Charlotte Keates protagoniza la sección de arte de nuestro número otoño-invierno 2025/26. Tras su paso por Madrid, aprovechamos la oportunidad de sentarnos con ella para hablar sobre las ventajas de trabajar de noche, buscar el equilibrio en el arte, o pasar del 2D a lo tridimensional.
Hay algo en las obras de Charlotte Keates que invita a explorar cada rincón, cada detalle, cada línea y cada textura. Dice que sería una arquitecta horrible porque usa más la imaginación que la realidad a la hora de pintar esos interiores tan bonitos y coloridos que la han llevado a exponer en galerías de varias ciudades y a colaborar con Hermès. Y está genial, cada uno tiene su fuerte; el suyo es traducir lo que siente y lo que la inspira (letras de canciones, juegos de luces y sombras, fotogramas de películas) en unas obras increíbles.
Retrato de Charlotte Keates.
Charlotte Keates: «Trabajar en el ámbito de los interiores me mostró todas las razones por las que no era diseñadora, sino artista»
Trabajaste a tiempo parcial en el mundo del diseño de interiores antes de dedicarte por completo a la pintura. ¿Cómo crees que esa experiencia ha influido en lo que pintas ahora?
Estudié pintura durante cuatro años y me mudé a Londres justo al graduarme, así que no podía permitirme ser pintora a tiempo completo de inmediato y quería trabajar en algo que siguiera siendo creativamente inspirador, aunque la pintura siguiera siendo mi enfoque principal. Creo que trabajar en el ámbito de los interiores me mostró todas las razones por las que no era diseñadora, sino artista: no quería seguir tendencias ni buscar estilos. Pero fue muy valioso para mí poder pensar en los patrones y la composición de una manera más amplia.
Conocí a algunos artesanos y creadores increíbles. Por ejemplo, trabajé con papel pintado original hecho a mano con bloques. También conocí a maestros tintoreros (de pasamanería) que tiñen sus sedas completamente a ojo, mezclando pigmentos de manera intuitiva y rítmica. Del mismo modo, como pintora, yo mezclo mis pinturas guiándome por la intuición y dejando que el panel me marque el camino.
Me pregunto si alguna vez pensaste en dedicarte al diseño de interiores o incluso a la arquitectura como posibles carreras.
Creo que sería una arquitecta horrenda. A menudo noto que los arquitectos que miran mi trabajo o lo aman o lo odian. Desde luego, nunca cumpliría con las normas ni las regulaciones, los espacios que pinto son completamente inventados. Cuando empiezo un cuadro, nunca tengo un plan sobre cómo va a terminar. Se trata de avanzar guiándome por la intuición e ir resolviendo sobre la marcha, intentando que parezca un espacio o un lugar creíble. Ese desafío es, para mí, la parte divertida.
A veces los describo como paisajes oníricos o interiores. Creo que, para quien los observa, es como entrar en un mundo que parece comprensible pero en realidad nada funciona ni se siente del todo real. A menudo hay una falta de base o de gravedad en mis obras, y me gusta la idea de que sean espacios flotantes, indefinibles, intangibles.
«Butterfly Leaves» en el estudio.
Parece que te atraen los espacios racionales: las líneas limpias, la simetría y la geometría. ¿Cómo te hablan esas cualidades de una habitación o de un edificio?
Siempre me han atraído las líneas o las esquinas donde se encuentran dos paredes, y esos puntos donde algo pasa del primer plano al plano medio. Tiene que ver con la manera en que las formas funcionan dentro de un espacio y con cómo puedo estirarlas para que una composición resulte creíble. Hay algo muy hermoso en el encuentro de dos colores inesperados, y eso lo puedes ver constantemente a tu alrededor, si sabes observar. Siempre espero que en mis obras exista ese elemento de sorpresa, y puede ser algo tan sutil como la posición de una mesa frente a una pared y las sombras que no encajan, o la forma en que una escalera se transforma en el plano liso de una pared y termina en ninguna parte.
¿Cuál crees que es la habitación o el espacio más importante de una casa, y por qué?
Buena pregunta. Para mí, es el lugar donde esté el asiento más cómodo. Creo que se puede decir mucho por la forma en que se colocan o se dejan los sillones. Contienen una historia y una experiencia humana, y dicen mucho sobre quién vive allí. Los sillones o un sofá cómodo guardan muchos hilos de memoria y representan el cuerpo con facilidad. También pienso que son, de alguna manera, las raíces de un hogar: el lugar donde elegimos colocar ese asiento suele ser donde más deseamos pasar nuestro tiempo.
«The World Softened and Smeared» en el estudio.
En anteriores ocasiones has revelado que eres más creativa por la noche. ¿Pintar con colores tan llamativos hace que esas horas oscuras se sientan más luminosas?
Hay algo mágico en trabajar de noche, cuando todo lo demás está quieto y en calma. Hay pocas interrupciones, aunque me resulta un poco más difícil trabajar de noche desde que tengo a mi hija. Pero no creo que esas horas oscuras necesiten volverse más brillantes; me encanta la oscuridad y estar dentro, creando en silencio. Creo que la oscuridad elimina las distracciones y las disuelve.
Los colores que elijo son totalmente intuitivos. Se trata de trabajar según cómo me siento en ese instante, con algo de referencia a la teoría del color y divirtiéndome con la forma en que los tonos pueden convivir o superponerse entre sí. Creo que mi obsesión por el color siempre estará ahí, porque siempre hay nuevos matices y versiones de pintura por descubrir, manipular y con las que trabajar.
Además de la arquitectura, otro elemento importante en tu trabajo es la flora. ¿Qué importancia le das al equilibrio entre lo natural y lo artificial?
Creo que gran parte de mi trabajo tiene que ver con encontrar un equilibrio en términos de color, luz y oscuridad. Y también entre textura y detalle. Por supuesto, existe esa lucha constante entre la construcción y la naturaleza, que me parece siempre un baile delicado. Se trata de crear espacios que parezcan creíbles y reales pero que nunca podrían existir de verdad. Hay algo romántico en el follaje, en la forma en que se retuerce y atraviesa los elementos arquitectónicos. Para mí, representa los gestos libres y fluidos, y es lo que une la obra, lo que la arraiga en un mundo que, al principio, podría parecer real.
Instalación en la terraza de Hermès, New Bond Street, Londres.
Cuando llegó la pandemia, mucha gente empezó a prestar atención a su entorno y se dieron cuenta de que habían descuidado sus espacios privados. ¿Cómo te afectó a ti ese periodo? ¿Influyó en tu manera de acercarte a los interiores?
El no poder escapar, viajar y experimentar nuevos entornos y culturas me hizo reflexionar más sobre mi propio entorno. Pero, en lugar de concentrarme en los espacios inmediatos que me rodeaban, encontré inspiración en fotogramas de películas, fotografías antiguas, libros y poesía. Creo que siempre he buscado imágenes de una forma muy bidimensional, y luego confío en mi imaginación para llenar los vacíos o crear nuevas narrativas.
Durante ese tiempo hice unos dibujos diarios que llamé ritual drawings, con marcas monocromáticas, de un solo color, sobre pape, que se centraban en la textura, la forma y la línea dibujada. Creo que esos dibujos han influido en mis pinturas todavía a día de hoy, aunque en ese momento no me daba cuenta. En cierto modo, eran como entradas de un diario visual.
Sé que has estado recientemente en Madrid. Siento que te habrán gustado sus colores y arquitectura. ¿Qué te pareció la ciudad?
Disfruté mucho la sensación de calma que transmitía. Gran parte de mi trabajo trata de intentar representar una sensación de familiaridad y evocar una emoción, a veces de calma. Por eso me gusta tomar notas cuando estoy en lugares nuevos, sobre lo que siento, escucho y veo. De ese modo puedo recurrir a esas palabras para inspirar nuevas obras y transportarme de nuevo a un momento en el tiempo y a cómo percibí mi entorno.
Madrid me pareció muy limpia, con esos árboles grandes y hermosos que rompen los bloques de edificios. Y la luz es preciosa; creo que tengo unas cincuenta fotos en el teléfono de sombras y reflejos sobre las fachadas, mientras la luz bailaba y cambiaba los colores de las columnas y los balcones.
«Ritual 01 ink on».
Hace poco colaboraste con Hermès, ¡felicidades! Transformaste la boutique de Bond Street con una gran instalación en 3D. ¿Podrías contarnos más sobre cómo surgió esa colaboración y cuál fue el proceso creativo detrás de la pieza?
Muchas gracias. Sí, fueron diez vitrinas en New Bond Street, además del Royal Exchange en Londres y también en Dublín. Hermès me invitó a convertir mis pinturas en 3D para sus vitrinas, respondiendo al tema Drawn to Craft. Hice miniaturas de mis pinturas, como pequeñas ventanas a escala, y quería que hubiera una fluidez entre ellas. Luego me pidieron que creara las ventanas en 3D como si fueran instalaciones en su terraza.
Para mí fue un gran desafío, siendo una artista muy bidimensional, pero, por supuesto, un honor enorme. Espero que quien las vea sienta que está invitado a entrar en una pintura y a formar parte de la narrativa. Fue un proceso fascinante trabajar con el equipo de Andy Knight Ltd, que ayudó a materializar el proyecto. Aislamos elementos de mis pinturas y decidimos cómo hacer que cada uno pareciera haber sido literalmente levantado de la obra, manteniendo siempre la fisicidad de la pintura y el color.
La influencia de la arquitectura y el diseño de interiores es la más fácil de notar, pero seguro que también te inspiran otras disciplinas como la escultura, la literatura o el cine, como me has comentado antes. ¿Cuáles son algunas de tus obsesiones actuales?
Siempre me influyen la escultura y las instalaciones. Me encantan Richard Serra, Louise Bourgeois y Rachel Whiteread. También he estado recopilando textos y letras de canciones, que me resultan muy útiles en mi proceso. Me gusta anotar una letra o algo poético con la esperanza de que esas palabras puedan desencadenar una pintura. Se trata de encontrar algo que despierte esa necesidad de crear en respuesta, y en realidad puedo hallarlo en muchos proyectos de investigación. Pero ahora mismo todo gira en torno a reunir y coleccionar en respuesta a la palabra escrita.
«If these charis could talk».
Texto: Arnau Salvadó @arnaumauvais
Imágenes: cortesía de Cristóbal Galicia Art Advisory y Charlotte Keates