¿Puede la INTELIGENCIA ARTIFICIAL acabar con el CINE tal y como lo conocemos?
«Yo, robot» (2004): Will Smith protagoniza esta película de ciencia ficción que explora la convivencia entre humanos y robots dotados de inteligencia artificial
La inteligencia artificial ya es capaz de crear imágenes, recrear actores y producir películas enteras. Pero ¿hasta dónde puede llegar? ¿Estamos ante una revolución que democratizará el cine o ante una amenaza para quienes lo hacen posible? Nos adentramos en la industria audiovisual para descubrir qué opinan sus protagonistas sobre el futuro del séptimo arte
¿Está la inteligencia artificial cambiando el cine para siempre?
Pocas cosas dan tantísimo miedo como el auge de la inteligencia artificial en el mundo. Hace apenas seis años cualquier persona se hubiera reído en tu cara si le dijeras que en muy poco tiempo iba a poder tener un ser artificial casi consciente al otro lado de la pantalla generando contenido, mandando nuestros emails, sirviéndonos de consejo legal y, para los propósitos de este artículo, generando películas enteras. Ahora incluso empieza a haber una parte significativa de la población occidental que no solo la usa diariamente, sino que admite que estaría completamente perdida sin ella. Que se ha acostumbrado tantísimo a abrir ChatGPT ante cada pregunta que pueda tener que encuentra dificultades para tener cualquier tipo de conversación seria sin él. Hay incluso un apodo peyorativo para este tipo de personas en Internet: los prompt goblins —los duendecillos de los prompts—.
La preocupación social es evidente, por lo que la pregunta es: ¿qué sitio ocupa el ser humano en un panorama que cada vez hace más obsoletas sus habilidades? Para descubrirlo en el ámbito audiovisual —pues no voy a pretender saber sobre mucho más—, desde Vanidad hemos entrevistado a tres figuras clave en el mundo del cine para intentar resolver esta pregunta: la actriz española Mireia Oriol, el director de cine argentino Lorenzo Ferro y el productor de cine Miguel Asensio, que acaba de terminar su primera película hecha casi por completo por IA, de la que pudimos ver una parte en el festival de Iberseries.
Mireia Oriol: ¿podrá la IA sustituir a los actores?
Quise empezar con la perspectiva de los actores porque me interesaba saber hasta qué punto ellos pensaban que podían ser reemplazables como trabajadores. Yo tenía —y tengo— una teoría muy simple. Por mucho que avance la tecnología, por mucho que se pueda recrear a una preciosa o a un precioso nuevo personaje de cualquier nueva serie adolescente o película comercial y por muy económico que eso resulte para las productoras… La audiencia quiere a sus estrellas. A las personas reales a las que admirar o con las que sentirse identificadas; personas a las que seguir en redes. ¿Qué sería del mundo de las estrellas sin la necesidad de chisme de la audiencia? Y, no menos importante, ¿a qué se dedicaría Belén Esteban? He tenido que limitarme a la perspectiva de una sola actriz, asumiendo cierta homogeneidad entre las respuestas de los actores, aunque, por supuesto, su opinión no tiene por qué ser representativa de todos ellos.
Fotograma de «Soy Nevenka», película protagonizada por Mireia Oriol, quien reflexiona sobre el futuro de los actores ante el avance de la inteligencia artificial en el cine
Al preguntarle a Mireia Oriol si los actores están especialmente expuestos a ser reemplazados por la inteligencia artificial o si el público siempre necesitará el factor humano, la actriz reconoce la incertidumbre que rodea al futuro de su profesión: «Todo evoluciona tan rápido que es difícil saber hacia dónde va a ir esto. Ahora ves cosas hechas con inteligencia artificial y te das cuenta de que son inteligencia artificial, pero no sé si dentro de unos años serán capaces de hacer una copia absoluta». Una posibilidad que, como ella misma admite, no deja de inquietarla: «Sí que me da un poco de miedo. Hay trabajos en los que entiendo que puede ser positivo utilizar una inteligencia artificial si se hace un buen uso, pero hay otros tan vocacionales que, si eres sustituido por una máquina, me parece triste».
De Will Smith a Baudrillard: cuando la inteligencia artificial imita la realidad
Hay una famosa ley tácita en el mundo de la tecnología, la llamada Ley de Moore, según la cual la capacidad de computación tiende a crecer exponencialmente, duplicándose aproximadamente cada dos años. En el mundo del vídeo generativo de IA se suele ver con esta imagen que tenemos debajo.
Por absurdo que parezca, cuanto mejor sea la habilidad del Will Smith generado por IA para comer espaguetis, más cerca estaremos del hipotético apocalipsis por inteligencia artificial. Mireia —y esto es mi inducción sobre su respuesta— sabe que dentro de poco tiempo podrás ver un vídeo generado enteramente por IA y será imposible saber si fue grabado o generado. Espera, como espero yo, que nunca llegue a ser lo suficientemente «cándido» como para ser utilizado en el mundo del cine; pero la realidad es que ese es el camino en el que estamos.
Will Smith generado con inteligencia artificial: imagen viral del actor comiendo espaguetis, utilizada como ejemplo de los avances y las posibilidades de la IA generativa en vídeo
El famoso filósofo posmoderno Jean Baudrillard, en su libro Simulacro y simulación, ya expuso la tesis de que, en algún momento del pasado, habíamos dejado de avanzar como sociedad y que todo lo que vivíamos a día de hoy era una mera réplica. Una copia de una copia de una copia. Que cuando un verdadero vaquero americano se iba a trabajar, él era el que empezaba a vestirse como John Wayne en vez de lo contrario. Que la realidad empezara a copiar a la televisión en vez de al revés ya se veía inevitable en 1981, cuando escribió el libro. ¿Qué diría ahora si viera hasta qué punto hemos llegado?
Lorenzo Ferro y el valor de la experiencia humana frente a la IA
También quería saber la opinión de un director, de alguien cuya labor fuera la de examinar la realidad para representarla, por lo que, cuando tuve la oportunidad de entrevistar al actor y director de «El Tren Fluvial», Lorenzo Ferro, en la entrevista que le hicimos, no me corté al preguntarle. La conversación giró en torno a cómo la inteligencia artificial podría afectar a las historias que se cuenten a partir de ahora y al riesgo de que, sin experiencias reales que las alimenten, terminen convirtiéndose en una repetición de sí mismas. Especialmente teniendo en cuenta que «El Tren Fluvial« nace precisamente de la experiencia, de personas reales y, sobre todo, de su protagonista, Milo.
«A ver. No es como si no viniéramos ya por mal camino. Entiendo que la gente se queje y yo tampoco estoy muy a favor, pero tampoco es que antes estuviéramos sacando flores de las palmas de nuestras manos y de repente apareció la IA. Pero por eso, porque cada día estamos más privados de la experiencia, y la experiencia es lo que te permite contar y lo que alimenta y nutre la imaginación», afirmaba el argentino.
Para Ferro, el problema va incluso más allá de la propia inteligencia artificial. Su preocupación tiene que ver con una sociedad cada vez más obsesionada con la productividad y la necesidad de aprovechar cada segundo: «El tema de la IA no es algo que me interese demasiado pensar o reflexionar. Tampoco siento que le vaya a ganar al cine que hacemos nosotros y que nos gusta. Nunca va a poder imitar ciertas cosas. Puede reemplazar la publicidad o acelerar procesos, pero hay cosas que son irremplazables. A mí lo que me da más temor es la optimización del tiempo. Esta idea de que hay que optimizarlo todo, de que no puede haber tiempos muertos y cada vez existe menos posibilidad de aburrirse».
«El tren fluvial»: fotograma de la película del cineasta argentino Lorenzo Ferro, que reivindica la experiencia humana como fuente de inspiración frente al avance de la inteligencia artificial
El aburrimiento como motor de la creatividad: lo que la IA no puede reemplazar
Una reflexión que le lleva a reivindicar precisamente aquello que parece estar desapareciendo: el aburrimiento como espacio necesario para la imaginación y la creatividad. «Poder aburrirse, para las cosas que nos gusta hacer, es un privilegio. Del aburrimiento nacen muchas cosas, sobre todo las preguntas. Y hay que quemar preguntas, quemar preguntas, quemar preguntas. Y la IA la veo muy fuera de eso. No sé. No sé qué va a pasar. Ojalá no pase nada, que sea como un boom y desaparezca. Pero no sé. A veces pienso que sería mejor retroceder en algunos aspectos. Nosotros somos una generación que siente mucha nostalgia de cosas que no vivimos. Quizás por eso romantizamos tanto el pasado. Que también ocurrían cosas horribles en el pasado, por supuesto, mucho más que ahora. Pero desde luego había algo que ahora no está. Es difícil de verbalizar, pero creo que había más ternura. Y, bueno, la IA, Spotify, Netflix, todas esas cosas vienen a matar un poco eso. Pero tampoco uno puede nadar contra la corriente porque, si no, tendría que vivir en un campo», señala Ferro.
«Pelagius»: la película de Miguel Asensio creada con inteligencia artificial que desafía al cine tradicional
Aun así necesitaba una perspectiva más. Tenía que encontrar a alguien que no solo no viera el mundo de la inteligencia artificial en el cine como una razón para desesperarse, sino todo lo contrario: como una manera de contar las historias que, de otra forma, hubiera sido imposible contar. Alguien que viniera atraído a la IA generativa no desde la querencia monetaria, no desde la efectividad, sino desde la pasión. Y entonces vi la noticia que necesitaba: «Pelagius», la película hecha casi enteramente por inteligencia artificial generativa, sería expuesta por su director, Miguel Asensio Llamas, en el festival Iberseries & Platino Industria de Madrid.
Este festival, que se celebra cada año, es una gran convención que junta a todas las grandes productoras de los países de habla hispana o portuguesa para hablar de los proyectos que están desarrollando y dar charlas sobre su mundo. Por lo que conseguí mi acreditación —de lo mejor del periodismo son las tarjetitas casi mágicas que te abren tantísimas puertas— y atendí a la presentación de su película. Me puse en primera fila y así, cuando la presentación se dio por terminada, pude acercarme a él corriendo, con las notas de voz de mi móvil ya funcionando, y hacerle la entrevista.
Lo primero que quise saber fue si, desde su experiencia, la inteligencia artificial acabaría sustituyendo al cine convencional o si ambos mundos podrían convivir. Su respuesta fue clara: «No. Va a transcurrir en paralelo. El cine es el cine y esto es esto. Igual que haces películas de animación, películas de 3D, pues hay películas de IA y las habrá. Las personas tienen miedo a perder su puesto de trabajo, pero hay sitio para todo», zanjó.
«Pelagius»: fotograma de la película de Miguel Asensio Llamas, creada casi íntegramente con inteligencia artificial generativa y presentada en Iberseries & Platino Industria
¿Es más barato hacer una película con inteligencia artificial?
Pero más allá del debate sobre la sustitución de los profesionales, había otra cuestión que me interesaba especialmente: el dinero. Durante la presentación, Asensio había explicado que para crear Pelagius habían generado más de 17.000 planos mediante inteligencia artificial, con un equipo de siete u ocho personas, sin contar con los historiadores. ¿Hasta qué punto había supuesto un ahorro frente a un rodaje convencional?
«Sí. Tú imagínate… Yo qué sé cuánto salió esta película: fueron 300.000 o 400.000 euros. Pero tú imagínate cuánto te puede costar esto habiéndolo grabado: ocho millones, nueve millones. La diferencia es mucha. Pero es que esto viene para ayudarnos, para contar historias que no se pueden contar con imagen real porque no tienes el dinero», señala Asensio.
Sin embargo, ese ahorro tampoco parece estar garantizado para siempre. El propio productor reconoce que las herramientas de inteligencia artificial están encareciéndose a medida que evoluciona la tecnología: «Ahora, lo que pasa es que esto cada vez está más caro. Me refiero a los créditos: antes los programas eran muy baratos y ahora cada vez están más caros. Con el tiempo va a volver a pasar lo mismo: acabará siendo un poco lo mismo».
Y cuando le pregunto si, entonces, la gente no debería preocuparse tanto por el avance de esta tecnología, insiste en esa misma idea: «Yo creo que no. Es que cada vez es más caro. Yo lo veo: desde que empezamos hasta ahora han subido diez veces… Si lo quieres acabar en 4K, claro. Cada vez es más caro».
¿Puede una máquina crear verdadero arte?
Hay una pregunta que siempre me hago a mí mismo cuando empiezo a discutir con mis amigos el tema de la IA. ¿Nos interesa el arte por el producto final o porque fue una persona la que lo hizo? Yo veo «El jardín de las delicias», de El Bosco, y me alucina la proeza técnica que ejemplifica. Pero, sobre todo, por encima de cualquier sentimiento de asombro hacia su belleza plástica que pueda acarrear, me alucina que fue una persona como yo la que lo hizo. El arte es, antes que cualquier cosa, una forma de comunicación humana. Es una forma de transmitir algo que solo podrías haber vivido con años de experiencia en un solo momento. De transmitir las vicisitudes de toda una relación sentimental en una sola fotografía, un solo cuadro, una sola película. Nos ayuda a comprender el mundo como no podríamos haberlo hecho si no fuera por la experiencia. ¿Puede una IA hacer lo mismo? ¿Vale la pena incluso si lo hace?
«El jardín de las delicias», el célebre tríptico de El Bosco, una de las grandes obras de la historia del arte, que invita a reflexionar sobre la creatividad humana frente a la inteligencia artificial
Al igual que mis dos primeros entrevistados, no lo sé del todo. Me gustaría pensar que el verdadero arte solo lo podemos crear los humanos. Que una máquina nunca podría crear algo verdadero, efectivamente, «porque le faltan los traumas infantiles», y me da miedo pensar lo contrario. Al final de todo, nos tenemos que preguntar la razón por la que quisimos hacer arte en primer lugar. Y ver si lo importante fue nuestra proeza o que estuvimos ahí para desarrollarla.