"Muéstrame tus maletas, y te diré quién eres" decía el eslogan de 1921 de la primera tienda de maletas que abría Louis Vuitton en la parisina Avenida de los Campos Elíseos. En el cartel aparecía un botones acarreando una de las maletas de los huéspedes, una de esas maletas Vuitton a las cuales el adjetivo "clásico" se les va quedando corto. Ya por entonces, a principios del siglo XX, se las relacionaba automáticamente con el lujo y la distinción, cuando la high class viajaba a las grandes capitales del mundo, como Nueva York, París, Londres, Tokio o Shangai y se hospedaban en los mejores hoteles con sus baúles LV. En estos, era habitual que los más experimentados pegaran las etiquetas de los hoteles por donde había pasado a modo decorativo y de pavoneo, claro. Pues bien, como homenaje a la intrínseca relación de la firma con los viajes, el llavero Groom recupera la figura del botones, aquel discreto personal que era capaz de anticipar una generosa propina sólo con ver el equipaje de los clientes, el cual marcaban como "muy generoso", "malo", "antipático pero bien", "sin experiencia en viajes" e incluso "desagradable sanguijuela". Mucho cuidado con el botones, es lo único que nos queda por decir. Por Amanda Cámara

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