Nadie lo hace como él. Él vacila, pero no chulea y es que tanto puede pintarte un rostro surrealista, como rapearte a doble tempo y quedarse tan a gusto.
Bejo con arte. Retrato por Claudia Rivero
Bejo con arte. Retrato por Claudia Rivero
Nadie lo hace como él. Él vacila, pero no chulea y es que tanto puede pintarte un rostro surrealista, como rapearte a doble tempo y quedarse tan a gusto.
En su carrera figura hasta una nominación a los Goya como mejor canción original en 2012… Y es que lo suyo es eso: el arte por el arte, y por eso en este número hemos querido incluir a Borja Buche, aka Bejo, en nuestra sección más artística.

El ejercicio que hace un profesional al intentar comunicar cosas o expresarse a través de la música, del cine, de la escultura, de la pintura, o de cualquier disciplina artística, es lo que convencionalmente se entiende como un artista. En mi opinión, más que en el reconocimiento, el artista se encuentra en la sensibilidad, en lo genuino que tenga una persona, independientemente de si su profesión es la de panadero.
En mi caso siento que no estoy formado en Bellas Artes, ni siquiera en música (risas), así que seguramente carezca de muchos conocimientos técnicos, pero tengo inquietud y facilidad para transformar la realidad y ponerla en un papel. Aparte de que le dedico mucho tiempo…
Lo mío es un poco un vacile. Hay mucha gente a la que le gusta lo que hago, pero a otros les parece absurdo. De hecho, mi padre de pequeño siempre me decía: “¿sabes lo que es el arte? Morirte de frío”. En eso estamos todos de acuerdo, pero lo demás es todo muy subjetivo…
Con lo del Bejismo lo que quería era ponerme en evidencia, dármelas de artista creando incluso mi propia corriente artística, pero en realidad el mensaje es intentar manifestar que cada uno haga lo suyo. Ni de coña soy Picasso como para tener un movimiento propio, pero quiero animar a la gente a que no tiene por qué ir a la corriente de algo mayor. Tenemos que intentar exaltar lo más característico de cada uno y construir algo que llame la atención.
En la mayoría de las cosas que hago suelo pintar caras o cuerpos enteros. También hay elementos que se repiten, como por ejemplo, dentro de las orejas siempre suelo poner signos de interrogación, reflejando que no es que sea un incrédulo, como muchos creen, sino que intento cuestionarme las cosas y no tomármelo todo tal cual me viene.
La mayoría de las bocas que hago también suelen ser abiertas, como exclamándose. A muchas incluso se les ve la campanilla. Con esto tengo la sensación de que las caras que pinto están intentando chillar, expresar algo que tienen dentro, como yo.

Sí, reflejo algunas cosas de mi estado de ánimo en ese momento o alguna historia que me haya pasado recientemente. Es como un código propio interno que tengo. No pretendo contarle mi vida a la gente a través de la pintura, pero sí que de alguna manera, el momento en el que lo hago me condiciona a hacer unas cosas u otras.
Empecé a pintar un poco más cuando fui a vivir a Madrid. Cuando llegué estaba en un piso de alquiler y todo estaba vacío, así que para decorarlo, cogía tablas u otros objetos que encontraba por la calle y los pintaba. El primero que hice era de una señora mayor que pedía en la calle, cerca de mi casa. Durante tres años la veía cuando iba para casa y siempre estaba justo debajo de un cartel de VIPs. Me llamó la atención la paradoja de ver a una persona que pide en la calle debajo de un cartel que significa “Very Important Person”.
Antes tenía un matiz más crítico que ahora, en la pintura y en la música. Si te fijas, antes en mis canciones sí hablaba de política o de injusticias varias, pero poco a poco lo he ido llevando más a mí, a mi propia psicología. Me he vuelto más introvertido en ese sentido y me centro más en mis cosas personales que no en las sociales, que también, pero no es tan habitual.

Los logotipos suelen ser la representación de una marca, una imagen con la que la gente se siente identificada. Con los logos la gente siente que se apropia de los valores que tenga esa empresa y los exhibe con orgullo. Para mí, que haya una polla en lugar de esa representación, va un poco en el sentido que te decía antes con lo del Bejismo, de intentar incitar a la gente a que en lugar de que estén continuamente identificándose, digan: “que le jodan al concepto de lo que es la identificación”.
Con una polla como seña de identidad lo que hago es evidenciar lo absurdo que es todo esto, el gastar en publicidad, en atribuirle a un logotipo cosas que en realidad no le pertenecen para dar valor a una marca. Para mí es como: “háztelo tú y cree en ti”. Y por llamar la atención también, claro (risas).
¿Sinceramente? No he vendido ninguno. Cero euros de pintura por ahora… Cuando fui a La Resistencia surgió la idea de hacer una subasta con uno de mis dibujos y al cabo de unos meses, lo hice y lo subí a eBay. A los tres días, la puja estaba en 100.000€. Te puedes imaginar, una locura.
La cosa es que ahí puede pujar cualquier persona, sin tener por qué tener esa pasta en su cuenta corriente, así que se quedo en nada. Pero bueno, a raíz de esto mucha gente se enteró que dibujaba… No hay mal que por bien no venga (risas).

Sí, la verdad. En un principio no pintaba para que me colgaran en ningún museo, pero sí que al final, el poder de comunicación que he podido conseguir con la música, me ha ayudado a darle más proyección a esta faceta mía. De hecho, iba a hacer una exposición en Madrid, pero se canceló.
Hace unos años me dices que iba a estar yendo a Argentina a cantar y que la gente me conocería por la calle, y te hubiese dicho: ¡ni de coña! Me siento afortunado por poder dedicarme a esto y orgulloso por lo que he conseguido hasta ahora. Es algo que les podré contar a mis nietos…
Me gusta mucho la interpretación… ¿Te imaginas que ahora me cogen para una película o una serie? Eso sería la polla (risas). Todo lo que tenga que ver con el arte en general, me gusta, así que cuantas más cosas pueda experimentar, ¡mejor!
Texto: Anna Alarcón @_annalarcon
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