Hace tiempo que el mito de los machos alfa anda un poco de capa caída en la gran pantalla. Concretamente, desde que Wayne y Eastwood colgaron sus fusiles, Heston empezó a chochear y los “action heroes” ochenteros se dedicaron a jugar a la petanca mercenaria la cosa ya no es lo que era. Por mucho que, a veces, los astros se pongan en fila india y, coincidencias de la cartelera, ahora mismo tengamos de estreno al viril mostacho de Joaquin Phoenix en la espléndida “Her", y los músculos de acero de Robocop (versión de José Padilha, con Joel Kinnaman, Gary Oldman y el olvidado Michael Keaton) reinando en taquilla. monumentsmen1_vanidad Visto lo visto, la gran esperanza blanca y auténtico icono de la masculinidad que asoma en estas fechas por la pantalla grande es Clooney, George Clooney. Y, además, en su triple faceta de director, actor y guionista (adaptando a Robert Edsel, eso sí). Y, por si fuera poco, en un papel de salvador de la cultura y el arte de los que tanto le gustan. Porque “Monuments men” trata justamente de eso: de una tropa de élite de ocho muchachotes (capitaneados por ya sabemos quién) que, a finales de la Segunda Guerra Mundial, y obedeciendo órdenes del mismísimo Roosevelt, tendrán que peinar la Alemania nazi para recuperar obras de arte “distraidas” por las huestes hitlerianas. Ni más ni menos. Un argumento que recuerda a “La hora de los valientes”, del inolvidable Antonio Mercero, pero con ese toque canalla y hawksiano a lo “Doce del patíbulo” (versión codazos cómplices y algo tabernarios) tan típico de Clooney, capaz de contar chascarrillos a lo “Ocean’s eleven” incluso en el espacio (recuérdese “Gravity”). Todo, gracias a un reparto repleto de sabia testosterona, destilada por tipos como Matt Damon, Bill Murray, John Goodman o Jean Dujardin, aunque con el latigazo femenino de Cate Blanchett.
Fotograma de la película Fotograma de la película "Monuments Men"
Y es que cada estreno del Clooney director tendría que ser celebrado con fanfarrias y abundante sección de metal: hace una docena de años nos asombró con “Confesiones de una mente peligrosa”, y desde entonces no ha parado: “Buenas noches y buena suerte”, la injustamente infravalorada “Ella es el partido” y la espléndida “Los idus de marzo”. Y, ahora, otra delicatessen cómplice que, a pesar de la división de opiniones entre el respetable público del festival de Berlín (parece que se le tenía ganas al bueno de George, como si ser demasiado tan perfecto, encantador y cafetero fuese un delito) brilla con luz propia en el panorama actual. Y el que venga detrás, que arree. Aquí os dejamos el trailer: Paul Vértigo