Mujeres despechadas: ¡Muerte a Carlos! Mujeres despechadas: ¡Muerte a Carlos!
Llega un momento en que nuestro cuerpo se prepara para tener hijos. Tic-tac tic-tac. Una bomba de relojería entre el estómago y el pussy marca los minutos que quedan para que explotes y le sueltes a tu novio un –doloroso– “¡quiero tener un hijo!”. Ese es el principio del fin. El fin de la marcha atrás. Está tan cagado que no lo volverá a intentar. Y el farmacéutico, al veros de nuevo comprando condones, le mirará cómplice. Tenéis unos 30 y a él se le nota en la cara el pánico y a ti las ansias –aunque el reloj biológico esté dentro–. Y llegado este momento en que quieres tener hijos pero no puedes, porque ni tu ritmo de vida, ni tus ingresos –que acaban antes que el mes– te dejan, haces algo inevitable: convertirte en madre de tu novio. El problema es que ellos están ¡encantados! con su nuevo rol. Perdieron a su mami al irse de casa y, de repente, la recuperan. Alguien que les hace zumitos cuando están constipados, que les plancha las camisas, que se preocupa de que no se limpien el culo con papel de cocina, que cambia las sábanas antes de que huelan a tigre, que compra sus galletas preferidas para untar en la leche... blablablablabla. Podría llenar dos Biblias con ejemplos de cómo los mimamos en nuestro papel de mamá. Y una mañana, después de untar sus galletas en la leche, limpiarse el culo con papel de rey y ponerse una camisa planchada, se volvió loco porque no encontraba las llaves del coche. Tres veces me preguntó –como hace siempre con su madre– “¡¿Dónde he dejado las llaves?!”. Pero lo más gracioso –me parto– es que jamás reconocerán que les encanta que les hagas de mamá. Incluso jurarán que lo odian. Dirán que eres tú. Porque ellos son muy hombres, muy independientes y nosécuantascosasmás. ¡Mentirosos! Así que, como comprenderéis, no me quedó otra que matarlo. Caroline Selmes & Laura Torné (Mujeres Despechadas)