mis compañeros.
A lo largo de tu trayectoria has pasado de personajes históricos a mundos de fantasía y a dramas contemporáneos. ¿Qué te revela esa diversidad sobre tu propia identidad como intérprete?
Es la parte que más me gusta de mi trabajo: probar cosas distintas, explorar y aprender tanto de los demás como de mí misma. Siempre intento que cada proyecto suponga un reto nuevo y tener ese nervio en el estómago que hace que quieras dar lo mejor de ti en cada uno de ellos, y que no te acostumbres a nada. Ni a una manera de trabajar ni a un género.
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¿Sientes que a día de hoy eliges tus proyectos de manera más instintiva o con un criterio más consciente y estratégico?
No siento que lo piense más con la cabeza que con las tripas. Estoy atenta a qué se mueve dentro de mí cuando me llega algo nuevo y trato de escucharme. Obviamente no siempre todo puede reducirse a eso —me importa mucho poder conciliar de la mejor manera mi trabajo con el resto de mi vida—, pero sí que es algo a lo que intento prestar mucha atención.
Muchos directores de terror dicen que lo difícil no es hacer gritar al público, sino dejarle una incomodidad que perdura. ¿Cómo lo viviste tú desde dentro del rodaje?
Creo que en el caso de «Dime tu nombre» se plantean muchas cuestiones que harán pensar, reflexionar y hacerse preguntas incómodas al espectador. Es una serie rodada de una manera muy especial que no hemos visto hasta ahora y que no busca el susto fácil, sino que llega mucho más allá.
En tu carrera ha habido papeles que el público recuerda con enorme cariño. ¿Sientes esa memoria colectiva como un peso, un regalo o un motor para reinventarte?
Es un regalo, por supuesto, ya que es muy bonito sentir el cariño de alguien a quien has acompañado sin saberlo en algún momento de su vida. No es algo que tenga en mente como meta cada vez que hago un trabajo, pero si surge lo abrazo y lo agradezco.
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¿Dónde encuentras la chispa inicial que te conecta con un personaje: en su voz, en su fragilidad, en sus contradicciones?
En su conflicto, en su personalidad. Procuro siempre, cuando estoy en acción, mantener el diálogo interno que tendría el personaje. Es clave —al menos para mí— tener muy claro e integrado al personaje (cómo piensa, cómo actúa, qué le ha pasado, qué le motiva…) para después soltar y dejar que actúe libremente como lo haría en cualquier secuencia o situación.
El género del terror muchas veces funciona como espejo de lo que la sociedad teme en un momento concreto. ¿Qué piensas que refleja «Dime tu nombre» sobre nuestro presente?
Aunque está ambientada en los años noventa, desgraciadamente trata temas que siguen muy presentes a día de hoy. Nos habla del racismo, del odio, de la discriminación, de los choques culturales y del mal. Pero también nos muestra cómo dos culturas distintas pueden unirse para luchar contra un mal mayor. Como se dice en la serie: «Al mal le da igual por quién recemos». Tiene un mensaje profundo y también luminoso, que al poner sobre la mesa esas diferencias nos muestra cómo personas muy distintas en sus creencias están más unidas de lo que creen.
En los momentos de bloqueo creativo, ¿cuál es tu refugio? ¿Recurres a la música, a la lectura, a un paseo en silencio… o a algo completamente distinto?
La música me ayuda mucho para conectar con personajes o secuencias concretas. A veces, de algunos proyectos me hago playlists que luego me acompañan durante el rodaje. Busco también mis momentos de paz y de silencio, los siento muy necesarios para tener la energía que necesito para rodar.
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Cuando no estás en un set, ¿qué fuentes de inspiración alimentan tu mundo creativo y personal?
Amo la lectura, el cine, la música… todo siempre aporta y suma en la evolución tanto artística como personal. Me gusta mucho ver tanto películas nuevas como revisar clásicos de actrices o actores a los que admiro, y fijarme en su manera de interpretar.
La vulnerabilidad suele ser clave en la interpretación, y más aún en el terror. ¿Cómo la gestionas para que se convierta en fortaleza en lugar de debilidad?
Creo que, por lo general, todas las actrices y actores somos personas empáticas y sensibles. Trabajamos con las emociones, y eso nos permite explorarlas y comprenderlas quizá más que otras personas. Cuando uno está vulnerable es como si anduviera con el escudo bajado y, aunque pueda dar miedo, hay que permitirse sentir todo en esta vida.
Si no hubieras encontrado en la actuación tu camino, ¿qué otra vía de expresión artística crees que habría canalizado tu sensibilidad?
Supongo que en otra faceta artística: me gusta mucho la fotografía, escribir, aprender de todos los departamentos que forman parte de la creación de una película… No tendría ningún problema en ponerme detrás de la cámara y contar historias desde ahí.
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¿Hay alguna escena de «Dime tu nombre» que todavía recuerdes por la intensidad física o emocional que te exigió?
Ha habido muchas muy intensas, tanto a nivel emocional como físico, pero estaría entrando en spoilers… ¡así que mejor que las descubra el espectador a partir del 31 de octubre!
La mirada del público es a la vez cercana y distante. ¿Cómo convives hoy con la fama, con esa exposición constante y a veces contradictoria?
Siempre he llevado una vida muy normal. Amo mi trabajo y estar en un set de rodaje, pero también mantener una vida privada y personal. Procuro encontrar un equilibrio entre ambas cosas. Hay una parte de esta profesión que conlleva cierta exposición y que a ojos del público todo parezca más glamuroso de lo que en realidad es. Obviamente es divertido a veces ponerte una ropa preciosa —como en esta sesión de fotos— y que te maquillen y verte bien, pero el resto del tiempo soy una mujer como tantas que madruga para llevar al peque al cole, va a trabajar, a hacer la compra y pasa el tiempo que puede con su familia y amigos. Me siento afortunada por trabajar en algo que me motiva y me llena, y es bonito cuando alguien se acerca para decirte que tal o cual trabajo les gustó. Pero me encanta mantener mi vida personal para mí.
¿Qué aprendizajes vitales te ha regalado la interpretación que también aplicas fuera de los rodajes, en tu vida cotidiana?
Que el trabajo en equipo es precioso y fundamental para que las cosas salgan adelante. Y que uno nunca deja de aprender y de conocerse a sí mismo. Tengo la suerte de que mi trabajo me permite ponerme en la piel de muchas personas a veces muy diferentes a mí, y eso te hace ganar perspectiva.
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Después de esta experiencia, ¿sientes que el terror es un género que te gustaría seguir explorando en futuros proyectos?
¡Muchísimo! Ahora mismo estoy con el rodaje de «El nido», un thriller psicológico con una historia increíble que supone un nuevo reto para mí.
Si tuvieras que condensar en una sola imagen o metáfora el momento vital y profesional en el que estás ahora, ¿cómo lo describirías?
Sigo andando un camino precioso, rodeada de los míos, aprendiendo cada día y disfrutando el viaje.
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Texto: Juan Marti @sswango
Fotografía: Fede Delibes @fededelibes
Realizador: Elena Martínez Santos @elenamartinezsantos