CALVIN KLEIN y ALEXANDER McQUEEN: ¿por qué los directores creativos duran cada vez menos?
¿Qué está pasando con los directores creativos y las firmas de moda? Imagen: cortesía de Calvin Klein
De Alexander McQueen a Calvin Klein, pasando por Saint Laurent y Moschino, los cambios en la dirección creativa se han convertido en una constante dentro del lujo. Las casas buscan una nueva identidad a una velocidad que apenas permite desarrollar la anterior
El juego de las sillas de la moda: ¿por qué los directores creativos no dejan de moverse entre las firmas de moda?
Ayer 15 de octubre, Alexander McQueen y Calvin Klein anunciaron la salida de sus respectivos directores creativos,Seán McGirr y Veronica Leoni. Las noticias llegaron apenas seis días después de que Anthony Vaccarello abandonara Saint Laurent tras una década al frente de la firma. En una industria que necesita novedad constante, los diseñadores se enfrentan a una exigencia cada vez mayor: cambiar la identidad de una casa, recuperar su relevancia cultural y demostrar resultados comerciales en un plazo que no siempre permite construir una visión propia.
1. Tres años para cambiar una casa: el caso de McQueen
Ayer Kering confirmó la salida de Seán McGirr de Alexander McQueen. El diseñador irlandés había llegado a la firma en octubre de 2023 para sustituir a Sarah Burton, quien había dirigido su equipo creativo durante más de dos décadas y había sido una figura fundamental en la continuidad del legado de Lee Alexander McQueen tras la muerte del fundador en 2010. McGirr, formado en Central Saint Martins y con experiencia previa en JW Anderson, tenía la tarea de abrir una nueva etapa sin perder de vista una de las identidades más reconocibles de la moda británica. Su salida, anunciada tres años después de su nombramiento, se produce mientras la marca revisa su posicionamiento y su estrategia comercial.
Alexander McQueen no era únicamente una marca de lujo, sino que era el universo creativo de un diseñador que convirtió la pasarela en un espacio de experimentación artística, teatralidad y crítica social. Sarah Burton, que había trabajado junto a él desde 1996, consiguió prolongar esa identidad durante trece años como directora creativa, combinando la precisión de la sastrería, la artesanía y una sensibilidad romántica propia.
Raquel Zimmermann desfilando en la pasarela de Alexander McQueen con un vestido de tul y encaje de color crema acompañado de un tocado con astas de res del histórico desfile de la colección Otoño/Invierno 2006. Imagen: @byiralangevin
McGirr tenía que demostrar que podía hacer algo más que reinterpretar ese legado. Una dirección creativa no se define únicamente a través de un desfile: necesita desarrollar siluetas, códigos reconocibles, accesorios, campañas y una relación con el público que se consolida colección tras colección.
Caroline Trentini desfilando con un conjunto de la colección Calvin Klein Collection Otoño 2006 Ready-to-Wear diseñado por Francisco Costa. Imagen: @bruisedbonezz
2. El caso de Calvin Klein
Ayer también, Calvin Klein anunció la salida de Veronica Leoni de la dirección creativa de Calvin Klein Collection. Nombrada en mayo de 2024, Leoni fue la primera mujer en dirigir esta línea de la casa estadounidense y tenía una misión muy concreta: recuperar su presencia en las pasarelas después de siete años de ausencia. Su debut llegó en febrero de 2025, y su última propuesta se presentó en septiembre de 2026. En total, su etapa comprendió cuatro temporadas.
La elección de Leoni, con experiencia en firmas como Jil Sander y Céline y fundadora de la marca Quira, parecía coherente con la historia de Calvin Klein. Su lenguaje minimalista, su atención a la construcción de las prendas y su interés por las proporciones conectaban con una casa cuya influencia durante los años noventa se apoyó precisamente en la depuración formal. La diseñadora debía traducir esos códigos a un presente en el que la firma sigue teniendo una enorme presencia comercial, pero necesitaba recuperar el interés de la crítica y del sector por su propuesta de pasarela.
La modelo Amber Valletta desfila con un vestido negro asimétrico de un solo hombro en la colección Otoño/Invierno 1996 de Calvin Klein Collection. Imagen: @cabmate
Sus colecciones recibieron valoraciones desiguales, aunque su última entrega obtuvo una acogida más favorable. Lo que sí resulta significativo es la brevedad del periodo: cuatro temporadas para reconstruir la identidad de una línea que llevaba años fuera del calendario.
Un año de cambios que no parece tener final
Lo ocurrido en McQueen y Calvin Klein forma parte de una sucesión de movimientos mucho más amplia. En junio de 2026, Julien Dossena y Rabanne separaron sus caminos después de trece años de colaboración. Dossena había sido una de las figuras que más habían contribuido a definir la identidad contemporánea de la casa.
Ese mismo mes, Adrian Appiolaza dejó Moschino después de aproximadamente dos años y medio. El diseñador argentino había llegado en enero de 2024, tras la muerte de Davide Renne, con el objetivo de continuar una casa cuyo humor, teatralidad y referencias populares forman parte esencial de su identidad.
«Street style» de Adrian Appiolaza. Imagen: @dalicam.streetstyle
En octubre, Anthony Vaccarello anunció su salida de Saint Laurent después de diez años. Durante su etapa, el diseñador belga consolidó una identidad visual coherente, basada en siluetas afiladas, sensualidad, prendas de noche y una lectura particular del legado de Yves Saint Laurent. Todo esto, además de convertirse en uno de los directores creativos más prestigiosos.
La dimensión del fenómeno ya había sido analizada por Vogue Business en enero de 2026, cuando Lucy Maguire describió el periodo como un creative reset, una reorganización que había alcanzado prácticamente a todas las grandes casas. La autora señalaba que la desaceleración del mercado del lujo, la presión por recuperar el deseo de compra y la creciente complejidad del puesto estaban alimentando una cadena de cambios.
El director creativo como solución comercial
Para comprender por qué se acelera este proceso hay que mirar más allá de las pasarelas. La dirección creativa sigue siendo una posición artística, pero también se ha convertido en una responsabilidad empresarial de enorme exposición. Hoy se espera que una misma persona diseñe colecciones, defina la imagen de marca, interprete su archivo, conecte con nuevas generaciones, genere conversación en redes sociales y contribuya a mejorar las ventas.
En diciembre de 2023, ya se advertía que los grupos de lujo esperaban señales de éxito comercial prácticamente desde las primeras colecciones. El nombramiento de un diseñador se convierte así en una apuesta: su llegada debe renovar el interés por la firma, atraer clientes y ofrecer una narrativa nueva. Si las ventas no reaccionan o la conversación pública se enfría, la dirección creativa pasa a ser uno de los elementos que la empresa puede modificar.
El lujo ha vivido durante años de la capacidad de construir deseo alrededor de productos, nombres y universos visuales. Sin embargo, cuando el crecimiento se ralentiza, la tentación de cambiar de diseñador aumenta.
Look de pasarela de la colección Otoño/Invierno 1999–2000 de Gucci, diseñado por Tom Ford. Imagen: @original_seconds2
El caso de Tom Ford
El caso de Tom Ford en Gucci sirve para entender qué puede ocurrir cuando una casa decide apostar de verdad por una visión creativa. Cuando llegó a la firma en 1994, Gucci atravesaba una profunda crisis financiera y su futuro era incierto. En ese contexto, Ford tuvo margen para construir una identidad propia, más sensual y provocadora, que contribuyó a devolver a la marca su relevancia cultural y comercial. La comparación con el presente resulta reveladora: hoy, muchos grupos de lujo esperan que sus directores creativos consigan resultados similares, pero dentro de estructuras empresariales que exigen rentabilidad, control y coherencia con una estrategia global. Se busca al próximo Tom Ford, pero no siempre se le concede la libertad que permitió a Tom Ford convertirse en Tom Ford.
La paradoja es que se pide a los diseñadores que sean visionarios, pero también que reduzcan el riesgo. Deben proponer algo nuevo sin alejarse demasiado de los códigos que ya reconoce el cliente. Han de recuperar el pasado de una casa y, al mismo tiempo, demostrar que pueden hacerla relevante para un público que quizá no tiene ninguna relación emocional con ese pasado. Si el resultado se parece demasiado a lo anterior, se les acusa de falta de innovación; si se distancia demasiado, pueden recibir críticas por no entender la marca.
La imagen muestra un abrigo largo de pelo de cabra (Kidassia) de color rosa polvoso, perteneciente a la colección Gucci Otoño/Invierno 2001 diseñada por Tom Ford.
La presión hacia los directores creativos tampoco procede exclusivamente de los consejos de administración. El debate digital ha transformado la recepción de cada colección en un juicio prácticamente instantáneo. Hoy, los desfiles se fragmentan en vídeos, fotografías y comentarios que circulan por redes sociales en cuestión de minutos.
¿Cuándo dejamos de reconocer a una marca?
Esta rotación constante de directores creativos también modifica nuestra relación con la moda. Durante décadas, determinadas casas pudieron asociarse a una visión creativa durante periodos prolongados. Karl Lagerfeld dirigió Chanel desde 1983 hasta su muerte en 2019; Marc Jacobs estuvo al frente de Louis Vuitton entre 1997 y 2013.
No se trata de idealizar el pasado ni de defender que un director creativo deba permanecer en su puesto indefinidamente. La moda necesita cambios, y algunas direcciones sencillamente no funcionan. También es razonable que una casa revise sus decisiones cuando el mercado cambia o cuando su propuesta pierde fuerza. La diferencia está entre cambiar porque una visión ha agotado sus posibilidades y cambiar porque no ha producido resultados suficientemente rápidos.
Uno de los looks de Karl Lagerfeld para Chanel SS02. Imagen: @enigma.curation
Cuando cada temporada parece anunciar una nueva era, la anterior apenas tiene tiempo para convertirse en referencia. El público empieza a familiarizarse con una silueta o una manera de construir la imagen de una casa cuando aparece otro nombre dispuesto a modificarlo. El resultado es una sucesión de comienzos que dificulta identificar qué decisiones creativas han dejado una huella real.
El culto a los directores creativos estrella también tiene consecuencias para el propio talento. Si una firma convierte cada nombramiento en la promesa de una transformación radical, el diseñador queda expuesto a una expectativa difícil de cumplir. Se le presenta como la persona capaz de devolver la relevancia a una marca. Pero muchos de sus problemas puedan proceder del precio de los productos, la distribución, la estrategia empresarial o una pérdida de conexión con sus clientes. Es decir, que la creatividad puede contribuir a resolver esas dificultades, pero no puede sustituir por sí sola todas las decisiones que intervienen en el funcionamiento de una compañía.
La novedad también necesita tiempo
Lo preocupante es que el cambio constante termine convirtiéndose en una estrategia por sí misma. Cuando la novedad se utiliza como respuesta automática a cualquier pérdida de relevancia, las empresas corren el riesgo de confundir movimiento con evolución.Alexander McQueen y Calvin Klein son dos ejemplos distintos de un mismo desafío: cómo renovar una casa con una historia reconocible sin reducir esa renovación a una sucesión de titulares.
Este vestido gris de un solo hombro con efecto drapeado y transparencias pertenece a la colección Primavera/Verano 2027 de Alexander McQueen, diseñada por Seán McGirr. Imagen: @sean.mcguirr
El problema no es que las casas de moda cambien de directores creativos. El problema es que cada relevo se presente como la solución a problemas que no siempre empiezan en la pasarela. Una nueva visión puede renovar el deseo por una marca, pero no sustituye una estrategia empresarial ni garantiza resultados inmediatos. Mientras los grupos de lujo sigan esperando que un diseñador transforme una firma en cuestión de temporadas, la rotación continuará siendo una respuesta tentadora. La paradoja es que la industria necesita construir identidades reconocibles para vender sus productos. Pero cada vez parece conceder menos tiempo a quienes deben darles forma.Porque una nueva era se puede anunciar en una nota de prensa; conseguir que pase a la historia es otra cuestión.