En el océano sin igual que es Internet hay contenido para saciar cualquier tipo de curiosidad. Entre esta larguísima lista se encuentra el true crime, un género que no ha dejado de escalar posiciones hasta colarse entre lo más visto y escuchado. Pódcast, creadores con sede en YouTube o docuseries en plataformas como Netflix o Prime Video… Da igual dónde mires: siempre está esa amiga que asegura disfrutar escuchando estas historias «para no dormir» (nunca mejor dicho) en sus ratos libres. Y si no la tienes, sentimos decirte que probablemente… la amiga seas tú.
Pero, ¿alguna vez nos hemos preguntado por qué? ¿Qué hace que, en el escaso tiempo libre que tenemos durante la semana, dediquemos una parte a sumergirnos en relatos tan turbios? ¿O que pódcast como «True Crime con Martha Caballero» o «Crims» aparezcan en tu Spotify Wrapped de 2025? Desde Vanidad, te lo contamos:
Analizamos el fenómeno del true crime
Una de las razones de su enorme crecimiento es la facilidad con la que podemos acceder a este tipo de contenido. Plataformas digitales, pódcast, canales de YouTube y docuseries en streaming han creado un catálogo inabarcable que permite consumir historias reales de crímenes prácticamente en cualquier momento del día. El acceso es inmediato, variado y cómodo… y eso también alimenta la afición.
Sin embargo, no todo se reduce al morbo, aunque sea fácil caer en él. Hay un concepto clave que explican distintas expertas en la materia: el llamado «simulacro de peligro». Cuando consumimos true crime, nuestra mente activa una especie de entrenamiento interno en el que analiza situaciones límite y extrae conclusiones útiles para la vida cotidiana: evitar ciertos lugares, detectar señales de alarma, entender cómo reaccionar ante una amenaza. Según varias fuentes especializadas en criminología, cuando escuchamos este tipo de historias, nuestro cerebro nos dice: «Mira lo que puedes aprender para salvar tu propia vida si algún día te encuentras en una situación similar».
¿Por qué triunfa el true crime? El impulso de descifrar el misterio
Está claro que, como público, tendemos a creer que tenemos la razón. Igual que gritamos, ¡no entres ahí! Durante una película de terror, no es extraño que al escuchar true crime pensemos que podemos descifrar las motivaciones. Intentamos quitar capas al misterio de cómo es posible que existan personas multihomicidas, sociópatas o profundamente dañinas. Y es que, como seres humanos, sentimos una necesidad casi biológica de entender el porqué de las cosas, y el true crime no iba a ser menos.
Por eso, cuando ponemos un episodio de «Crims» sobre un caso ocurrido hace décadas, es inevitable que intentemos anticiparnos a Carles Porta y adivinar el final antes de que él lo cuente. Ese impulso de adelantarse a la narración genera una pequeña recompensa mental que, lejos de saciarnos, nos invita a seguir escuchando más.
Una ventana a nuestra propia sociedad
Además, este tipo de género de contenido no solo trata de narrar una historia. Si lo miramos con algo más de profundidad —y no solo como un acompañamiento mientras hacemos las tareas de casa—, nos permite plantearnos preguntas sobre nuestra sociedad: cómo funcionan nuestras instituciones, qué fallos permitieron que un criminal actuara impunemente, qué prejuicios sociales influyeron en la investigación o qué vulnerabilidades quedaron expuestas. Son cuestiones que, de otro modo, quizá nunca nos habríamos parado a reflexionar.
En el fondo, la fascinación por el true crime no es más que otra confirmación de que somos curiosas por naturaleza. Y que existe en nosotras un deseo creciente de comprender aquello que se escapa de lo cotidiano, lo que nos asusta, lo que no encaja en nuestro marco moral. Satisface ese impulso de aprender, anticipar y desentrañar… mientras nos recuerda, entre líneas, que la realidad siempre supera a la ficción.
Lucía Martínez Rubio @luciamartinezrubio
Imágenes: Spotify y fotogramas oficiales.