Nació muerto. Pero por alguna razón ese pequeño cuerpo insensible no se enfriaba. En mitad de las plantaciones de algodón en Carolina del Sur, en una choza de madera de una sola habitación, las matronas que asistían a la madre -una niña de 16 años- dudaron por unos segundos. ¿Qué hacer con ese feto inmóvil pero caliente? Decidieron intentar revivirlo. Así nació por segunda vez, aquel 3 de mayo de 1933, quien había de convertirse en el inventor del ‘funk’, el gran padrino del ‘soul’, un talento sin el que la música disco y el ‘hip-hop’ no tendrían razón de ser.  Había nacido ‘Mr. Dynamite’, ‘Soul Brother Number One’, el autor de ‘Sex Machine’… había nacido James Brown. james_vanidad En el burdel que regentaba una de sus tías en Augusta, Georgia, vivía a los cinco años el pequeño James Joseph Brown, Jr. porque su madre no podía hacerse cargo de él y su padre no encontró mejor lugar para el chaval. A esa edad ya se ganaba algo de calderilla taconeando para los convoyes de soldados de una base cercana. La Segunda Guerra Mundial estaba a punto de estallar. James recogía algodón, bailaba e iba a la escuela, pero fue expulsado a los 13 años porque su ropa estaba harapienta. Este fue uno de los hechos que lo marcarían para siempre. Arrojado a las calles en plena adolescencia, había ganado algún concurso de talentos, pero no sabía ni leer ni escribir música. Podía, eso sí, memorizar y reproducir al piano, a la guitarra y a la armónica, cualquier melodía de las que oía en el coro de la iglesia baptista. Con eso y con algunos combates como boxeador aficionado sacaba dinero, pero no suficiente. El raterillo Brown fue a los 16 años condenado por robo con fuerza. Pasó tres años en un centro de menores, donde entró en un coro de ‘gospel’ y conoció a su amigo Bobby Byrd. Cuando salió en libertad condicional aceptó algunos trabajos ‘serios’ y entró las bandas de Byrd: The Gospel Starlighters, The Avons y luego The Flames. Con la grabación del sencillo ‘Please, Please, Please’ en 1955 llegaría su primer bombazo. Más de un millón copias vendidas. La desigualdad de oportunidades, el racismo, la exclusión social, eso es lo que vivió Brown buena parte de su vida y a lo que cantó. En un reportaje para ‘New Yorker’ (con cuyo periodista visitó en limusina los lugares, todavía pobres, donde se crió) Brown hizo unas declaraciones que iban al corazón del sueño americano y la sacrosanta competitividad: “La libre empresa es lo mejor que puede haber, pero cuando ocurre que hay gente formada y gente que no, entonces ya no es libre empresa. Cuando uno está educado y el otro no sabe hacer la o con un canuto, ya no hay libre empresa”. Y por supuesto también cantó al sexo y al exceso. Se casó cuatro veces, tuvo ocho hijos. Tan conocidos fueron sus problemas con las drogas como su perfeccionismo absoluto en un trabajo que realizaba incansablemente. Su equipo estaba formado por 50 personas y podían llegar a actuar 330 noches en un año. Si algún músico llegaba tarde, bailaba fuera de ritmo o no tenía los zapatos lustrosos o el vestuario en regla, era multado por el propio Brown... Sus actuaciones eran un pulso erótico, una danza de apareamiento llevada al límite que conectaba con la raíz animal del ser humano, pero nada era dejado al azar. No se adaptó al gusto de los blancos para triunfar, sino que forzó al público blanco a aceptarlo tal cual era, a aceptar ‘lo negro’. En los sesenta era uno de los iconos en la lucha por los derechos civiles. Lanzó la primera de sus canciones sobre la importancia de ir a la escuela (‘Don’t be a dropout’) y en 1968, el año en que fue asesinado Luther King, publicó el sencillo ‘Say It Loud: I"m Black and I"m Proud’. Pero Brown no era previsible. También apoyó a Nixon e incluso llegó a pagar de su propio bolsillo un viaje con su banda a Vietnam para animar a las tropas americanas. En los setenta el auge de la música disco fue dejándolo de lado. En los ochenta, cuando los grandes del ‘hip-hop’ ya habían ‘sampleado’ sus bases rítmicas hasta la saciedad y el cantante renacía gracias a la canción ‘Living in America’, volvió a ingresar en prisión tras irrumpir en un local armado y puesto hasta las cejas de fenciclidina. Luego volvería a ser denunciado por maltrato y también tuvo problemas por el fisco. Se vio obligado a vender su jet privado y sus emisoras de radio… Pero esa especie de calor animal, de motor sexual que convirtió a James Brown en alguien excesivo incluso para sí mismo, no se detuvo hasta diciembre de 2006. Fue tal la intensidad del fuego con el que nació, que todavía nos quema. Toño Fraguas Ilustración: Rosa del Toro