Nota de Savages: Nuestro objetivo es descubrir formas mejores de vivir y experimentar la música. Creemos que el uso de teléfonos para grabar y hacer fotos durante un concierto evita que todos nos abstraigamos. Hagamos que esta noche sea especial. Silenciad vuestros teléfonos. Con esta declaración de intenciones disfrazada de ruego recibió la banda londinense a los asistentes. Era la primera vez que las cuatro integrantes de Savages tocaban en Madrid, en un concierto organizado por SON Estrella Galicia. La atmósfera se calentaba oscura y el humo del megatron corría por entre el público. Batería, guitarra y bajo salieron al escenario vestidas de negro, como era de esperar. Blusa blanca, pantalones anchos negros de pinzas y zapatos rosas de medio tacón para Jehnny Beth, la cantante –que en realidad es francesa y se llama Camille Berthomier-.
Savages La agrupación británica Savages se presentó en Madrid
El concierto que dieron en Shoko fue una muestra de poderío. El post punk de Savages respira la frescura de ser la revisión de aquel que hiciera Siouxsie a finales de los 70. Tienen el sonido y la calidad, en eso están a la altura. Líneas de bajo dictando el ritmo de los asistentes, a veces por encima, incluso, de la voz de Beth; una batería ametralladora que con cada golpe pareciera que anunciase el fin del mundo y una guitarra que distorsionaba puntiaguda cualquier intento de buscar la melodía. Abrieron repertorio con I am here e incluyeron una versión del Dream, baby, dream de Suicide. Destacaron algunos momentos en Husbands, Shut Up y Hit Me, en que la gente se animó a cantar un poco y salir de su embobamiento, acaso también porque son las más conocidas. Cerraron con Fuckers y se pasaron con su alarde. Casi diez minutos iguales de canción que invitaron a abandonar toda apetencia de bises, que por suerte no se produjeron. El concierto se hizo largo, y eso que apenas duró una hora. Quizá es carisma lo que les falta a estas chicas, que destilan imagen pero no contagian la actitud. Por Marieta Zubeldia