Si hablamos de Amaia, podríamos decir que estamos ante la dicotomía en persona. Solo ella es capaz de ganar el concurso musical más mainstream de su generación y acabar convirtiéndose en la favorita de los indies. Solo ella puede hacer que todo un estadio cante al unísono a pleno pulmón de la misma forma que consigue paralizarlo en un silencio absoluto, desde la admiración más profunda. Solo Amaia puede retorcer el corazón con covers de canciones que en su origen estaban pensadas para bailar, y solo ella es capaz de conectar con cada una de las 15.000 personas presentes anoche en el Movistar Arena como si de una amiga íntima se tratase.

AMAIA conquista Madrid: el desarrollo de una estrella en cuatro actos
Dividido en cuatro actos, la pamplonica nos tenía preparado uno de los shows más completos que cualquiera de los allí presentes podía imaginar… Con una puesta en escena casi tan teatral como su propia interpretación y bailes, una orquesta clásica sumada a sus músicos de confianza y a su destreza al piano (y al arpa) y un coro que hasta al más ateo transportaba a las puertas de una misa, Amaia sorprendió con la aparición de su amiga y compañera en La Academia de OT, Aitana, desatando la euforia del público y demostrando una complicidad que se mantiene intacta tras ocho años.

Ahora bien, aunque todo esto suene a extravagancia y opulencia, la realidad es que Amaia no necesitó más que su voz y sus letras para sobrecogernos.
Así, a lo largo de la velada, la cantante desgranó temas de sus tres álbumes, incluyendo éxitos como «El relámpago» y «Yo invito», además de nuevas joyas como «Magia en Benidorm», «Nanai» y «Auxiliar». La versatilidad de Amaia también quedó patente al interpretar versiones como «Zorongo gitano» de Lorca o «Me pongo colorada», original del grupo Papá Levante, aportando su sello personal y conectando con las raíces de la música española.

Pero la esencia de lo que hace que Amaia sea única reside en su forma de ver las cosas, la cual se plasma en los versos que escribe y en su estilo inconfundible, pero especialmente en la naturalidad y cercanía con la que se dirige a sus fans, compartiendo anécdotas y reflexiones que generaron un ambiente íntimo pese a la magnitud del recinto. Eso sí, siempre agradecida e ilusionada por ello.

En definitiva, con «Si abro los ojos no es real», Amaia ha demostrado que su evolución artística va de la mano con una conexión profunda con toda una generación, ofreciendo un espectáculo que (cuanto menos) «quedará en nuestra mente y ya está».
Lulu Callejas: @lulu.callejas
Imágenes: ©Sharon López