Hablamos con Burr Studio, el estudio de arquitectura madrileño que ha hecho suyo el término ‘upcycling’.
De izquierda a derecha: Álvaro Molins Jiménez (Madrid
De izquierda a derecha: Álvaro Molins Jiménez (Madrid
Hablamos con Burr Studio, el estudio de arquitectura madrileño que ha hecho suyo el término ‘upcycling’.
Su nombre no solo define las imperfecciones y restos que aparecen en un proceso de modificación material, y es que desde BURR se apoyan semánticamente en este término para prolongar la vida de espacios que, en muchos casos, se consideran obsoletos.
Por ello -y por su maravillosa forma de ponerlos en valor-, a día de hoy son considerados uno de los estudios de arquitectura experimental más sugerentes del momento, un reconocimiento que, además, han alcanzado en tiempo récord.

Realmente hace 2 años que cambiamos de nombre, pero juntos llevamos trabajando más de 10, desde que formamos el colectivo Taller de Casquería junto a otras compañeras y compañeros de universidad. Seis años después de ese inicio, siendo ya 4 integrantes en vez de 10 y, definitivamente centrados en la práctica arquitectónica como vía principal, decidimos mutar a BURR.
Antes de acabar la escuela alquilamos un gran espacio en Tetuán que funcionaba como punto de encuentro. Al principio nos dedicábamos a organizar fiestas y exposiciones hasta que poco a poco fueron surgiendo proyectos. Con el tiempo, cada cual fue desarrollando diferentes intereses, que derivaron en propuestas personales en el mundo del arte, del diseño, de la performance o de la propia arquitectura. Elena, Molins, Jano y Ramón decidimos seguir trabajando juntos dando los primeros pasos de lo que acabaría por convertirse en BURR.
Como todo proyecto, siempre hay una evolución basada en la acumulación de experiencias, lecturas y otros aprendizajes, pero consideramos que el núcleo sigue siendo muy parecido. BURR mantiene esa ambición experimental heredada de Taller de Casquería.

BURR es un término inglés que define las imperfecciones y restos que aparecen en un proceso de modificación material y, como dices, nuestra práctica se apoya semánticamente en este término, buscando situaciones que en muchos casos se consideran sobrantes o fuera de un canon estético o práctico.
Nos resulta estimulante reconsiderar lo que a priori ha sido denostado, tratar de entender por qué y poner en valor que lo consideramos interesante. Es algo que realmente ocurre de forma cíclica en disciplinas culturales, que constantemente revisan las premisas de la generación anterior para revisarlas bajo un nuevo pretexto.
Taller de Casquería se convirtió en un espacio de experimentación entre el arte, la arquitectura, el diseño y la performance, con una producción y variedad de proyectos muy heterogénea. Y a día de hoy nos da la impresión que seguimos manteniendo ese perfil abierto. Nos interesa mucho la vertiente más conceptual y experimental de la arquitectura… pues todos nuestros proyectos tienen este punto de partida. También nos interesa investigar y experimentar con procesos, materiales, técnicas, modelos…

En la línea de lo que comentábamos, nuestro mundo referencial es muy diverso. Desde autores y obras pertenecientes a la historia del arte o la arquitectura a otros ejemplos provenientes de ámbitos menos académicos: trabajamos con memes, nos gusta las maquinaria pesada, nos inspiran empresas super especializas de toldos y lonas de camión, empresas expertas en mobiliario de acero inoxidable para refrigeración o las técnicas tradicionales de albañilería.
Desde que comenzamos a trabajar juntos siempre hemos tratado de trabajar con la misma intensidad en cada proyecto que hemos decidido llevar a cabo, indistintamente de su tamaño o relevancia aparente; ya sea un edificio de viviendas, una instalación para una feria de ventanas, la organización de una fiesta o una pieza para una exposición. Lo más atractivo para nosotros es la oportunidad de redefinir un contexto; poder jugar con ‘tensionar’ lo que aparentemente debe hacerse, ya sea a nivel conceptual, programático, material o incluso formal.

La reforma interior del Mercado de San Antón trata de recuperar ciertos valores asociados a los mercados y a los bares madrileños tradicionales. La primera y más relevante intervención, fue tratar de limpiar el espacio interior para recuperar lo que el edificio preexistente ofrecía, un gran vacío central. Se propuso cambiar la distribución de puestos existente en este espacio por un puesto central que alterase las circulaciones interiores llevando al visitante a todos los puestos de esta planta.
Este elemento central aparece como tótem del nuevo mercado, reproduciendo en sus formas, mecanismos y materiales las técnicas tradicionales del mercado de Madrid: los cierres contrapesados, las barras de granito tallado, los mostradores de acero inoxidable, etc. El resto del mercado se interviene de forma más sutil, pero siguiendo las mismas pautas, tratando de unificar los recursos como los carteles luminosos y los mostradores.
Finalmente, se incluye un nuevo proyecto de iluminación realizado junto a Arkilum a base de unas chapas onduladas curvadas pensadas para reflejar todas las luces provenientes de carteles y luminosos de distinto tipo.
El principal reto de la intervención en el Mercado de San Antón fue lograr llevar a cabo esta intervención sin cerrar el mercado un solo día. Se planificó la obra de forma que la mayor parte de elementos pudieran ser prefabricados y luego transportados al mercado, de forma que solo hubiera que cerrar pequeñas áreas interiores. La mayor parte del tiempo hubo que realizar turnos de obra nocturnos para evitar las horas de apertura del mercado, lo que dificultó aún más la coordinación.

La interferencia entre lo físico y lo virtual ha sido desde hace años un tema de estudio que ha guiado nuestra vertiente más centrada en la investigación. De hecho, una parte de BURR, Elena Fuertes, imparte una curso de historia del objeto digital en el grado de diseño del IED.
La arquitectura es una disciplina muy lenta y muy arcaica. Si bien en el ámbito académico e intelectual de la disciplina sí se encuentran este tipo de discusiones, la práctica sigue siendo muy parecida a cómo era hace 100 años. Y esta doble condición hace de la arquitectura un campo muy contradictorio, que debe ser capaz de convivir con estos dos polos.
El sector del diseño está muy denostado en España. Resulta difícil hacer entender su virtud o incluso su función y por tanto, resulta complicado convencer de que tiene valía y merece una determinada prestación económica. Entendemos que se trata de un tema cultural, pues aquí sigue siendo una minoría la que demanda un buen diseño para sus espacios (la mayor parte de los encargos surgen por la imposición de necesitar a un arquitecto/arquitecta que pueda firmar un proyecto).
A partir de ahí, toca convencer a un cliente para poder llevar a cabo el proyecto que creemos que debe llevarse a cabo, muchas veces inicialmente en contra de su postura. Creemos que hay que perseverar, seguir haciendo y seguir convenciendo para poco a poco generar un contexto más abierto, más receptivo.

Creemos que la crisis climática es el gran reto de nuestra generación (y de las venideras), por lo que debemos tratar de encontrar fórmulas para poder adaptar nuestra disciplina a esta situación. Desde un planteamiento teórico se están desarrollando propuestas experimentales muy interesantes que seguramente pueda ir absorbiendo la práctica en los próximos años.
Desde la práctica, una de las herramientas más efectivas hoy en día es tratar de rehabilitar y reprogramar los espacios existentes para poder adaptarlos a las demandas de este momento. Evidentemente esto no puede llevarse a cabo siempre, pero creemos que vale la pena tratar de construir sobre lo existente antes de tirarlo abajo para construir de cero.
Uno de los proyectos que más nos ilusiona es la reprogramación de un edificio para una pequeña cooperativa de amigas. Nos encargaron la búsqueda de un pequeño edificio de tres viviendas que pudieran comprar entre ellas para reformar por completo. Es un reto muy estimulante a la hora de plantear los espacios, sobre todo al transformar aquello que ha sido proyectado a priori como un espacio privado en un espacio compartido. Literalmente estamos agujereando el edificio para difuminar y conectar usos.
Nos parece una fórmula muy interesante para personas jóvenes, de nuestra edad, que al asociarse tienen la capacidad de vivir en espacios de mucha mayor calidad que si tratan de comprar un solo piso por su cuenta. Al sumar fuerzas cada cual puede tener su vivienda, pero ganas el diseño de todos los espacios comunes y exteriores del edificio.

Se trata de los proyectos que hemos llevado a cabo para The Real García. Recientemente terminamos una tienda en Madrid y estamos empezando otra en San Sebastián. Es un proyecto muy interesante a nivel de organización de obra, pues tratamos de reducir al máximo el número de gremios implicados y de materiales utilizados con la intención de minimizar recursos, costes y desplazamientos. La tienda se resuelve prácticamente con tres materiales: enfoscados de mortero, acero inoxidable y una gran lona.
Por otro lado, el proyecto de instalaciones es muy sencillo, por lo que ambos trabajos se pudieron realizar rápidamente y empleando pocos recursos. Todo el mobiliario se desarrolló con una empresa especializada en muebles refrigerados de acero inoxidable de Jaén. Con ellos pudimos hacer pliegues, soldaduras y detalles muy precisos; un trabajo prácticamente de orfebrería. Y una vez fabricados, fueron transportados a Madrid para ser instalados en la tienda en un solo día.
Tenemos la suerte de estar trabajando en proyectos muy distintos en este momento: varias reformas de espacios industriales, diseños de concepto e interiorismo de un par de restaurantes, la rehabilitación de un palacio de finales del s.XIX y un par de pequeños edificios de viviendas, entre otras cosas…

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Texto: Anna Alarcón @_annalarcon
Fotografías: Cortesía de BURR @burr.studio