En Friends se abrazaban muchísimo y tomaban cafés perpetuos, pero a veces, cuando sus personajes no estaban ocupados pronunciando la palabra “relación”, tenían tiempo para gags maravillosos, de los que se te quedan tan incrustados que tu cerebro los hace saltar como referentes instantáneos. Hay gente a la que le pasa con "Gran Hermano" (“Esto es como cuando Ismael le dijo a Koldo…”) y a mí me pasa con una situación concreta de Friends: Rachel, entre abrazo y abrazo, cocina un postre inglés siguiendo un libro de recetas, pero las páginas están pegadas, acaba mezclando ingredientes con un pastel de ternera y nadie se come el resultado porque está asqueroso. Excepto Joey, que lo devora y exclama: “¿Cómo no me va a gustar? Natillas, bien. Mermelada, bien. Carne, ¡bien!”. The Fall, serie de la BBC protagonizada por Gillian Anderson, se parece al postre de Rachel: no sabemos qué es exactamente, puede que sus ingredientes vayan mejor separados que juntos, pero oye, te lo comes y lo disfrutas. Y si puedes, repites. "The Fall" no es un drama policial, a pesar de que hay drama y hay policías. Tampoco es una intriga porque sí, se investiga a un asesino en serie, pero conocemos su identidad desde el principio. Y pese a que el personaje de Anderson, la glacial y acerada (y sexy) detective Stella Gibson, es la clase de mujer fuerte que trata de sobrevivir en un mundo de hombres a base de talento y autoridad, "The Fall" no se despeña por el retrato social. Y además presta la misma atención a la figura del investigador que a la del investigado.
"The Fall"
En Belfast, Paul Spector, es un consejero sentimental y feliz padre de familia de día y un psicópata asesino de noche. Gibson es una mujer lacónica y solitaria de día y de noche. Sus caminos circulan paralelos, pero en algún momento puede que converjan. ¿Se encontrarán? Bajo esta pregunta "The Fall" construye una estupenda atmósfera de angustia que por momentos es total y que bordea el cine de terror. Para cuando algunos personajes son estrangulados, el espectador ya hace tiempo que siente la mano en la garganta, porque The Fall no sólo es asfixiante cuando muestra un crimen, sino también cuando expone ciertas miserias de la rutina diaria. Esta original serie sólo tiene cinco capítulos, de modo que la tensión nunca llega a difuminarse en el desespero de las promesas incumplidas, y sus múltiples facetas se exponen en la medida justa. La mezcla, en lugar de diluirse, explota. Por eso la BBC ha encargado una segunda temporada. O sea, que podremos repetir. Daniel López Valle