ElGranHotelBudapest1-Vanidad Cartel de "El Gran Hotel Budapest"
La verdad es que Wes Anderson se lo ha currado. Y no ha sido nada fácil. Porque, en Hollywood o en Tegucigalpa, si vas de autor personalísimo, extravagante y hasta rarito te esperan con los cuchillos más afilados que la lengua y la vesícula biliar de un tertuliano político sin vacunar. Pero, veinte años después de su primer corto, germen de su ópera prima “Ladrón que roba a un ladrón”, después de haberse llevado una serie de palos sistemáticos (y también adhesiones casi fanáticas a su “secta cinéfila”) desde que se le ocurrió triunfar en taquilla con la excéntrica y exquisita “Los Tenenbaums” (aún recordamos al pobre Fernández Santos tachándola de "aburrida" fatigosamente), y tras andar sobre finísimo alambre con “Life Aquatic” y “Viaje a Darjeeling”, el cineasta más perro verde del cine actual ha logrado un consenso casi unánime con sus últimos filmes: la animadísima “Fantástico Sr. Fox”, la tierna “Moonrise Kingdom” y, ahora, la art decó y melancólica (la palabra más repetida en las reseñas por internet de los críticos suplentes) “El gran hotel Budapest”. La verdad es que el proyecto irradiaba magnetismo “andersoniano” desde el principio, gracias a la combinación de varios elementos marca de la casa: decadencia crepuscular, escenarios bizarros e híperdetallistas, robos imposibles, personajes aún más improbables y esa anarquía sinfónica y ojiplática que solo un tipo con altas dosis de autoestima puede poner en pie sin que el castillo de naipes se derrumbe a la segunda capa de cartas. Así, tenemos al conserje de un hotel-balneario europeo de entreguerras sirviendo de maestro de ceremonias para una peripecia donde están implicados una serie de extraños arquetipos, una pintura renacentista inquieta y, de postre, los cañones calentitos de las potencias continentales.
ElGranHotelBudapest2-Vanidad Jason Schwartzman y Jude Law.
El propio Anderson explica alguna de las piezas maestras de su puzle: Tuve la idea de hacer una película al estilo europeo inspirada sobre todo en Stefan Zweig, un escritor al que verdaderamente he llegado a apreciar durante los últimos años. Había otras cosas que había leído que en un principio podía parecer que no tenían conexión con la película, como ‘Eichmann en Jerusalén’, de Hannah Arendt, que contiene un fascinante análisis de cómo respondió cada uno de los países europeos al desafío nazi y de cómo llegó a descomponerse todo un continente. También tuve en mente la ‘Suite Française’, de Irène Némirovsky, por ejemplo. Todo ello, y algún curioso amigo común, nos sirvió a Hugo Guinness y a mí para dar forma a la historia“. Eso, y dos de sus claves maestras: la música de Alexandre Desplat, y un casting oceánico e intachable, lleno de habituales y de nuevos fichajes: Ralph Fiennes, Tony Revolori, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Adrien Brody, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Jude Law, Bill Murray, Harvey Keitel, Edward Norton, Saoirse Ronan, Jason Schwartzman, Tilda Swinton, Tom Wilkinson, Owen Wilson, Léa Seydoux… El Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín ha marcado el inicio de temporada alta de uno de los hoteles ya más legendarios de la historia del cine. A reservar suite y a incordiar al servicio de habitaciones se ha dicho. Paul Vértigo