«TIEMPOS DE ILUSIÓN»: la película francesa que nos devuelve las ganas de enamorarnos del cine
Louis Garrel y Camille Cottin protagonizan «Tiempos de ilusión», una emotiva comedia francesa sobre la familia, la adolescencia y el paso del tiempo. Imagen: A Contracorriente Films
Los directores de «Intocable» regresan con «Tiempos de ilusión», una comedia francesa emocionante, divertida y extraordinariamente humana que confirma que las mejores historias son aquellas capaces de hacernos reír, llorar y recordar quiénes fuimos. A Contracorriente Films vuelve a regalarnos una de esas películas que justifican, por sí solas, el placer de sentarse en una sala de cine
«Tiempos de ilusión»: la nueva película de los directores de «Intocable» que te hará reír y emocionarte
Hay películas que entretienen, otras que emocionan y unas pocas que consiguen algo mucho más difícil: reconciliarnos con la vida. «Tiempos de ilusión», la nueva película de Olivier Nakache y Éric Toledano, pertenece a esta última categoría. Ayer, 29 de octubre, durante su preestreno en los Cines Verdi de Madrid, volvimos a experimentar esa sensación que tanto echamos de menos cuando salimos del cine: la de haber asistido a algo especial, de querer quedarnos un poco más en la butaca y de llevarnos a casa unos personajes que, durante casi dos horas, han conseguido formar parte de nuestra propia familia.
En una época en la que las plataformas, las franquicias interminables y los algoritmos parecen haber convertido el cine en un producto de consumo rápido, encontrar una película como «Tiempos de ilusión» es casi un pequeño acontecimiento. Una historia que no necesita grandes artificios ni efectos especiales para conquistar al espectador. Le basta con algo mucho más poderoso: personajes verdaderos, situaciones reconocibles, un humor irresistible y un corazón enorme. Y qué maravilla comprobar que todavía se hacen películas así.
«Tiempos de ilusión»: volver a tener trece años, aunque ya hayamos cumplido muchos más
La historia nos traslada a 1985, a las afueras de París, donde Vincent, un niño que está a punto de cumplir trece años, intenta comprender un mundo que empieza a resultarle desconcertante. Sus padres discuten, su hermano mayor parece vivir en otro planeta y él comienza a descubrir el amor, el deseo, la amistad y todas esas preguntas que aparecen cuando dejamos de ser niños sin saber todavía qué significa convertirse en adultos.
Pero lo verdaderamente guay de «Tiempos de ilusión» es que no estamos únicamente ante una película sobre la adolescencia, sino también sobre nuestros padres y sobre lo poco que sabíamos de ellos cuando éramos pequeños. Porque, mientras nosotros crecíamos convencidos de que los adultos tenían todas las respuestas, ellos también estaban improvisando. También tenían miedo, cometían errores, se enamoraban, discutían y trataban de encontrar su lugar en el mundo.
Ese es, precisamente, uno de los grandes aciertos de la película: mostrarnos que crecer no es una experiencia reservada a los niños. Nuestros padres también crecían mientras nosotros lo hacíamos. Nakache y Toledano consiguen que esa reflexión, que podría haber dado lugar a un drama sentimental, se convierta en una comedia luminosa, inteligente y extraordinariamente divertida. Te ríes muchísimo. Te emocionas cuando menos lo esperas. Y, sin apenas darte cuenta, terminas recordando tu propia infancia o lo que es ser padre.
Los años ochenta están presentes en la música, la ropa, los peinados, los interiores domésticos y aquella manera de relacionarnos que hoy parece pertenecer a otro universo. Pero la nostalgia nunca se convierte en el único argumento. La película funciona porque habla de sentimientos universales que siguen siendo exactamente los mismos cuarenta años después.
Fotograma de «Tiempos de ilusión», la nueva película de los directores de «Intocable», ambientada en la Francia de los años ochenta
Louis Garrel y Camille Cottin: el reparto de «Tiempos de ilusión»
Una buena parte de la magia de «Tiempos de ilusión» reside en su magnífico reparto. Louis Garrel y Camille Cottin interpretan a unos padres alejados de cualquier idealización cinematográfica de la familia perfecta. Se quieren, se desesperan, se contradicen y, en ocasiones, parecen tan perdidos como sus propios hijos. Garrel vuelve a demostrar que es uno de los intérpretes más interesantes de su generación, capaz de combinar una comicidad muy particular con una vulnerabilidad que hace que sus personajes resulten profundamente humanos.
Camille Cottin está sencillamente maravillosa. Su personaje tiene fuerza, personalidad, contradicciones y esa naturalidad que convierte cualquier escena cotidiana en algo emocionante. Y Simon Boublil, en el papel del joven Vincent, aporta la mirada que sostiene toda la película. Su interpretación nos permite recuperar esa mezcla de ingenuidad, curiosidad, inseguridad y entusiasmo con la que descubrimos por primera vez el mundo de los adultos. El resultado es una familia que podría ser la nuestra, con todas sus imperfecciones. Y quizá por eso nos toca tanto el corazón.
Olivier Nakache y Éric Toledano: los directores de «Intocable»
La carrera de Olivier Nakache y Éric Toledano constituye uno de los ejemplos más interesantes del cine popular francés contemporáneo. Su colaboración comenzó con cortometrajes a finales de los noventa y dio el salto al largometraje con «…Y tan amigos» (2005). Después llegarían «Aquellos días felices» (2006) y «Tan cerca» (2009), dos comedias que ya mostraban su interés por los personajes corrientes, los conflictos cotidianos y las relaciones humanas.
Pero fue en 2011 cuando lograron un éxito internacional extraordinario con «Intocable», un peliculón y uno de los grandes éxitos de A Contracorriente Films. Esta película, protagonizada por François Cluzet y Omar Sy, sobre aquella inolvidable historia de amistad, superó los 19 millones de espectadores en Francia y demostró que una película podía ser comercial, divertida y profundamente conmovedora sin renunciar a su personalidad.
Escena de «Tiempos de ilusión», la comedia francesa de Olivier Nakache y Éric Toledano que combina humor, nostalgia y emoción
Después llegarían «Samba» (2014), con Charlotte Gainsbourg y Omar Sy; la extraordinaria comedia coral «C’est la vie!» (2017); «Especiales» (2019), una de sus propuestas más comprometidas y emotivas, y «Un año difícil» (2023), donde utilizaron nuevamente el humor para observar las contradicciones de nuestra sociedad.
Su filmografía comparte una característica que considero fundamental: nunca confunden la sensibilidad con el sentimentalismo ni el entretenimiento con la superficialidad. Sus películas hablan de personas, de solidaridad, de familias, de amistad, de nuestras debilidades y de la necesidad de encontrar motivos para seguir adelante. Y consiguen hacerlo sin perder la sonrisa. Y, bueno, son tan guays (y perdón por repetir el término). Con «Tiempos de ilusión» vuelven a demostrar que dominan como pocos ese difícil equilibrio entre la carcajada y la emoción. Quizá no pretendan reinventar el lenguaje cinematográfico. Pero hacen algo que, en estos tiempos, me parece todavía más valioso: consiguen que el público salga feliz del cine.
A Contracorriente Films: una distribuidora que sigue haciendo que nos enamoremos del cine francés
Quienes seguimos de cerca los estrenos cinematográficos en España sabemos que esta distribuidora se ha convertido en uno de esos nombres que merecen especial atención. La empresa barcelonesa, fundada en 2009, ha construido un catálogo extraordinario, apostando por el cine europeo, las historias humanas y las películas capaces de conectar con públicos de distintas generaciones.
Desde Vanidad ya hemos dedicado espacio a propuestas distribuidas por la compañía como «Flores para Antonio», el emocionante documental sobre Alba Flores y la memoria de su padre. Una película que, desde un registro muy diferente, también demuestra el poder del cine para recuperar recuerdos, abordar nuestras relaciones familiares y conectar con las emociones más profundas. Y hoy quiero volver a destacar el extraordinario criterio de esta distribuidora porque, con «Tiempos de ilusión», A Contracorriente nos ha vuelto a emocionar y, sobre todo, nos ha devuelto las ganas de meternos en una sala de cine.
Entre las magníficas películas francesas que ha llevado a las pantallas españolas encontramos títulos tan inolvidables como «Intocable», «Especiales», «Pequeñas mentiras sin importancia», de Guillaume Canet; «Los seductores», con Romain Duris y Vanessa Paradis; «Mañana empieza todo», protagonizada por Omar Sy; o la divertidísima «Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?». Son películas diferentes, pero muchas de ellas comparten esa capacidad tan francesa de combinar el entretenimiento con una mirada inteligente y afectuosa sobre nuestras relaciones personales.
Si tuviera que elegir mis cinco favoritas entre las grandes películas francesas del catálogo de A Contracorriente, «Tiempos de ilusión» entraría directamente en ese grupo privilegiado, acompañando a «Intocable», «C’est la vie!», «Pequeñas mentiras sin importancia» y «Mañana empieza todo». Y no me parece un elogio pequeño.
Cartel oficial de «Tiempos de ilusión», la nueva comedia francesa de Olivier Nakache y Éric Toledano, directores de «Intocable»
¿Por qué merece la pena ver «Tiempos de ilusión»?
Más de dos millones de espectadores han disfrutado ya de «Tiempos de ilusión» en Francia. Ahora llega a nuestras salas —el 30 de octubre de 2026— con todos los ingredientes para convertirse en uno de esos pequeños grandes éxitos que se construyen gracias a las recomendaciones personales. Porque esta es, por encima de todo, una película que apetece recomendar.
A los amigos, a nuestras parejas, a nuestros padres y a nuestros hijos. A quienes vivieron su adolescencia en los años ochenta y a quienes todavía están descubriendo lo complicado y maravilloso que puede resultar hacerse mayor. Y aunque conectará de una manera especialmente intensa con quienes reconocemos aquella época, su mayor virtud es precisamente que no necesita que hayamos vivido esos años para emocionarnos. «Tiempos de ilusión» es una celebración de la vida cotidiana, de las familias imperfectas, de los primeros amores, de los errores que cometemos y de todas esas pequeñas cosas que, cuando pasan los años, terminan siendo las verdaderamente importantes.
Salí de los Cines Verdi con una sonrisa y con esa emoción difícil de explicar que dejan las películas que nos recuerdan algo esencial sobre nosotros mismos. Y también con una certeza: necesitamos más cine como este. Historias que nos diviertan, que nos hagan pensar, que nos emocionen sin avergonzarse de hacerlo y que nos permitan compartir durante un par de horas algo tan sencillo y extraordinario como nuestra propia humanidad. Gracias a Olivier Nakache y Éric Toledano por recordárnoslo y por seguir apostando por películas que merecen ser vistas en pantalla grande. «Tiempos de ilusión» no es solamente una de las comedias francesas más bonitas que podremos ver este año. Es una de esas películas que nos recuerdan por qué nos enamoramos del cine. No os la perdáis.