Las BRUJAS vuelven a reinar en el cine: de «Maléfica» a «Wicked: Parte II»
riana Grande y Cynthia Erivo como Glinda y Elphaba. Imagen: @wickedmovie.
El estreno de «Wicked: Parte II» y el fenómeno Ariana Grande han devuelto a las brujas al centro de la conversación cultural. Del éxito de «Maléfica» al impacto de «Suspiria» o «Sabrina», el cine y las series reescriben el mito de la bruja como icono feminista, poderoso y contemporáneo. Así se ha convertido en la figura clave de 2025.
La conversación global gira estos días en torno a «Wicked: Parte II», a su estreno inminente y a la dupla Ariana Grande y Cynthia Erivo, quienes han convertido su tráiler (y su amistad) en uno de los eventos pop del mes. Pero el verdadero fenómeno cultural no es solo la película: es el regreso de la bruja como figura clave del cine y la cultura visual contemporánea.
Durante décadas, la bruja fue villana, amenaza o alegoría del miedo colectivo hacia las mujeres que no obedecían. Hoy es exactamente lo contrario: un símbolo de poder, identidad, diferencia y resistencia. Y buena parte de esta transformación se ha construido gracias a una serie de películas y series que, desde hace más de una década, reescriben el mito desde nuevas perspectivas. A continuación, cinco obras fundamentales que explican por qué las brujas dominan el cine de, y cómo «Wicked: Parte II» se convierte en el gran punto de inflexión del movimiento.
De «Maléfica a «Wicked: Parte II»: las brujas son las reinas de la gran pantalla
1. «Maléfica» (2014-2019): la villana convertida en heroína
«Maléfica» es el live-action de Disney dirigido por Robert Stromberg y protagonizado por Angelina Jolie, inspirado en la villana clásica de «La bella durmiente». La película reimagina el cuento desde la perspectiva de la antagonista y tuvo una secuela, «Maléfica: Maestra del Mal», dirigida por Joachim Rønning. Su impacto fue enorme: convirtió a una de las villanas más temidas del imaginario infantil en un personaje complejo, emocional y protagonista absoluto de su propio relato. Y aquí es donde empieza su importancia cultural.
El personaje de Jolie deja de ser un arquetipo del mal para convertirse en un símbolo de trauma, maternidad elegida y resistencia emocional. La película desmonta el mito desde dentro: explica sus heridas, la traición, su relación con el poder y su proceso de reconstrucción. Hoy, «Maléfica» se lee como la obra fundacional del fenómeno de las «villanas reescritas»: historias como Cruella, Úrsula o las revisiones modernas de hechiceras clásicas que ya no son monstruos, sino mujeres situadas y estigmatizadas por un sistema que teme su poder.
2. «Suspiria» (2018): la brujería como fuerza colectiva, queer y artística
El remake de «Suspiria» (2018), dirigido por Luca Guadagnino y protagonizado por Dakota Johnson, Tilda Swinton y Mia Goth, reinterpreta libremente el clásico de Dario Argento de 1977. La protagonista, Susie Bannion (Johnson), se incorpora a una compañía de danza justo cuando otra alumna desaparece tras afirmar que la institución está dirigida por un aquelarre de brujas. A medida que Susie asciende dentro de la compañía, la película entrelaza su aprendizaje artístico con un entramado de rituales ocultos, luchas de poder y oscuros sacrificios que revelan la verdadera naturaleza del lugar.
Lo que distingue a «Suspiria» de otras relecturas modernas es su concepto de la bruja como fuerza colectiva. La película no gira en torno a una única hechicera, sino a un grupo de mujeres que opera como un organismo vivo: jerárquico, creativo y moralmente ambiguo. La brujería se articula a través del movimiento, de la disciplina física, de la expresión artística y del deseo de transformación espiritual. Temas como la sororidad, la identidad queer, la maternidad simbólica o la rebelión contra los sistemas de control masculino atraviesan la historia de principio a fin. Guadagnino, además, evita la tendencia contemporánea de «humanizar» a las brujas o convertirlas en víctimas. No las suaviza ni las sentimentaliza: las retrata poderosas, contradictorias, capaces de crear y destruir.
Fotograma de «Suspiria»
3. «American Horror Story»: la bruja como icono pop (y el nacimiento del aesthetic hechicero)
La tercera temporada de American Horror Story llevó la figura de la bruja al terreno del mainstream como nunca antes. Estrenada en 2013, «Coven» se sitúa en una academia secreta de brujas en Nueva Orleans y reúne a un reparto estelar (Jessica Lange, Sarah Paulson, Emma Roberts, Angela Bassett y Kathy Bates) para mezclar magia, terror, humor negro y mitología del folclore afroamericano, especialmente alrededor de la figura real de la sacerdotisa vudú Marie Laveau.
Años más tarde, «American Horror Story: Hotel» consolidaría este imaginario con otra bruja pop: Lady Gaga, cuya Condesa vampírica bebe directamente del arquetipo «Coven»: femenina, peligrosa, estilizada, una mezcla de glamour y amenaza que reforzó la estética hechicera dentro del universo AHS. Su fichaje confirmó el impacto cultural del formato: la bruja ya no era solo una figura narrativa, sino un icono de moda y actitud. Aquí, la bruja no es un monstruo ni una víctima: es influencer estética, líder emocional y símbolo de independencia radical. Una fantasía colectiva para una generación que entendió que el poder (mágico o no) también podía expresarse en forma de tacones negros y humor afilado.
Fotograma de «American Horror Story»
4. «Chilling Adventures of Sabrina» (2018–2020): la bruja adolescente en la era de la identidad híbrida
Cuando Netflix estrenó «Chilling Adventures of Sabrina» quedó claro que no estábamos ante un simple reboot. La serie, basada en el cómic homónimo de Archie Horror, reescribió por completo la versión ligera y humorística de los 90 («Sabrina, cosas de brujas») para convertirla en un relato oscuro, satánico-pop y profundamente político sobre la adolescencia contemporánea. En esta reinterpretación, Sabrina Spellman deja de debatirse entre «ser normal» o «ser bruja». El conflicto ahora es mucho más complejo y actual: obedecer a una estructura mágica (el aquelarre tradicional) o construir su propia identidad al margen de las reglas heredadas. Esta Sabrina cuestiona la autoridad, desafía rituales centenarios y rehace su mundo según sus propios términos.
La serie funciona como un espejo generacional porque aborda temas centrales de la cultura Z: emancipación, consentimiento, control del cuerpo, sexualidad fluida, amistad como familia elegida y la tensión entre tradición y autonomía. El resultado es una bruja que ya no encaja en un arquetipo fijo. Es múltiple, compleja, híbrida y políticamente incisiva, exactamente el tipo de figura que define el feminismo pop de 2025. Sabrina no destruye el mito de la bruja: lo actualiza como símbolo de resistencia juvenil, autodeterminación y experimentación identitaria.
Fotograma de «Chilling Adventures of Sabrina»
5. «Wicked: Parte II» (2026): Ariana Grande, Cynthia Erivo y el retorno definitivo de la bruja como heroína pop
El inminente estreno de «Wicked: Parte II» no solo promete cerrar una de las adaptaciones musicales más esperadas de la década, sino que también confirma una tendencia cultural que llevaba tiempo tomando forma: la bruja ha vuelto a ocupar el centro simbólico del cine contemporáneo. La historia, basada en el musical de Broadway que reescribe «El mago de Oz» desde la perspectiva de la supuesta villana, ofrece un giro que hoy resulta especialmente relevante: Elphaba (Erivo) y Glinda (Grande) no representan la dicotomía «bruja mala» y «bruja buena», sino una revisión feminista del poder, la amistad y la narrativa oficial. Lo que antes se contaba como rivalidad ahora se presenta como manipulación política, propaganda y control institucional. «Wicked: Parte II» llega, además, en un clima cultural perfecto para su lectura: la moda abraza la estética witchy, las narrativas feministas cuestionan quién controla los relatos y el público exige historias sobre mujeres complejas, heridas y poderosas. Por eso Wicked no es solo un musical ni una superproducción: es la síntesis del nuevo arquetipo de bruja del siglo XXI.