Cartel de Cartel de "Dallas Buyers Club"
"Dallas Buyers Club” es, ante todo, y parafraseando a una gran cineasta (aunque luego tuviera sus cositas), el triunfo de una voluntad. Concretamente la de Matthew McConaughey, un mocetón de Texas que, tras currar de friegaplatos y picotear algunas clases de Derecho, decidió saltar al cine sin red ni casco. Y, para ser profeta en su tierra, tuvo a bien arrancar su carrera con la cuarta entrega de “La matanza de ídem”, slasher que también sirvió para el bautismo de fuego y sangre de Renée Zellweger. A pesar de tan bochornoso arranque (incluyamos “Sólo ella… los chicos, a un lado” en el pack), McConaughey se las arregló para convencer a tirios y troyanos de que, más allá de su look de surfista de secano, tenía talento: Joel Schumacher (“Tiempo de matar”), Spielberg (“Amistad”), Zemeckis (“Contact”) y John Sayles (la gran “Lone Star”, homenajeada en la marca de cervezas que trasiega su crepuscular y nihilista personaje de “True detective”, esa gran serie con la que nos hipnotiza desde la gran pantalla) le guiaron en sus primeros pasos hacia el estrellato. La cosa parecía bien encaminada, incluso surgían comparaciones hiperbólicas con Paul Newman, pero en algún momento incierto, el camino se desvió. Comedias pastelosas (“Planes de boda”, “Cómo perder a un chico en 10 días”, “Novia por contrato”), blockbuster fallidos (“El imperio del fuego”, “U-571”, “Sahara”), coqueteos con drogas, extravagancias sentimentales y demás chinas en el zapato hicieron del actor poco menos que un bufón de Hollywood al que poder carcajearse en su bonita cara. https://youtu.be/H4oZW0Us2Mw Pero, ah amigo, quien ríe el último ríe mejor. Con los 40 recién cumplidos, McConaughey se puso las pilas con una racha impresionante que aún dura y que cuestiona su arquetipo de sex symbol helénico: ajada vieja gloria stripper en “Magic Mike” (primeros tambores de nominación al Oscar), antihéroes sureños con el colmillo torcido (“Mud” y “El chico del periódico”), depredador fugaz y aullador que se merienda a DiCaprio en diez minutos (“El lobo de Wall Street”) y, sobre todo, su escalofriante cowboy de rodeo machote aunque seropositivo pero que pone al mal tiempo buena cara en “Dallas Buyers Club”, una de las sorpresas agradables de la temporada y que ya le ha dado un Globo de Oro y un Oscar al actor, idéntico botín que su compañero de reparto Jared Leto, con un look casi tan sorprendente y radical que en “El asesinato de John Lennon“ (pero con el maquillaje bastante más subido, y también oscarizado). El director Jean-Marc Vallée (“C.R.A.Z.Y.”, “La reina Victoria”) firma una de las perlas indies de la temporada con la historia de Ron Woodroof y su reto al sistema farmacéutico de mediados de los 80, cuando el SIDA aún era poco menos que el enigma de otro mundo. Y McConaughey logra lo casi nunca visto en Hollywood: el respeto masivo de toda su profesión y la moraleja de que, quien la sigue, la consigue. Aunque DiCaprio se haya quedado con un palmo de narices y sin estatuilla “one more time". Paul Vértigo