CRÍTICA SOCIAL: ¿desmedida o justa?

Hacemos una reflexión sobre la excesiva perfección que se le exige a los profesionales que ocupan los puestos más altos en el mundo de la moda.

Vivimos en un momento en que todo es público y todo se hace viral en pocos segundos. El poder de internet y las redes sociales ha hecho posible este hecho, cosa que en muchos casos afecta positivamente a los profesionales más famosos, pero en otros, no tanto ya que todo es objeto de evaluación.

Te recordamos tres de los casos más relevantes que ocuparon titulares hace algunos años:

1. John Galliano

El caso de Galliano es el más escabroso de todos. En 2011, Galliano fue pillado haciendo comentarios antisemitas a una pareja en La Perle, una cafetería de París situada en el bohemio barrio de Le Marais. Insultaba a una pareja alegando que amaba a Hitler y que los antepasados de la pareja deberían haber sido gaseados. Este hecho generó tanta polémica que Galliano fue expulsado de la maison Dior, tras quince años como diseñador fiel a la casa. El modista denunció a la firma por llevarle a juicio y le exigía 12 millones de libras (13.891.000 euros) como compensación por su despido después de tantos años, ya que él afirmaba que estaba enfermo, era adicto al alcohol y a las pastillas de dormir.

Tras 6 meses de cárcel y una multa, el diseñador ingresó en una clínica de rehabilitación por voluntad propia y hoy en día, tras 8 años de lo ocurrido, vuelve a estar en lo más alto en el mundo de la moda. Renzo Rosso, el presidente de OTB, ha anunciado su renovación de contrato con Galliano como director creativo de la casa Margiela.

2. Kate Moss

La modelo inglesa Kate Moss fue pillada en 2005 esnifando cinco rayas de “skunk” (derivado del hachís) en cinco minutos.

Meses antes de que esto ocurriera la modelo fue pillada por el periódico inglés The Mirror en una visita suya por España perdiendo la consciencia debido al excesivo consumo de cocaína. El caso se llevó a juicio y Kate Moss ganó ya que no se pudo demostrar la relación causa efecto de que su estado fuese provocado por estupefacientes. Finalmente se le pilló «in fraganti» consumiendo skunk con su novio Pete Doherty por lo que Moss admitió públicamente su adicción a las drogas y pidió perdón por su comportamiento inadecuado y por haber manchado la imagen de todos sus conocidos en el ámbito laboral y profesional.

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También se habla de que esnifó droga en la casa del premio Nobel de la Paz Nelson Mandela.

Cuando se produjo el escándalo en 2005 casas como H&M, Burberry y Chanel terminaron sus contratos con la modelo.

A día de hoy, vuelve a trabajar con Burberry, o Stella McCartney, tiene una agencia de representación de talentos a la que Rita Ora pertenece, y es la modelo mejor pagada de Reino Unido.

3. Carine Roitfeld 

La que estaba destinada a ocupar el puesto de Anna Wintour en la redacción de Vogue, vio truncado su camino por su dirección en una campaña en el año 2011 con niñas de ocho años.

El número llamado Vogue Cadeux capitaneado por Carine Roitfeld y Tom Ford, mostraba a niñas de no más de ocho años maquilladas, con tacones, joyas, etc.

La antigua redactora jefa de Vogue París, anunciaba su dimisión porque quería dedicarse a nuevos proyectos, pero la realidad fue la crítica social tan grande que recibió por el número varios meses más tardes de su publicación, cuando se disparó la controversia del uso público de la imagen de menores de edad. Armani hizo algo similar años antes con lo que también se disparó la alarma.

Condé Nast fue presionado por el grupo de lujo LVMH, para que tomara cartas en el asunto o retirarían su participación conjunta.

Hoy en día Carine Roitfeld tiene su propia revista llamada CR Fashion Book.

 

Por último, aunque este caso no ha sido de tal relevancia internacional y no tenga tanta controversia, no queremos terminar sin invitar también a la reflexión de un caso nacional, la situación de nuestra ex compañera de redacción Bea Moreno, ya que la conocemos de primera mano.

La ya ex directora de moda de Vanity Fair Bea Moreno de la Cova ha sido despedida de su puesto tras tres años de trabajo en esta revista.

El motivo esta vez ha sido porque se le oye en uno de sus videos subidos a IG Stories diciendo el siguiente comentario: «No soy racista, pero es que a todas las chinas las veo iguales, y las negras también y las blancas también», con tono de risa y broma. Tras este hecho, las redes se lanzaron a la crítica desmedida a la profesional y Condé Nast emitió un comunicado en el que informaba sobre su despido alegando tolerancia cero contra el racismo.

Muchas otras personas se han pronunciado contra el caso que ha sufrido Bea Moreno en su defensa admitiendo que se trata de un comentario inofensivo y para nada racista.

Por el momento de la Cova se encuentra desaparecida y no tenemos noticias de ella desde septiembre en sus redes sociales. Quedaremos a la espera.

En definitva, queremos hacer un llamamiento a la reflexión y al sentido común en cuanto a saber dónde están los límites hoy en día de los valores sociales que perseguimos, sobre esa libertad de la que tanto hablamos y que en muchos casos es coartada u omitida por la excesiva polémica de la opinión pública.

Evidentemente creemos que hay una diferencia entre los dos primeros casos y el último, algo como lo de Galliano o Kate Moss, merece una pérdida de trabajo ya que en el primer caso se defiende un genocidio masivo, y en el segundo se incita al mundo de las drogas para el alcance de un canon de belleza, (aunque bien es sabido que en este mundo hay mucho consumo de drogas, pero no es un motivo para justificar estos actos).

Pero pensamos que el de Carine Roitfeld en Vogue tiene un tono muy diferente, probablemente no tenía otra intención más que la artística, al igual que podría hacerse con una persona de cualquier otra edad, si hay consenso parental, es entendible que se quiera mostrar una campaña artística y que explore otros horizontes como siempre se ha hecho en el mundo de la moda.

Y por último el caso de Bea, aunque evidentemente no está al nivel de los demás, es el más chocantes en este aspecto ya que se trata de un comentario que gran parte de la población ha podido pensar en cualquier momento por el parecido que percibimos entre los rasgos asiáticos, debido a que son muy diferentes a los occidentales, sin que eso signifique racismo o falta de aceptación a una parte de la población. Además, parece omitirse la parte en que dice “y las blancas también me parecen todas iguales”.

Lanzamos esta pregunta, ¿alguien se sentiría ofendido si le dijeran que todos los blancos somos iguales?, ¿dónde están los límites del arte?

Dejamos la reflexión abierta y pedimos más sentido común en la crítica social que por supuesto es necesaria, pero a veces se desvirtúa de los valores que precisamente buscamos en nuestra sociedad actual.

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