«TRANSITS» y la eterna curiosidad del fotógrafo JESUS ISNARD

Hablamos con el fotógrafo andaluz de su exposición «TRANSITS», un encuentro entre moda y pintura que puede visitarse hasta el 23 de febrero en Chitón, el nuevo espacio de arte diseñado por De la Villa Studi.

Jesús Isnard presenta «TRANSITS», una serie de doce obras fotográficas que reimaginan «Las Meninas» desde una sensibilidad contemporánea. En esta propuesta, el artista libera a los personajes del cuadro de Velázquez para situarlos en un espacio de tránsito entre lo pictórico y lo vivo, entre la quietud del pasado y el pulso del presente. La exposición, comisariada por Carmen Ballesta y acogida por Chitón, invita al espectador a adentrarse «dentro» de la imagen, habitando sus umbrales y desplazamientos. Con una mirada que combina rigor técnico y densidad simbólica, Isnard propone un viaje que interroga la identidad, la memoria y la persistencia de la imagen en el tiempo.

@ruthcarpinteroacero

Jesús Isnard: «Vivimos en un tiempo de consumo rápido, pero hay imágenes que permanecen porque activan algo íntimo. Es algo que aprendí de Giorgio Armani»

«TRANSITS» parte de un diálogo con «Las Meninas», una obra que cuestiona la mirada, el poder y la representación. ¿Qué aspectos de ese enigma velazqueño fueron los que más te interesaba trasladar o «tensionar» en tu reinterpretación?

Lo que siempre me ha encantado de «Las Meninas» es su capacidad para contener todo el misterio que envuelve la obra. Cuando la pintó Velázquez, que ya entonces era pintor del rey Felipe IV, aprovechó la ocasión para plantear una reflexión sobre el propio acto de crear e imponer su estatus como artista. Al incluirse dentro del cuadro pintando y situar al fondo el reflejo de los reyes en un espejo desafió las convenciones del retrato de corte y elevó la pintura a un plano mucho más intelectual.

En tu serie los personajes «respiran fuera del lienzo». ¿Cómo construyes visualmente esa transición entre lo pictórico y lo vivo? ¿Qué papel juega la dirección de la luz en ese desplazamiento?

En las doce obras aparece esa dualidad entre lo eterno del óleo y lo efímero de lo humano. Por un lado, hay fotografías que recuerdan a una pintura; por otro, imágenes sin artificio y con una iluminación lateral muy básica. Me atraía la idea de que los personajes «respiraran fuera del lienzo», como si hubieran escapado del tiempo pictórico para moverse en nuestra realidad.

Visualmente construyo esa transición inspirándome en la técnica del sfumato, que consiste en difuminar suavemente los contornos de las figuras para crear una transición sutil entre luces y sombras.

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Velázquez se situó dentro de su propia pintura; tú propones mirar desde dentro de la imagen. ¿Qué cambia en la experiencia estética cuando el observador ya no contempla desde fuera, sino que se convierte en parte del cuadro?

Una de las obras principales se titula «Inside». En ella intento romper la perspectiva habitual de «Las Meninas», cambiando la lógica con la que entendemos el cuadro. Ya no se trata de contemplar un espectáculo, sino de habitarlo. Fotografío a los personajes de espaldas. El lienzo de Velázquez tiene un sinfín de líneas y perspectivas, y creo que esta fotografía ayuda a comprender mejor cómo se construyó la obra.

La exposición se plantea como un «territorio de tránsito entre épocas, disciplinas y miradas». ¿Hasta qué punto sientes que la fotografía contemporánea puede dialogar con la pintura clásica sin caer en la mera cita o en la nostalgia?

Creo que la fotografía contemporánea puede dialogar con la pintura clásica siempre que lo haga desde la conciencia de su propio lenguaje. En «TRANSITS» conviven referencias al arte barroco, a la fotografía contemporánea y también a la fotografía de moda. No me interesa la nostalgia, sino el diálogo. La pintura ofrece un mapa de estilos que podemos reactivar desde lo fotográfico. «TRANSITS» nace de esa voluntad de reescribir esos estilos, no de repetirlos.

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En tus obras, la figura y el espacio parecen existir en un tiempo suspendido, entre la memoria y la inminencia. ¿Cómo trabajas esa noción de tiempo en tu práctica fotográfica?

Me encanta que me hagas esta pregunta porque fue uno de los temas más complicados al fotografiarlo. En «Las Meninas» ocurre algo inusual, algo que los pintores del Renacimiento buscaban y que solo logró Velázquez: pintar el aire. Fotografiarlo también es difícil. Para conseguir esa atmósfera y esa perspectiva que se respiraban en la habitación original fueron más importantes las sombras que las luces.

«Las Meninas» es también un autorretrato encubierto del artista. ¿Hay un autorretrato implícito tuyo en «TRANSITS»?

Sí, de hecho hay varios. Quise desafiar a Velázquez haciéndome un autorretrato frente a un gran espejo y fotografiando toda la escena a través de él. Aparezco enmarcado en una puerta y también hay un perro a mis pies, aludiendo de forma continua a elementos del cuadro que trasladan la pintura al mundo contemporáneo.

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Has dicho que querías «liberar la imagen y devolverle movimiento». ¿Podría entenderse «TRANSITS» como una reflexión sobre la necesidad de emancipar la imagen de su propio marco histórico?

Exactamente. Con «TRANSITS» reflexiono sobre la necesidad de liberarnos de la imagen fija que todos tenemos de «Las Meninas», e imagino cómo la fotografiaría Velázquez hoy. No se trata de negar la tradición, sino de permitirle respirar, de devolverle movimiento. Liberar la imagen es permitirle reencarnarse: que vuelva a vivir en otro tiempo, en otro cuerpo, con otra luz…

En la frontera entre lo visible y lo invisible, tu obra parece invocar una cierta espiritualidad de la imagen. ¿Buscas que el espectador perciba algo más allá de lo representado?

Sí. Hay muchos simbolismos en todas las fotografías; todo está premeditado y estudiado previamente. Tengo dibujos y bocetos de cada obra, es un ejercicio fundamental para mí. En la composición pueden encontrarse muchos triángulos, algo habitual en mis proyectos, y numerosos elementos que evocan la pintura de Velázquez.

Busco que el espectador perciba algo que trascienda lo representado, que entienda ese tránsito en el que las muchachas salen de la obra y empiezan a jugar conmigo. Quiero que se perciba el momento en que la pintura deja de ser pintura y se convierte en experiencia.

La comisaria Carmen Ballesta habla de un «viaje de ida y vuelta entre el arte y la vida». ¿Cómo entiendes tú ese tránsito? ¿Dónde termina el artificio y empieza la experiencia vital?

Carmen se refiere a la dualidad de la que hablaba antes. Por un lado, hay obras que evocan claramente la pintura clásica; por otro, piezas que remiten a lo cotidiano, a lo humano, a lo efímero, propio de la fotografía. Se trata de esa tensión entre lo eterno del óleo y lo fugaz de lo humano.

Una de las obras lleva el título de la exposición, «Transit». En ella la modelo aparece en blanco y negro, con el cuerpo nítido y un cancán sin vestido, como si se hubiera despojado de todo su abalorio tras ese tránsito. Sin embargo, su rostro está deformado, casi baconiano. Para mí, esa fotografía marca el punto exacto que divide una parte de mi obra de la otra.

A menudo tu trabajo combina la disciplina y la técnica propias de la moda con una profundidad emocional más cercana al arte contemporáneo. ¿Cómo se entrelazan esas dos facetas en esta exposición?

No me gusta poner etiquetas a mi trabajo. Soy fotógrafo y entiendo la moda como una forma de arte con sus propios códigos, pero lo importante para mí es que cada proyecto tenga una historia que contar.

La fotografía de moda me ha enseñado la precisión, la disciplina y el control de la luz; en el arte, en cambio, busco la grieta. En «TRANSITS» ambas facetas se funden: la estructura visual procede de la moda, mientras que la emoción y la densidad simbólica pertenecen al territorio del arte.

La serie parece interrogar la persistencia de la imagen en el tiempo. ¿Crees que la fotografía tiene hoy la capacidad de generar símbolos duraderos, como en su día lo hizo la pintura?

Estamos bombardeados de imágenes a diario y, con la inteligencia artificial, cuesta diferenciar lo real de lo que no lo es. Creo que la fotografía puede seguir generando símbolos duraderos, pero ya no desde la monumentalidad, sino desde la persistencia emocional y desde el sentido de lo que se quiere contar. Vivimos en un tiempo de consumo rápido, pero hay imágenes que permanecen porque activan algo íntimo, algo que resuena más allá de su contexto. Es algo que aprendí de Giorgio Armani y es lo que busco: imágenes que insistan en el recuerdo, que persistan en el tiempo.

«TRANSITS» podría leerse también como una reflexión sobre la identidad —de los personajes, del artista, del espectador—. ¿Qué lugar ocupa la noción de identidad en tu trabajo actual?

Para mí es fundamental. Es lo que define a un artista: mirar una obra e identificarla al instante. Esa identidad se construye con los años, siendo fiel a tu manera de entender el mundo, la belleza y la emoción, y reflejándolo después en tu trabajo, ya sea en imágenes, en cine, en arte o en moda.

Por último, ¿qué te interesa que quede en el espectador tras recorrer la exposición? ¿Una emoción, una pregunta, una imagen concreta o quizá una sensación de haber habitado otro tiempo?

Mi intención es que el espectador experimente la obra como un espacio de tránsito entre épocas. Si «TRANSITS» consigue hacer visible esa continuidad, esa respiración común entre pasado y presente, la obra habrá tenido sentido.

Juan Martí Serrano @sswango

Imágenes: Ruth Carpintero @ruthcarpintero_

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