«WILDWOOD»: la nueva película de LAIKA que recupera la magia de «Los mundos de Coraline»
Todo lo que se esconde detrás de «Wildwood». Imagen: fotograma de la película
Diecisiete años después de que «Los mundos de Coraline» revolucionara la animación, LAIKA regresa con su proyecto más ambicioso. Una aventura extraordinaria sobre la pérdida, la valentía y la esperanza que nos recuerda por qué merece la pena seguir defendiendo el cine hecho a mano
«Wildwood»: la productora LAIKA vuelve a recordarnos la belleza de un cine que no tiene prisa
En 2009, «Los mundos de Coraline» llegó a los cines para demostrarnos que la animación todavía podía sorprendernos de maneras que creíamos olvidadas. La adaptación de la novela de Neil Gaiman, dirigida por Henry Selick, no solo consolidó a LAIKA como uno de los estudios de animación más interesantes de la industria, sino que devolvió al stop motion un protagonismo que parecía reservado a otros tiempos. Sus personajes inquietantes, sus escenarios minuciosamente construidos y aquella extraordinaria capacidad para convertir lo artesanal en algo profundamente vivo marcaron a toda una generación de espectadores. Desde entonces, películas como la perturbadora «Mad God» (2021), de Phil Tippett, «Pinocho» (2022), de Guillermo del Toro, o «Memorias de un caracol» (2024), de Adam Elliot, han seguido reivindicando las posibilidades de una técnica que se resiste a desaparecer. Y entonces llega «Wildwood».
¡Antes de comenzar! Querido lector que nunca ha terminado de conectar con el cine de animación: déjame pedirte que esta vez le des una oportunidad. Aunque la tecnología ha transformado profundamente la industria, todavía quedan románticos del cine dispuestos a dedicar años de trabajo a construir mundos que casi podemos tocar. Y créeme, merece la pena descubrirlos.
Una aventura que se atreve a crecer
Dirigida por Travis Knight («Kubo y las dos cuerdas mágicas»), «Wildwood» adapta la novela de Colin Meloy, ilustrada por Carson Ellis. La historia sigue a Prue, una joven que, tras el secuestro de su hermano pequeño por una bandada de cuervos, se adentra junto a su amigo Curtis en un bosque habitado por criaturas extraordinarias y enfrentado por antiguos conflictos.
Escena de la película de animación stop-motion «Wildwood»
La película recupera la estructura clásica del viaje del héroe, donde una misión de rescate se transforma en un recorrido de descubrimiento, pérdida y superación. Uno de sus mayores aciertos está en la construcción de sus protagonistas: niños que no necesitan comportarse de manera infantil, que sienten miedo, toman decisiones difíciles y asumen las consecuencias de sus actos. «Wildwood» no subestima a sus personajes ni a sus espectadores y encuentra —entre la fantasía y la aventura— una historia profundamente humana sobre el sacrificio, la valentía y la importancia de no rendirse.
La extraordinaria paciencia de crear un mundo
Travis Knight llevaba dieciséis años soñando con trasladar «Wildwood» a la gran pantalla. El resultado es una de las producciones más ambiciosas de LAIKA, una auténtica declaración de amor al stop motionque necesitó más de mil profesionales y alrededor de siete años de producción. Pero quizá la mejor manera de entender la magnitud de esta película sea detenernos en algunas de las cifras que esconde:
Imaginaos un gigantesco bosque construido desde cero. Para dar vida a este universo se fabricaron más de 130 decorados físicos, 728 árboles de diez especies diferentes y más de 200 marionetas. Hasta las hojas de hiedra se cortaron y colocaron individualmente. Nada era casualidad.
Una de las escenas de «Wildwood», la nueva película de animación realizada mediante la técnica de stop-motion
El General, una de las criaturas más impresionantes de la película, necesitó alrededor de un año de construcción y más de veinte profesionales solo para dos secuencias de toda la película. Para sus distintas marionetas se confeccionaron aproximadamente 12.000 plumas, colocadas una a una. Algunas incorporaban diminutos alambres para poder animarlas. Una de sus secuencias de vuelo requirió años de trabajo.
Una paciencia casi imposible
Cada segundo de «Wildwood» está compuesto por24 fotogramas. Para dar vida a sus marionetas, los animadores deben modificar minuciosamente sus posiciones entre una fotografía y la siguiente: mover una pata, ajustar una pluma, recolocar la ropa o cambiar una expresión facial. Cada uno de esos pequeños movimientos se fotografía individualmente y, al reproducir las imágenes de forma consecutiva, nace la ilusión del movimiento. Un trabajo tan minucioso que, en una jornada entera, los animadores podían completar apenas uno o dos segundos de película.
«Wildwood» nos transporta a un universo de fantasía y aventuras a través de una cuidada animación stop-motion
Y es que, aunque LAIKA combina impresión 3D y herramientas digitales con sus técnicas artesanales, sigue apostando por construir y animar físicamente sus personajes en una época en la que también existen alternativas enteramente digitales y herramientas de inteligencia artificial. Una elección que implica años de paciencia, pero que deja algo extraordinario en pantalla: la maravillosa sensación de que todo lo que vemos existe.
Una batalla para la historia de la animación
Desde las espectaculares batallas de «Star Wars», con los gigantescos AT-AT de «El imperio contraataca», hasta la inolvidable lucha contra los esqueletos de Jason y los argonautas, el cine lleva décadas dando vida a enfrentamientos imposibles mediante maquetas, miniaturas y animación fotograma a fotograma. Secuencias que, mucho antes del dominio de los efectos digitales, demostraron hasta dónde podía llegar la imaginación de los artistas detrás de las cámaras.
Wildwood recoge ese espíritu artesanal con una ambición muy concreta: Travis Knight quería hacer su propio El señor de los anillos en stop motion, tal y como ha reconocido el director. Su batalla final, con cerca de 3.000 personajes, más de 400 planos y doce minutos de duración, constituye uno de los mayores desafíos técnicos de LAIKA.
Un despliegue monumental que combina marionetas físicas y animación digital para conseguir algo extraordinario: que un universo de semejantes dimensiones conserve la sensación de haber sido construido con las manos.
La película «Wildwood» apuesta por la técnica de animación stop-motion para dar vida a su particular universo fantástico
El valor de seguir haciendo este cine
Con un presupuesto estimado de 100 millones de dólares y una recaudación mundial de aproximadamente 14,7 millones durante su primer fin de semana, «Wildwood» afronta el desafío de encontrar su público. A ello se suma su clasificación PG-13 en Estados Unidos, la primera para una película de LAIKA, que podría limitar su alcance entre los espectadores más jóvenes.
Pero sería injusto medir una obra de semejante ambición únicamente por sus resultados comerciales. En una industria cada vez más orientada a la inmediatez, LAIKA sigue apostando por la paciencia, el trabajo colectivo y una forma de hacer cine que merece seguir teniendo espacio.
«Wildwood» es una aventura emocionante que demuestra que la animación no tiene por qué ser infantil. Ojalá encuentre en las salas el público que merece, porque hay películas que nos invitan a apreciar no solo lo que vemos en pantalla, sino también el talento y los procesos creativos que lo hacen posible. Y que, de alguna manera, nos recuerdan por qué el cine nos enamora y nos une.