De escuchar DISCOS a crear «PLAYLISTS» para absolutamente todo: así ha cambiado nuestra forma de consumir MÚSICA
La forma en la que las playlists han cambiado la forma en la que consumimos la música. Imagen: @blvckmvivc
De los discos a Spotify y TikTok, nuestra forma de escuchar música ha cambiado por completo. Descubre por qué ahora creamos «playlists» para absolutamente todo
¿Cómo ha cambiado nuestra forma de consumir música con las playlists?
Querida, sé sincera: ¿cuántas playlists tienes guardadas ahora mismo en Spotify? Probablemente tantas que hasta te dé vergüenza decirnos el número. Una para entrenar, otra para arreglarte antes de salir de fiesta, alguna para viajar en coche y esa que creaste hace cuatro años con un nombre que ahora mismo seguramente no quieras ni siquiera recordar, pero que tiene algo que todavía hace que no puedas eliminarla.
Hoy nos parece completamente normal ponerle una banda sonora diferente a prácticamente cualquier momento de nuestra vida. Sin embargo, hace años la relación con la música era bastante distinta: ibas a la tienda, comprabas un disco —muchas veces guiado por las recomendaciones de la gente—, lo colocabas en el reproductor de vinilos y, durante los siguientes minutos, era el artista quien decidía qué ibas a escuchar y en qué orden. Además, te gustara o no, tampoco tenías muchas más opciones. Pero ahora, no es solo que podamos omitir o dejar de escuchar sin ningún tipo de remordimiento cualquier tema, sino que podemos decidir cuál de todo el disco escuchar.
Antes, el álbum era fundamental
Para empezar, la primera diferencia que ha causado un cambio de paradigma en la forma en la que consumimos la música es el hecho de que antes, escuchar música implicaba tenerla de forma física. Los álbumes musicales eran también objetos físicos que escuchabas y coleccionabas y, si comprabas un disco porque te encantaba su single, inevitablemente terminabas escuchando también el resto de canciones.
Pared con vinilos. Imagen: @ootdioana
El orden también importaba. La primera canción tenía la responsabilidad de introducirte en el universo del disco; las siguientes desarrollaban la historia y el último tema podía funcionar como una especie de despedida. Evidentemente, podías saltarte canciones, pero hacerlo era bastante más complicado que el simple botón de next que ahora tenemos a nuestro disposición a un solo click.
Pero con la llegada de las cintas grabadas, tuvimos el primer acercamiento a lo que hoy conocemos como playlist.
El momento en el que empezamos a elegir las canciones
La realidad es que mucho antes de Spotify ya hacíamos playlists, solo que simplemente no las llamábamos así. Las cintas grabadas fueron probablemente una de las primeras formas de romper el orden de canciones de un álbum. Realmente, la esencia era la misma: elegir canciones de diferentes artistas y colocarlas en un orden aleatorio o no aleatorio. Después llegaron los recopilatorios, los CDs grabables y aquellas carpetas del ordenador llenas de archivos MP3 cuyos nombres, muchas veces, ni siquiera estaban escritos correctamente.
Imagen con un vinilo en la cama. Imagen: @ootdioana
Y un poco más tarde llegó el gran cambio: el iPod. De repente, podías llevar cientos —y después miles— de canciones en el bolsillo y escoger exactamente cuál querías escuchar en cada momento. Ya no necesitabas comprarte un álbum entero porque te gustara una canción, sino que podías construir una biblioteca formada únicamente por aquello que realmente querías escuchar.
Spotify cambió para siempre nuestra manera de escuchar música
Está claro que el streaming ha cambiado por completo la forma de consumir todo tipo de ocio. Dejando aparte el caso de las plataformas de contenido digital de cine y series que todos conocemos, con Spotify, Apple Music y el resto de plataformas, nuestra biblioteca dejó de estar limitada por el número de CDs que podíamos comprar o las canciones que cabían en nuestro reproductor. De repente, teníamos disponibles millones de canciones prácticamente al instante. Y cuando tienes casi toda la música que podrías imaginar delante de ti, aparece el mismo problema que cuando abrimos nuestra plataforma de contenido en streaming de confianza: ¿qué escogemos?
Imagen de una playlist en ordenador. imagen: @camomileclipse
La forma de descubrir las canciones también ha cambiado. Antes podías conocer a un artista porque un amigo te prestaba su disco, escuchabas una canción en la radio o veías su videoclip en la MTV. Ahora una canción puede aparecer entre otras veinte en una lista y convertirse en una de tus favoritas, independientemente del artista que la cante. Algo que juega muy a favor de los artistas emergentes de los que siempre os hablamos en nuestro radar emergente mensual.
Y entonces llegó TikTok
Pero, si el MP3 consiguió separar la canción del álbum y Spotify convirtió esa canción en parte de una lista infinita, TikTok ha llevado la fragmentación todavía más lejos: ya ni siquiera necesitamos escuchar una canción completa para conocerla y unos segundos pueden ser suficientes. Después ocurre algo bastante peculiar: escuchamos la canción completa y esperamos impacientes a que llegue «la parte de TikTok».
Realmente, este comportamiento ha empezado a tener consecuencias mucho más allá de la propia plataforma. Además de descubrir y viralizar canciones nuevas, también revive aquellas publicadas años atrás. En los últimos meses hemos visto cómo temas tan míticos como el icónico «Beauty and a Beat» de Justin Bieber han vuelto a las listas de éxitos. Algo propiciado tan solo por viralizarse la canción en TikTok.
Justin Bieber cantando en la final del Mundial. Imagen: @lilbieber
Y esto también ha provocado que la propia industria musical empiece a jugar con las reglas de la plataforma. De hecho, cada vez es más habitual que nuestro primer contacto con una canción no sea escucharla, sino encontrarnos una y otra vez con el mismo fragmento mientras hacemos scroll. Primero conocemos esos quince segundos, después descubrimos el tema completo y finalmente termina guardado en alguna de nuestras playlists.
Al final, nuestra forma de consumir música ha cambiado con la llegada de las playlists. Hemos pasado de comprar un disco y reproducirlo de principio a fin a tener millones de canciones disponibles en nuestro móvil y poder decidir exactamente qué queremos escuchar en cada momento. Ahora somos nosotros quienes decidimos el orden, la canción e incluso el momento. Quizá por eso hemos terminado creando una playlist para absolutamente todo: porque, teniendo prácticamente toda la música del mundo a nuestro alcance, hemos encontrado la forma de ordenarla según nuestra propia vida.