No sabemos cómo surgió la historia de la manzana de Newton, pero sí sabemos que es mentira. Es decir, puede que a Sir Isaac le gustase dormir la siesta a la sombra de los pinos (o de los manzanos) e incluso puede que encontrara la inspiración en la caída de una fruta madura, pero cosas como la gravedad no se descubren así. Hacen falta años de estudio y trabajo que consuman tu salud y tu hacienda. De hecho, el único propósito de esta historia es inocular en los niños del mundo la idea de que cualquiera puede ser un genio en cualquier momento. Y no, no sólo claro que no, sino que, además, como consejo vital es bastante malo y conduce a la indigencia. Éste es mejor: da igual, no pasa nada, puede que nunca seamos brillantes, pero siempre podemos aprovecharnos de la gente que sí lo es. Pongamos por caso que quieres hacer una serie que se parezca a la unión de dos bestias como David Lynch y Alfred Hitchcock, pero sin ser David o Alfred (hay confianza) y sin, sobre todo, tener su bestial talento. ¿Qué salida te queda? Copia. Copia como si no hubiera mañana y confía en que el resultado sea tan entretenido y digno que no importen ni los costurones ni los expolios. Y luego ponle un nombre. "Hannibal", por ejemplo.
"Hannibal"
Esta serie de la NBC tenía un problema: ¿cómo mostrar a un personaje como Hannibal-el-Caníbal y pretender que el espectador no sabe que lo que está comiendo son riñones al jerez… humanos? ¿Cómo mantener el interés y la tensión si desde el primer momento ya sabemos qué pasa? Hitchcock al rescate: enséñale a la audiencia una bomba bajo una mesa y la audiencia sudará y sudará hasta que la bomba explote, porque la audiencia sabe que ahí hay una bomba, pero los personajes no. Combina este principio de suspense con una ambientación cuya base es la pregunta ¿Cómo lo haría David Lynch? y contrata a un actorazo como el danés Mads Mikkelsen ("Valhalla Rising", "La caza") y así podrás contar tranquilamente la historia de un personaje tan incrustado en la cultura popular que es probable que haya arruinado para siempre las esperanzas de sexo de todos los aníbales del planeta. Sólo falta un coprotagonista adecuado, y ese es Hugh Dancy, que interpreta a un agente del FBI con el habitual trastorno psicológico de hoy en día. Así tendrás un producto entretenido y más que digno. Y si no se te va la cabeza y consigues reducir la historia a temporadas de sólo 13 episodios, es probable que hayas conseguido algo tan difícil como suscitar mucho interés con una historia de la que ya nos suena todo. Daniel López Valle