Andar y correr son dos de los ejercicios básicos que nuestro cuerpo aprende de forma involuntaria y que nos ayudan en nuestro día a día para mejorar nuestra salud. Así que, dependiendo de cada cuerpo, va a ser mejor una opción u otra... o la mezcla de ambas. Sigue leyendo.

Moverse es beneficioso, eso es indiscutible. Ya sea andando o corriendo nuestro cuerpo se activa y se pone en movimiento, consiguiendo así mover músculos, articulaciones y el sistema cardiorrespiratorio. Acto muy bueno para que acabemos con el sedentarismo y las horas muertas que pasamos en el sofá. Además, de este modo vamos a mejorar el funcionamiento de nuestro corazón y pulmones, ayudando a reducir la depresión, diabetes o hipertensión. 

Andar

Es asequible para todos y tiene menos riesgo de lesión. Si hace mucho tiempo que no realizas deporte lo mejor es andar, esa será la primera fase para conseguir tus objetivos con creces.

Cuando andamos, jugamos con las distancias y la intensidad. Por eso los expertos recomiendan dedicarle unos 30-40 minutos al día y, como es una actividad de bajo impacto, intentaremos cada día subir la intensidad para ir progresando. Hasta que llegue el momento en el que se nos haga corto, que será cuando venga la segunda fase: correr. 

Correr

Con este ejercicio de mayor intensidad conseguimos beneficios extras. Correr será más satisfactorio para aquellas personas que no tengan problemas de peso, enfermedades o que estén ligeramente en forma. De todos modos, si hace mucho tiempo que no corres, siempre es recomendable comenzar a alternar caminatas con carreras.

No podemos tomar el correr como un método para adelgazar ya que, al ser una actividad traumática, nuestro sistema locomotor tendrá que adaptarse al impacto del pie contra el suelo para así evitar lesiones. 

Conclusiones:

1. Si hace mucho que no hacemos ejercicio, lo mejor es andar durante 30 o 40 minutos al día.

2. Si tenemos sobrepeso o problema articular, lo más recomendable es comenzar a andar. 

3. Si llevamos ya un tiempo andando y queremos progresar, lo ideal es aumentar la intensidad y ritmo, añadiendo algunas cuestas a lo largo de nuestro recorrido.

4. Si andar ya se nos queda corto, lo mejor es optar por introducir caminatas más largas que combinaremos con carreras.

5. Si tenemos una salud en buen estado podemos comenzar a correr, aunque siempre con prudencia y poco a poco.

Para las personas que parten de cero, comenzar a correr supone un efecto negativo, ya que puede dañar nuestro cuerpo y provocar lesiones. Por el contrario, para personas que ya están en forma, el hecho de andar no supondrá ningún beneficio. Es decir, no debemos plantearnos la pregunta global sobre qué es mejor, si andar o correr, sino reflexionar sobre el punto de partida en el que comenzamos y los beneficios que vamos a obtener en un futuro. 

John Benítez: @iamjohnbenitez

Imágenes: Instagram