!F: La revolución no será televisada sino proyectada. La decimotercera edición del !F Festival demostró que, por mucho que confiemos en la televisión, la
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!F: La revolución no será televisada sino proyectada. La decimotercera edición del !F Festival demostró que, por mucho que confiemos en la televisión, la
Se nos dice que algo está cambiando y que a través de la televisión podemos encontrar crítica social y propuestas de calidad, pero ¿no estamos siendo demasiado condescendientes con el televisor? Por mucho que nos gusten las nuevas series, no podemos olvidarnos de que toman sus artefactos directamente de los códigos cinematográficos y que, como bien hemos podido comprobar en las nuevas jornadas del Festival Internacional de Cine Independiente !F de Turquía, las salas de cine siguen siendo el lugar para irritar al poder y mostrar una irreverencia que vaya más allá de lo anecdótico.
El festival !F es nómada y hasta finales de febrero se presentará en las ciudades de Izmir, Ankara y Estambul. En esta última comenzaron las proyecciones la semana pasada y desde entonces la ciudad se ha convertido en el gran centro de discusión sobre las nuevas tendencias cinematográficas. Al mismo tiempo se organizan fiestas y conciertos dentro del !F Music o conferencias y performances en un ciclo de actividades paralelas que este año se enfoca en las repercusiones de lo acontecido la primavera pasada en el Parque Taksim Gezi. Actualmente la situación turca es muy diferente a la del año pasado y sus habitantes han demostrado que, a pesar de ser vulnerables, también son fuertes y saben unirse para mostrar su descontento.
Tal vez alentado por este latir general, el jurado ha decidido otorgar el premio principal de la nueva sección competitiva Love & Change a «Anarchic Harmony” (Korak Kaya, Turquía, 2014), un trabajo que recorre la música underground turca y su fuerza para inspirar discusiones. La proyección del viernes pasado se encontró con las nuevas revueltas del sábado por la noche y las entradas al cine se fundieron con la policía reprimiendo a los nuevos manifestantes. Prácticamente cada semana hay nuevas revueltas y eso se sintió en la última proyección de “Anarchic Harmony” en donde el encuentro posterior con el director se convirtió en un caldeado debate acerca de la necesidad de resistir.
En la programación hay también un amplio espacio para el cine estadounidense, con películas que aportan poco más de lo que se espera de ellas (“Dallas Buyers Club” o “Spectacular now”) y otras que sobresalen por valerse de la independencia para ser radicalmente auténticas, como es el caso de “Short Term 12” (Destin Cretton, 2013), una de las mejores muestras de cómo el cine independiente estadounidense sabe combinar a la perfección los conflictos sociales con el entretenimiento, homenajeando a la realidad a través de actores tan talentosos como Brie Larson.
El descontento rodea también la última producción de Kelly Reichardt. En “Night Moves” la directora continúa deformando los géneros cinematográficos para demostrar que en un thriller no solo hacen falta golpes de efecto para crear tensión. La película está producida por Todd Haynes y en ella vemos algo que rondaba también por “Safe”, ese pánico a la destrucción del medio ambiente y la necesidad de preservar la naturaleza. Si en “Safe” el pánico llevaba al escape, en “Night Moves” nos encontramos con su opuesto, el enfrentamiento violento. Aquí el activismo busca la liberación de un río, la destrucción de una presa y todo ello derivará en un oscuro crimen en el que probablemente sea uno de los asesinatos más bellos jamás filmados.
Lejos de los EEUU, el festival deja un pequeño hueco para propuestas como la venezolana «Pelo Malo» que, a través del relato de un niño, nos muestra los conflictos sociales a través del individuo. Esto es algo que contrasta con los mecanismos usados en la mayoría de las cintas turcas programadas, en las que se muestra un compromiso político en el que el colectivo está por encima del deseo individual.
[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=kRbqh0CWIvU[/youtube]El festival sirve también para mostrar películas que aún no se han distribuido en el país, como una versión ultracensurada de “Nymphomaniac” (Lars Von Trier) y otras producciones mucho más pequeñas que lo tendrán más difícil para encontrar distribución, a pesar de lo interesante de su propuesta. El caso de esto último podría ser “E Agora? Lembra-Me”, el documental de Joachim Pinto, o “Swim Little fish, swim” de Ruben Amar y Lola Bessis.
En las actividades paralelas, Michel Gondry presentó su documental “Is the man who is tall happy?” en el que pretende hacer accesible el discurso del filósofo y activista Noam Chomsky a través de animaciones y una serie de entrevistas. El director se sumó al animo general y declaró que ahora es momento de alejar a los snobs del cine y lograr propuestas que calen hondo en el público. Cuestionado por su aventura hollywoodiense (“The Green Hornet”, 2011) Gondry mostró su descontento con el cine de superhéroes, a los que calificó como fascistas y estúpidos.
Entre tanta intensidad fílmica y política, el festival cerró sus jornadas en Estambul con “Boyhood” (Richard Linklater), una película realizada durante 12 años con una semana de rodaje por año y que probablemente sea la película más importante del festival (por no decir de la década). En ella conectamos con unos personajes a los que vemos evolucionar al mismo tiempo que recorremos la cultura pop de los últimos años, pasando de Sheryl Crow a Pharrell o de la Xbox a la Wii, pero lo más importante de la película es que se compone de momentos llenos de naturalidad. El modo en el que evolucionan los personajes es emocionante y reconocerse es inevitable. Sin centrarse en grandes dramas, Richar Linklater logra registrar el auténtico peso del paso del tiempo. Honestidad en 35mm como cierre para un festival que crece gracias a la pasión y las ganas de disfrutar con el cine.
Raúl Barreras
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