Hay dos modos de jugar a nada-es-lo-que-parece. Uno consiste en alargar la intriga y descubrir al espectador, en el último momento, la verdad oculta tras capas y capas de engaños y fraudes. Puede que en ese punto uno ya no sepa de dónde se viene y a dónde se va: a estas alturas, por ejemplo, nadie de cierta edad que haya visto o leído a "Harry Potter" tiene la menor idea de si el profesor aparentemente malvado (pelo graso incluido) era bueno, malo o regular. Hasta tal punto llegó el lío. El segundo modo es menos peligroso, pero requiere más habilidad: consiste en que, desde el principio, los únicos que saben la Verdad son los espectadores, de modo que la historia avanza con la tensión insoportable de un descubrimiento fatal y de unas relaciones entre personajes marcadas por la mentira. Se aspira, pues, a que todo punto de la narración sea un punto álgido. "The Americans" pertenece al segundo grupo porque para su creador, el ex agente de la CIA Joe Weisberg, el engaño constante, la máscara y el ocultamiento de la vida real eran, precisamente, su vida real: tan difícil era ser espía como mantener la red de trolas que evitaban que su familia, amigos y vecinos supiesen que lo era.
"The Americans"
Lo mismo ocurre con los Jenning, la pareja protagonista de su serie, un monísimo matrimonio suburbano de Washington DC tras el que se esconden dos glaciales guerreros. ¿Y cuál es la gracia? Pues que son de la KGB. Y que su vecino es del FBI. Y que su hijo no tiene ni idea de que son espías soviéticos. Y que estamos en 1981, en plena Guerra Fría, cuando en estos juegos de gato y ratón aparentemente se decidía el destino político del planeta. Todo está permitido, mientras se haga en secreto. FX, la cadena responsable de "Justified y Louie", entre otras medallas, encargó a Weisberg que expandiese su idea en trece capítulos. Tras ver sólo dos, FX ordenó una segunda temporada. ¿Y por qué, si en realidad todo huele a lo conocido? En "Breaking Bad", por ejemplo, tenemos un cuñado de la DEA y una familia que tampoco se entera de nada (por no hablar de "Homeland", ya que estamos con espías). Quién sabe por qué funcionan las cosas que funcionan. Quizá sea porque el creador de "The Americans" sabe de lo que habla (cada guión hay que enviarlo previamente a la CIA, por si explica demasiado). O porque el ritmo y la incertidumbre están muy bien medidos. O porque el personaje de Elizabeth Jennings (Keri Russell, es decir, la Felicity de "Felicity") es poderoso y oscuro. Sea por lo que sea, "The Americans" tiene una voz. Y esa voz funciona. Daniel López Valle