No, nos hemos equivocado de título ni de guarismo respecto, precisamente, a uno de los estrenos de la semana, y del año, “12 años de esclavitud” (multicandidata a los Oscar a la voz de “ya”, pero mucho nos tememos que, cuando se los den, empezaremos a olvidarla levemente y a decir “bueno, tampoco era para tanto”). Porque lo de los 15 años de arriba hace referencia a la penitencia que tuvo que aguantar Diana Spencer al lado de Carlos (1981-1996) y de “la otra”, hasta que finalmente se divorció, aunque la libertad solo le duró un año, como sabemos. Una peripecia trágica que ha marcado a fuego las últimas páginas de sociedad del siglo pasado y que, ahora, salta a la gran pantalla con “Diana“, una película que, aparte de sus virtudes (o no) cinematográficas, vuelve a demostrar el pedazo de actriz que es Naomi Watts. Y, además, en constante y adecuada progresión.
"Diana"
Porque mucho han cambiado las cosas desde que David Lynch la metió en ese laberinto mercurial sin brújula ni marcha atrás que fue “Mulholland Drive” (por cierto, ¿qué pasó con la morenaza?). Y eso que, antes, ya le había tocado lidiar con cosas casi tan psicotrónicas y casi psicotrópicas como “El asesino del unicornio”, “Los chicos del maíz IV” (pardiez, cuánto debe la nueva hornada de Hollywood a tan nutritiva saga) o la cuasi mítica “Tank Girl” (ojo a las pintas que se gastaba la amiga, googlead y flipad). Pero fue gracias a los abracadabras del “James Stewart de Marte” por lo que esta inglesita del 68 pudo meter el pie en Hollywood, y protagonizar Blockbuster como “La señal” o “King Kong”, aparte de trabajar con la flor y nata (Iñárritu, Woody Allen, Haneke, Eastwood, Cronenberg…). A pesar de que por estos lares se le recuerda por tragar algas y barro y escupir coraje matriarcal en “Lo imposible”, con la que rozó un Oscar que se está haciendo de rogar. ¿Lo conseguirá al fin con su interpretación de la “princesa del pueblo” (la de verdad, ¿eh?) en “Diana”? Pues complicado, ya que el esperadísimo biopic firmado por Oliver Hirschbiegel (“El hundimiento”) ha pinchado en hueso en su estreno inglés, cosechando unas críticas tan “simpáticas” como la de The Guardian (“16 años después de su muerte, Diana ha vuelto a sufrir otra horrible muerte”) o la del Daily Mirror (“Wesley Snipes con peluca rubia sería más convincente”). Tal vez el casi épico romance entre la princesa sin corona y el doctor Hasnat Khan no esté reflejado en pantalla con la temperatura adecuada o, como dice Tarantino, la reciente fiebre de biopics enfocados a llevarse premios “apesta”. Pero no importa: seguimos adorando a Naomi, sobre todo porque, a la vuelta de la esquina, su rubio platino servirá para meterse en la piel de otro fetiche del siglo XX: Marilyn, en el “Blonde” de Errol Morris. Si Hitchcock la hubiese conocido a tiempo... Paul Vértigo