MARÍA JOSÉ LLERGO encuentra nuevas formas de habitar el flamenco en «El Juego»
María José Llergo protagoniza la portada visual de «El Juego», su tercer álbum de estudio, donde explora nuevos lenguajes musicales sin renunciar a la raíz flamenca
Después de ampliar los límites del flamenco contemporáneo con «Sanación» y «Ultrabelleza», María José Llergo regresa con «El Juego», un álbum atravesado por la idea de la libertad creativa. Boleros, bachatas, electrónica y ritmos urbanos conviven en un trabajo que explora la pérdida, la memoria y el aprendizaje desde una convicción clara: la curiosidad sigue siendo una de las formas más valiosas de conocimiento
María José Llergo presenta «El Juego»: el álbum que expande los límites del flamenco contemporáneo
«El Juego», el tercer álbum de María José Llergo, nace de una necesidad muy concreta: recuperar la música como espacio de libertad, curiosidad y disfrute. Después de consolidarse como una de las voces más singulares de la música española contemporánea con «Sanación» y «Ultrabelleza», la artista cordobesa regresa con un trabajo atravesado por una pregunta central: qué ocurre cuando una persona adulta recupera la capacidad de jugar.
Para Llergo, el juego funciona como una forma de conocimiento, una manera de relacionarse con el error, la incertidumbre y la libertad. A lo largo del álbum, la artista explora la distancia entre la espontaneidad de la infancia y las estructuras que condicionan la vida adulta: las expectativas, la productividad permanente, la autoexigencia o el miedo al fracaso. El resultado es un disco que convierte la curiosidad en una herramienta creativa y entiende la experimentación como una forma de crecimiento.
Esa búsqueda encaja de forma natural dentro de una trayectoria marcada por el diálogo entre raíz y expansión. Desde sus primeras canciones, María José Llergo ha construido un lenguaje propio a partir del flamenco, la canción de autora, la electrónica, el R&B y distintas formas de música popular contemporánea. En «El Juego», esa apertura se amplía hacia territorios como el bolero, la bachata o los ritmos urbanos, manteniendo siempre el cante como centro emocional del proyecto.
Uno de los aspectos más interesantes de «El Juego» es la forma en que María José Llergo rechaza cualquier idea rígida de identidad musical. Si algo ha caracterizado su trayectoria desde el principio ha sido la capacidad para dialogar con el flamenco sin convertirlo en una frontera. En este nuevo trabajo, esa actitud alcanza una nueva dimensión, presentándose desde el prólogo del álbum no como una mera sucesión de canciones, sino como una declaración de intenciones. En esta obertura, que evoca el magnetismo de una orquesta afinando antes del espectáculo, la cantaora redefine el propio acto de jugar: lo vincula a la interpretación instrumental (al «to play» anglosajón) y lo abraza como un mecanismo para dinamitar los roles adultos y las estructuras normativas del pop.
A partir de ahí, el disco incorpora bolero, bachata, electrónica, ritmos urbanos y diversas influencias latinoamericanas que funcionan como extensiones naturales de una artista que entiende la tradición como un punto de partida y no como un límite. La raíz permanece reconocible en la forma de cantar, en los giros melódicos y en la intensidad emocional de las interpretaciones, incluso cuando las estructuras musicales se alejan de los códigos más convencionales del flamenco para adentrarse en territorios más indómitos y mutables.
María José Llergo posa sobre una mesa de oficina con un traje azul pastel, una imagen que refleja el universo creativo y lúdico de «El Juego». Imagen: @mjllergo
Un viaje emocional entre pérdidas y despedidas
Aunque el concepto del juego atraviesa todo el álbum, «El Juego» no es precisamente un disco ligero. Gran parte de sus canciones están construidas alrededor de diferentes formas de pérdida. Hay rupturas sentimentales, despedidas y procesos de transformación emocional que funcionan como el verdadero motor narrativo del proyecto.
Canciones como «Olvídame» muestran una mirada poco habitual sobre el desamor. En lugar de instalarse en el resentimiento, Llergo explora formas de amor que sobreviven incluso cuando la relación termina. La renuncia, la aceptación y la memoria aparecen aquí como emociones tan importantes como el dolor. Esa complejidad emocional recorre buena parte del disco y ayuda a entender por qué el concepto del juego resulta tan importante: aprender también implica equivocarse, perder y asumir que no todo puede controlarse.
La artista cordobesa viaja por nuevos territorios sonoros en «El Juego», un trabajo marcado por la libertad y la experimentación. Imagen: @mjllergo
«Abuelo» y la memoria como refugio
Entre todos los temas del álbum, «Abuelo» ocupa un lugar especialmente significativo. La figura de su abuelo ha acompañado a María José Llergo desde el inicio de su carrera como símbolo de aprendizaje, transmisión cultural y amor por la música. Su fallecimiento durante el proceso creativo del disco convierte esta canción en uno de los momentos más conmovedores del repertorio.
Sin recurrir al sentimentalismo fácil, la artista construye una pieza donde el recuerdo funciona como un vínculo capaz de sobrevivir al tiempo y a la ausencia. Es también una manera de reconocer el papel que desempeñan las generaciones anteriores en la construcción de cualquier identidad artística. Si «El Juego» habla constantemente de libertad, «Abuelo» recuerda que esa libertad también se construye a partir de una herencia.
María José Llergo combina tradición y modernidad en una nueva etapa artística que amplía los límites del flamenco contemporáneo. Imagen: @mjllergo
El disco que confirma una nueva etapa
Más que una ruptura con sus trabajos anteriores, «El Juego» parece la continuación lógica de un proceso que María José Llergo lleva años desarrollando. Desde sus primeras canciones ha mostrado interés por expandir los límites de su lenguaje musical y por explorar nuevas posibilidades expresivas.
El álbum puede resultar menos cohesionado estilísticamente que sus predecesores, pero Llergo parece menos preocupada por construir una obra cerrada y más interesada en registrar un momento vital concreto. «El Juego» propone la capacidad de experimentar sin miedo, aceptar la incertidumbre y entender que la creatividad sigue siendo, ante todo, una forma de juego.
Los globos y el color rosa forman parte de la estética visual de «El Juego», un álbum inspirado en la capacidad de volver a jugar. Imagen: @mjllergo