GABRIELA ANDRADA. Personajes reales

En los últimos años se ha consolidado como una de las actrices jóvenes más inquietas de su generación, atraída por personajes atrevidos y relatos que exploran las zonas grises del ser humano. Gabriela Andrada es la portada 10/11 de #Vanidad243. Descubre la entrevista en exclusiva a continuación:

Se dio a conocer en películas como «Pídeme lo que quieras» y «Culpa tuya», para más adelante adentrarse en el universo del true crime con la miniserie «El círculo del asesino», un proyecto que le permitió explorar registros más adultos y psicológicos. Ahora, Gabriela Andrada (Madrid, 1999) se enfrenta a un desafío muy distinto: protagonizar el western «Trinidad», junto a Paz Vega y Karla Sofía Gascón, una película que revisita el imaginario clásico del género desde una mirada contemporánea y con una mujer al frente. Conversamos con ella sobre riesgo, aprendizaje y su deseo constante de seguir explorando nuevos territorios interpretativos.

Gabriela Andrada: «La gente real es gris. Todos tenemos actitudes buenas y malas, en mayor o menor medida, mezcladas entre sí. A nuestros ojos todos somos buenas personas y nos justificamos a nosotros mismos»

Total look y joyas de HERMÈS. Sombrero vintage
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A lo largo de tu trayectoria, ¿qué tipo de historias sientes que te interpelan más como actriz y como espectadora?

Como actriz me atrapan más las interpretaciones que la historia. Me gusta reconocer y aprender de los trucos ajenos. Decir: «Ya veo cómo has solventado esta escena, voy a tratar de integrar tu mecanismo y ver si soy capaz de replicarlo cuando surja la ocasión». En ese aspecto, siempre he sido una aprendiz muy práctica. Me fijo particularmente en los personajes que los actores logran mantener muy llenos de vida en cada momento.

Como espectadora, por el contrario, olvido la técnica y soy bastante sensible. En este momento, como supongo que nos pasa a muchos, las noticias me resultan muy dolorosas. Así que ahora, en el cine, no busco ser interpelada, sino disfrutar, evadirme y fantasear. Tengo debilidad por las películas de atracos y espías.

¿Te atraen especialmente los personajes que habitan zonas grises o emocionalmente complejas? ¿Por qué?

Porque la gente real es gris. Todos tenemos actitudes buenas y malas, en mayor o menor medida, mezcladas entre sí. A nuestros ojos todos somos buenas personas y nos justificamos a nosotros mismos, y sin embargo seremos los «malos» para muchos otros.

¿Qué crees que nos permite el arte —y en concreto la interpretación— cuando exploramos los rincones más oscuros del ser humano?

Conocerse a uno mismo, que ya es bastante. Es un ejercicio de conciencia y empatía, y considero que esa es la base del crecimiento personal.

Vestido de MADRID MANSO y pieza de plumas de HUGO FERNÁNDEZ
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¿Hay algún miedo o límite personal que hayas tenido que atravesar para dar vida a personajes perturbados o moralmente ambiguos?

Por ahora no. No he interpretado ningún personaje que tomara decisiones narrativas que yo, como persona, no pudiera entender. Creo que todo tiene un contexto. Y si no lo hay, te lo buscas. También es cierto que no he tenido personajes verdaderamente perturbados todavía, pero me gustaría hacerlo. Al final, para actuar con verdad es esencial no juzgar a tu personaje: justificarlo, quererlo, creértelo. Como decía antes, nadie es el malo de su propia historia.

En una época en la que el público parece buscar historias intensas y psicológicamente densas, ¿sientes una responsabilidad especial al abordar estos relatos?

No siento que haya una mayor tendencia hacia historias psicológicamente densas. Yo misma cada vez aprecio más el humor y la ligereza en el cine, sobre todo al tocar temas severos. Hay quien va al cine a estremecerse, mientras que otros solo aspiran a evadirse o entretenerse, y ambas cosas son válidas. No quiero medir el cine por su «shock value».

Para mí, como intérprete, hay responsabilidad en todos los relatos. Lo que uno intenta es contar una historia y que el público se crea a tu personaje, y eso ya es una noble encomienda, estés contando drama, acción o comedia. Mantener un tono muy oscuro durante varios meses de rodaje no es «más responsable», es más agotador.

En «El círculo del asesino» te sumerges en un universo marcado por la violencia y la tensión psicológica. ¿Qué fue lo que más te atrajo del proyecto?

Me atraparon varias cosas. Por un lado, el thriller y la crónica negra son géneros que yo no había tocado nunca en ficción. Soy muy inquieta, me gusta lanzarme a todo y este personaje era un reto diferente, más adulto.

Además, venía de hacer cuatro películas y «El círculo del asesino» es una serie —muy bien escrita—, así que el cambio también me atrajo. Sobre todo estaba muy emocionada de poder trabajar con Sergio G. Sánchez, director y guionista del proyecto, con Belén Rueda, una compañera increíble, y con Netflix. He aprendido mucho de este rodaje.

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El true crime vive un auge evidente. ¿Por qué crees que sentimos esa fascinación colectiva por las historias criminales reales o inspiradas en hechos reales?

La romantización de las figuras fuera del sistema empezó ya en el siglo XIX con el Romanticismo. Esa fascinación no es nueva, pero ahora está más normalizada.

También levanta muchas ampollas, y lo entiendo. Hay que estar lejos de esas historias para poder disfrutarlas. Para los implicados son una tragedia. Supongo que ciertos morbos parten de la insensibilización que produce la sobreexposición a imágenes e historias durísimas que recibimos a diario en los medios.

En el caso de «El círculo del asesino», la principal directriz que seguíamos era luchar contra esa insensibilización y contar los hechos desde el respeto.

¿Cómo se construye un personaje dentro de un relato tan oscuro sin caer en el sensacionalismo?

El sensacionalismo es uno de los temas troncales de la serie. Mi personaje es una periodista joven y ambiciosa que, a lo largo de la historia, se enfrenta a la dureza de los hechos y ha de replantearse su postura una y otra vez. La serie expone varias perspectivas y es el espectador quien ha de definir sus propios límites. Es un diálogo.

¿Te documentaste de alguna manera específica para comprender mejor la psicología que rodea este tipo de historias?

Mis compañeros y yo leímos mucho sobre el caso. Hay numerosos artículos, pódcasts y libros publicados sobre ello. Pero no quise enfocarme en entender la psique de un asesino, sino en el impacto generado en las víctimas.

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Después de rodar una serie de esta intensidad, ¿cómo se vuelve a la vida cotidiana? ¿Te llevas algo del personaje contigo?

Lo que más me cuesta a la hora de volver a la vida cotidiana después de rodar suele ir al margen de la temática del proyecto. Me cuesta mucho volver a encontrar una rutina y bajar las revoluciones. En el rodaje voy a mil y, al terminar, tengo que encontrar dónde poner toda esa energía, y puedo tardar semanas en hacerlo. No se me da bien estar ociosa.

De mi personaje me llevo muchas cosas, pero principalmente he reafirmado mi curiosidad y he solidificado mi concienciación sobre nuestra manera de contar y entender la tragedia.

En «Trinidad» das vida a la protagonista de un western, un género históricamente dominado por figuras masculinas. ¿Qué te sedujo de esta historia?

¡Que es un reto divertidísimo! Ha sido un regalo poder vivir la naturaleza salvaje de Gran Canaria, compartir elenco con personas tan diversas y entregarse al juego de una historia tan descabellada como esta. Además, proyectos como «Yellowstone» o «The Quick and the Dead» ya abrieron la puerta a personajes protagonistas femeninos en el western y fueron una inspiración para mí.

Compartes pantalla con Paz Vega y Karla Sofía Gascón. ¿Cómo ha sido el diálogo creativo entre vosotras?

Ambas son muy cercanas, maternales y divertidas. Me he sentido muy acogida por ellas. Es una fortuna poder ver trabajar a dos mujeres tan expertas. Aprendo de su manera de actuar, pero sobre todo de su manera de moverse por un set.

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El western suele retratar una época hostil, especialmente para las mujeres. ¿Cómo te preparaste para encarnar a una mujer en ese contexto?

Trinidad es un personaje que vive a la defensiva y que hace mucho que siente las cosas hacia dentro. Es hosca, está enfadada y nunca ha deseado lo que su contexto social le ofrece. Se trataba de un personaje muy distinto a cualquiera que haya hecho antes. Yo soy muy expresiva, se me ve todo enseguida, así que con Trinidad trabajamos una corporalidad más seca, más acerada. Y mucho silencio.

Hay una parte de la dureza del personaje que es reflejo de la dureza del calor, de la tierra, de la incomodidad, del dolor físico. Eso es algo que no podía prepararme en casa. Me sentía algo incompleta. Y de repente un día me vi vestida de «cowboy», subida a un caballo en el desierto, machacada y sucia, y pensé: era esto.

¿Qué tipo de entrenamiento físico requirió el papel?

Aprendí a montar a caballo. Resulta que la monta de los «cowboys» es muy distinta a la monta inglesa que enseñan en las hípicas y nada intuitiva para mí, que partía de cero. Buenas agujetas.Todavía monto cuando puedo de la mano de Tomás, uno de los dobles de acción que me enseñó durante la película y que ahora también enseña a mi hermano.

¿Sentiste en algún momento el peso simbólico de representar a una mujer fuerte en un entorno tan adverso?

Algunas de las batallas de Trinidad son fruto de su época y otras no tanto. Con Trinidad sentí cierta liberación, además, porque nunca había interpretado a una mujer que fuera una líder armada y peligrosa. Menudo subidón.

Pero la verdad es que todos mis personajes han sido mujeres fuertes. Me siento muy afortunada de que haya directores de casting que me han visto capaz de representar este tipo de personajes una y otra vez. Ojalá sea porque ven ese carácter en mí, aunque yo no siempre lo sienta. ¡Los altibajos nos pillan a todas!

¿Qué crees que aporta «Trinidad» al imaginario clásico del western? ¿Hay una relectura contemporánea del género?

«Trinidad» es una «rara avis» por el pastiche de géneros que plantea. Es una película desenfadada y rebelde, algo macarra, que dentro del western juega entre el drama, la parodia y la acción. A veces es gore y a veces anacrónica. Para mí, aporta un cine atrevido, muy estilo Baz Luhrmann, que hace mucho tiempo no se ve en el panorama nacional.

Vestido plata de RABANNE, vestido marrón de JEAN PAUL GAULTIER y botas y joyas de HERMÈS
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¿Cómo se construye la vulnerabilidad dentro de un personaje que, aparentemente, debe mostrarse fuerte para sobrevivir?

Todos nos mostramos fuertes para sobrevivir; lo raro es ver a alguien transparente con sus vulnerabilidades. En el caso de Trinidad, sus heridas son muy evidentes para mí: el sometimiento, el rechazo, la desilusión, la ingratitud… Lo complicado era que esos dolores no relucieran más a menudo. Tapar más y más hasta parecer casi imperturbable. Ahí fueron los directores, José Ortuño y Laura Alvea, quienes me iban marcando el tono.

Cuando trabajas en historias ambientadas en otras épocas, ¿qué es lo más complejo: la forma de hablar, el cuerpo o la mentalidad?

Para mí lo más complicado es que las formas no parezcan impostadas. Quitarle la pomposidad a los ademanes y a ese lenguaje cotidiano mucho más elaborado que el actual. En definitiva, que suene fresco y natural.

¿Te interesa seguir explorando personajes que cuestionen los límites morales y sociales establecidos?

Siempre. Me encantan los personajes de mujeres astutas, mujeres violentas, mujeres enloquecidas. Ojalá vengan muchos.

Si miras tu carrera hasta ahora, ¿hacia qué territorios artísticos sientes que te diriges?

Quiero probarlo todo. Quiero viajar, jugar, sorprenderme mucho. Me quedan muchos géneros por tocar, como la comedia, la acción o el terror, y hay otros que ya estoy deseando repetir.

También tengo muchas ganas de hacer teatro. Me gustaría encontrar historias que se salgan de los lugares comunes, historias disparatadas, y algún día poder producir estas obras o películas yo misma. No sé a dónde me llevará mi carrera, pero espero que esté llena de aventura.

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Texto: Juan Martí @sswango

Fotografía: Rocío Aguirre @rocioaguirrev 

Estilista: Carla Paucar @carlapaucar 

Asistente de fotografía: Carlota Ortega @carlismoon

Retocadora digital: Rayen Palacios @rayenpalaciosm

Asistente de estilismo: Vera Ramos @vvera_ramos 

Maquillaje: Lucas Margarit @lucas.margarit 

Peluquería: Laura Carrillo @lauracarrillo.c y Pilar Sánchez @pilarsanchezhair  

Localización: Hotel The Palace Madrid @thepalacemadrid 

Con la colaboración de Gucci Beauty

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