Más allá de la muerte: ¿Hasta dónde llega la CULTURA de la CANCELACIÓN?

¿Se debería cancelar a alguien que ya no está vivo? En plena cultura del juicio digital, ni la muerte garantiza el perdón ni protección del escrutinio público. De Michael Jackson a Sean Connery, exploramos cómo sus legados siguen siendo reescritos desde las trincheras de internet.

Internet ha sido definido, múltiples veces, como el «gran democratizador» de nuestra generación. Y no por pocas razones. Hasta hace poco tiempo era imposible que la opinión de alguien que no tuviera una gigantesca empresa por detrás subiéndole en sus hombros se escuchara más allá de los confines de su salón de casa. Twitter, Facebook, YouTube y otras redes cambiaron esto con furia. Lo que generó, de pronto, una enorme necesidad poco consciente —hasta el momento— para los recientes navegantes digitales: el juicio.

Sobre todo al principio este ejercicio por la justicia moderna estaba más que justificado. Ruines personajes como Harvey Weinstein, R. Kelly o Bill Cosby —con el movimiento #Metoo— nunca habrían sido detenidos, o ni siquiera destacados, si no fuera por internet. De pronto, los miles de personas que se habían sentido silenciadas durante décadas tenían varios portales por donde denunciar a sus agresores. Y cada uno de los perpetradores —o varios de ellos, porque habrá muchos más— se vieron tirados de sus enormes torres de inmunidad hasta el suelo de las masas, donde fueron merecidamente descuartizados, y donde permanecen aún a día de hoy. Hoy, no estamos hablando de ellos.

We Need to Talk About Cosby, BBC Two, review: fine documentary series refuses to let anyone off the hook
Cosby en «The Cosby Show»

Las masas suelen comportarse como un mismo animal unificado cuando un peligro amenaza contra su seguridad. Y como un animal encerrado durante décadas, si de pronto consigue atravesar sus barrotes, atacará contra cualquier ser que se comporte, o recuerde, a sus captores. El problema viene cuando se trata de identificarlos. Me recuerda al famoso fenómeno del «efecto espectador» definido por los psicólogos John M. Darley y Bibb Latané, el término describe los casos en los que múltiples personas están en presencia de una injusticia, pero ninguno hará nada por la presunción de que «alguien tendrá que intervenir en algún momento». Básicamente, cuantas más personas haya viendo algo terrible, menos serán las probabilidades de que ese algo terrible se frene. Pero como dijo el propio Bibb Latané después de realizar el famoso experimento donde probó la existencia del fenómeno: «No es que las personas no se preocupen. Es que miran alrededor y, si nadie más actúa, infieren que no hay nada que hacer o que no hay peligro real». Lo que ha estado pasando es un poco el caso contrario: todos nos subimos a esta nueva tendencia de cancelación, y como nadie quiso pararla, siguió creciendo, convirtiéndose en una enorme (y  a veces de dudosa eficacia) avalancha en el intento de destrozar el status quo. Lo que nos lleva al curioso caso de este artículo.

Michael Jackson: el videoclip de "Thriller" cumple 35 años | LUCES | EL COMERCIO PERÚ
Michael Jackson en el videoclip de «Thriller»

¿Realmente vale la pena cancelar a los muertos?

Todos conocemos el caso de Michael Jackson, de Kobe Bryant, o hasta el de Sean Connery. Personas que, a pesar de haber tenido una enorme vida llena de éxitos, también se vieron envueltos en no pocos casos de polémica (de los que salieron, o no, culpables).

En cada uno de estos casos, las enormes olas de apoyo a los fans y familias se encontraron con otras olas de casi igual tamaño de tuitteros justicieros y periodistas convencidos de que había llegado el momento preciso para terminar sus carreras. Documentales, artículos y películas enteras con el único propósito de destrozar sus leyendas.

Creo que es inteligente, cuando se analizan este tipo de casos, analizar también el propósito original que cumplían esos famosos en un primer lugar. Para las personas que los idolatraban, Kobe Bryant no era únicamente un jugador de baloncesto, sino el máximo representante del esfuerzo y de hasta donde se puede llegar cuando lo pones todo en la línea por tu sueño. Michael Jackson, a su vez, representaba algo parecido, mezclado con el poder de la imaginación y las agallas para transformar un género. El llamado Rey del Pop era mucho más que carne y hueso cuando pereció esa tarde del 2009. Y lo mismo se puede decir de cualquier icono con la suficiente influencia como para generar tantas pasiones al morir.

Gone Before His Time: Kobe Bryant - Where to Watch and Stream - TV Guide
Kobe Bryant, del documental «Gone before his time: Kobe Bryant»

La principal pregunta relevante en este tipo de conversaciones suele ser «¿se puede separar el arte del artista?». Los defensores de que «sí, efectivamente se puede y se debe» suelen estar en contra de la cancelación en general. El arte es el arte y la persona es la persona. Y las personas que por el otro lado defienden que el arte es intrínseco a su creador. Por lo que si uno está podrido, también debe estarlo todo lo que ese alguien produjo. Esto tiene sentido cuando hablamos de alguien vivo, si te parece que, por ejemplo, R. Kelly es una persona que merece la miseria, no vas a querer consumir el contenido que le paga el alquiler. Pero hay otra reflexión que, por muy controversial que pueda parecer, sacar de esta tesis. Si la persona está atada a su arte, y si el mal de la persona puede corromper su arte ¿No debe ocurrir lo mismo pero al revés? ¿No significará que si una persona pudo crear algo verdaderamente puro, esa misma persona debe tener algo de esa pureza en él mismo? Esto no salvará a los perpetradores vivos. ¿Pero a los muertos?

La vida de una persona, si es larga, va a ser problemática en algunos momentos. Las personas no son personajes, cambian, mejoran y empeoran. Y mientras es importante recordar la historia, también es importante apreciar todas las partes de la misma, para llevarnos así lo bueno, dejando atrás lo malo.

Adrián Sánchez: @adriansanchezliggeri

Imágenes: Fotogramas de las piezas audiovisuales.

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