La noche en la que OKLOU hizo flotar a La Riviera

La artista francesa Oklou debutó en La Riviera de Madrid con un espectáculo que transformó la sala en un universo sonoro suspendido entre lo digital y lo etéreo. Entre sintetizadores envolventes, una puesta en escena íntima y una sensibilidad única, la cantante confirmó por qué es una de las figuras más fascinantes de la electrónica contemporánea. Repasamos todos los detalles de una noche que convirtió la música en refugio emocional

El concierto de OKLOU en La Riviera

Este 10 de junio, La Riviera de Madrid se transformó en un espacio suspendido entre lo digital y lo etéreo cuando Oklou, una de las voces más singulares de la escena electrónica contemporánea, aterrizó por primera vez en la capital para presentar en directo ese universo sonoro que lleva años construyendo. Un universo caracterizado por moverse entre lo que se conoce como el ambient, el pop experimental y algunas de las texturas más delicadas del hyperpop.

Para quienes la seguían desde sus inicios y para quienes ya intuían su potencial —un potencial del que ya os hemos hablado alguna que otra vez en Vanidadel concierto no solo confirmó las expectativas de la actuación en directo de Oklou en La Riviera, sino que expandió hacia un territorio mucho más inmersivo, casi imposible de reproducir fuera del directo.   

Todos los detalles del concierto de Oklou

La magia de este concierto, así como de todas sus actuaciones, es que el directo de Oklou en La Riviera no se ha tratado de una simple traslación de su música al escenario, sino que se entiende más bien como una cápsula sensorial donde lo digital se vuelve casi táctil.

Imagen de uno de los conciertos de Oklou. Imagen: @oklou_
Imagen de uno de los conciertos de Oklou. Imagen: @oklou_

Desde los primeros minutos  de concierto, el sonido envuelve, algo que se consigue con capas de sintetizadores acuosos, voces que flotan más que proyectarse y una espacialidad que diluye los límites entre artista y público construyen un entorno que se siente más cercano a un paisaje que a un set. Todo sucede de forma progresiva, como si el concierto te fuera absorbiendo poco a poco.  

La intimidad en sala grande 

Hay algo profundamente evocador en cómo su universo sonoro roza lo fantástico sin caer en lo evidente. No es fantasía como escapismo decorativo, sino como una sensación que emerge desde la propia escucha: una estética que, al menos desde mi experiencia, remite a imaginarios etéreos —casi de hadas o de mundos suspendidos— más por lo que sugiere que por lo que muestra.

Verla en directo plantea también una cuestión interesante: ¿qué ocurre cuando una música que parece diseñada para la intimidad absoluta, auriculares, escucha solitaria y deriva emocional, se expande en un espacio compartido? Lejos de perderse, esa fragilidad se amplifica. Hay momentos en los que la sala entera parece entrar en la misma frecuencia, como si el tiempo se ralentizara. El cuerpo de Oklou en escena no rompe la ilusión digital, sino que la ancla, la hace habitable, casi cercana.  

La artista durante una de sus actuaciones en directo. Imagen: @oklou_
Oklou durante una de sus actuaciones en directo. Imagen: @oklou_

De la técnica a la libertad  

Pero hay algo más que atraviesa la experiencia y que, inevitablemente, la vuelve personal. Oklou viene de una formación clásica, de años de conservatorio, de piano y de cello. Y en ese recorrido hay un espejo en el que es difícil no verse reflejada. Haber crecido dentro de ese marco tan centrado en la técnica, la historia y la disciplina te da herramientas, pero también construye ciertas expectativas sobre qué tipo de música deberías hacer o escuchar. 

Fotografía tomada durante un concierto de la francesa. Imagen: @oklou_
Fotografía tomada durante un concierto de Oklou. Imagen: @oklou_

Por eso resulta tan significativa y, en cierto modo, reconfortante la manera en la que artistas como ella desplazan ese bagaje hacia otros territorios. No hay ruptura con lo clásico, sino una transformación. La precisión sigue ahí, pero al servicio de algo mucho más intuitivo, más emocional, más libre. Como si toda esa formación no fuera un límite, sino una herramienta que permite construir mundos propios con una mayor profundidad.  

Una base que sostiene lo etéreo 

En ese gesto hay también una pequeña subversión. Porque lo que emerge no es necesariamente lo que se espera de alguien con esa trayectoria. Y, sin embargo, funciona. Lo hace precisamente porque hay una base sólida que sostiene lo etéreo, lo delicado, lo aparentemente inasible.  

Imagen de Oklou durante una de sus presentaciones en vivo. Imagen: @oklou_
Imagen de Oklou durante una de sus presentaciones en vivo. Imagen: @oklou_

Quizás por eso su música se siente como un lugar de confort. No en un sentido complaciente, sino en la posibilidad de habitar un espacio donde la sensibilidad no necesita justificarse, donde lo suave no es menor y donde lo emocional no está reñido con la complejidad. 

En mi caso, ese refugio tiene también que ver con reconocer una forma de estar en la música. Con entender que todo ese aprendizaje previo puede convivir con otras maneras de hacer, más libres y más personales. Y que, precisamente ahí, es donde algo empieza a tener sentido. 

La próxima vez, más cerca 

Hay conciertos que se disfrutan, y otros de los que no terminas de salir, aunque ya estés fuera de la sala. Y justamente, el de Oklou en La Riviera fue de los segundos. Salí de La Riviera con esa sensación específica de haber estado en algún sitio no solo de haber visto a alguien cantar. Oklou construyó esa noche una atmósfera que se sostuvo hasta el final.

Fotografía tomada durante un concierto de la artista. Imagen: @oklou_
Fotografía tomada durante un concierto de Oklou. Imagen: @oklou_

Llevaba desde noviembre con estas expectativas iba a verla en Luxemburgo, como telonera de Lorde, pero el concierto se canceló, y la espera para ver a Oklou en La Riviera mereció la pena. Y sé que volveré a verla. La próxima vez, en primera fila. 

Arlette Martínez @arletteemartinez

Imágenes: Instagram

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