LUCAS MUÑOZ MUÑOZ. Más capas, más riqueza

¿Cómo es posible presentar la basura, los residuos, a la Bienal de Venecia de Arquitectura? ¿Y encima sin ser arquitecto de profesión? Pues siendo Lucas Muñoz. El diseñador lleva años desarrollando una práctica a caballo entre el diseño, el arte y la artesanía, desafiando todas las etiquetas y las lógicas capitalistas. Reivindica el trabajar con con materiales y técnicas locales allá donde esté, que bien puede ser Madrid, donde tiene el estudio, pero también Seúl, Miami, Zurich o Shanghái.

Dice que se hizo diseñador porque no le daba la nota para estudiar arquitectura y porque, cuando compaginaba el diseño con la música (pinchaba en colectivos underground montando raves en los túneles de la M50), le entraron a robar y se llevaron todo su equipo. Así que el destino, o la vida misma, casi que lo eligió por él.

Y nosotros que nos alegramos, porque así podemos disfrutar de una visión que ha sido premiada en múltiples ocasiones, expuesta en todo el mundo, y, lo más importante, que expande nuestras concepciones de lo sostenible, lo justo e incluso lo posible. Aquí hablamos con Lucas Muñoz sobre pensar con las manos, convertirse en «un gilipollas consagrado» (sus palabras, no las mías), objetos perfectamente diseñados y la riqueza que acumulan las capas de todas las cosas.

Bienal de Venecia 2025, Pabellón de España. Pórtico de materiales recuperados y reciclados. ©Luis Diaz Diaz

Lucas Muñoz: «Yo si veo un número que no conozco, lo cojo, porque los que somos creativos vivimos de que aparezcan clientes de la nada»

Tu trabajo está medio camino entre el diseño, lo artesanal y lo artístico. ¿Hay alguna etiqueta que pese más que otra o con la que te sientas más cómodo? 

No, yo como me siento más cómodo es desnudo siempre (risas). ¿Para qué me voy a poner etiquetas que además pican? Es mucho mejor cortarlas y no llevar ninguna. Así que no. Estudié Diseño porque no me llegaba para Arquitectura. Me gustó porque acabé siendo artesano, luego fui por algo más conceptual, hice cosas más artísticas…

En otra entrevista dijiste que en Eindhoven te enseñaron a pensar con las manos. ¿De qué manera crees que esa manera de pensar influye en el resultado final de un proyecto?

Más que de un proyecto, de los míos particularmente. Tengo un taller desde que salí del IED Madrid porque las maquetas que hacíamos allí me divertían mucho. Luego aprendí a soldar o a hacer construcción, porque reformamos un edificio entero en Carabanchel en 2007. Lo alquilamos por cuatro duros y lo reformamos entero. Ahí aprendí a poner ladrillos, a cortar paredes… Luego, ya en Eindhoven, todo ese saber hacer con las manos lo entendí más como pensar con las manos, darle concepto a lo que vas haciendo y tomar decisiones informadas. Eso acaba siendo la base de mi forma de trabajar. Llega un momento en que si no voy yo al sitio y lo hago con mis manos… Sé hacer un dibujo, pero es más una herramienta de comunicación, no de pensamiento.

Comentas normalmente que no usas tantos renders ni 3Ds como es habitual en la industria. ¿Crees que hay demasiada burocracia?

Cada uno con sus cosas. Yo no soy quien ni tengo potestad para decir qué es demasiado o demasiado poco, ni qué debería hacer o dejar de hacer la gente, como con tantas otras cosas. En mi caso, creo que un render da demasiada información demasiado pronto, y luego eso es lo que se espera y no deja espacio para que te crezcan las malas hierbas y que algunas sean bonitas. La menta es una mala hierba pero es una planta maravillosa. Si no la dejásemos crecer, no tendríamos ese frescor.

También es una cuestión de no tomar demasiados atajos. A la hora de modelar con una herramienta de modelado, y ya no te quiero ni contar con la inteligencia artificial, estamos tomando un atajo muy práctico y cómodo pero en el fondo, si te haces el camino completo, es donde te expones a que salgan cosas que de otra manera no saldrían. Ya lo decía John Cleese, hay que aburrirse. Hay que dejar que los proyectos tengan horas y horas de maceración. Un filete a la plancha está muy bueno pero un estofado siempre está mejor.

CoLab Madrid, Sancal 2024. Pared trasera fabricada con el antiguo falso techo del espacio.

Este año has participado en la Bienal de Venecia, en el Pabellón de España, ¡felicidades! ¿Cómo te llega la propuesta?

Es bastante gracioso. Estamos todos hartos de que nos entren llamadas al teléfono y sea una venta o un robot. Muchos amigos míos ni las cogen. Yo si veo un número que no conozco, lo cojo porque nosotros, los que somos creativos y autónomos, vivimos de que aparezcan clientes de la nada, no podemos permitirnos eso. Entonces, un día me llaman y resulta que era el comisario de la Bienal de Venecia, Manuel Bouzas, disculpándose por no haber avisado antes y diciéndome que había conseguido mi teléfono a través de no sé qué contacto en común.

Me llamaba para ofrecerme una colaboración. Esto era en noviembre y la Bienal inauguraba en marzo o abril, y entre medias pasaba Navidad, o sea un tiempo cortísimo para una responsabilidad tan grande. Porque es un honor formar parte de la Bienal, y más no siendo arquitecto, soy diseñador. Me he colado en la arquitectura por el cuarto de la basura.

Pero ya estás dentro, ahora que te echen.

Exacto. También habla mucho de las escalas y de la relación entre arquitectura y diseño. Eso que decías de las etiquetas al principio está muy bien porque los diseñadores controlamos mucho una cierta escala que los arquitectos quizás obvian, y viceversa. Con lo de la Bienal nos pilló e hicimos igual que con todo, le vas dando vueltas, decides no coger el metro y volver andando a casa dos horas para pensarlo más… Vas macerando las cosas hasta que sale un atisbo de idea.

Luego llega la exploración de Gran Vía, como el ornamento era algo que dignificaba y creaba cultura, creaba patrimonio y hacía la identidad de una ciudad y de lo local, pero llegó el modernismo y se lo cepilló todo. De aquí pasamos a la ley de casas baratas de Franco, la posguerra, y nos encontramos con la arquitectura del toldo verde, el ladrillo y el aluminio. Eventualmente, todo esto constituye una capa geológica que se va a destruir, que se va a tirar, pero se puede minar y reaprovechar. 

Ahí empiezas a juntar cosas, muchas conversaciones muy interesantes con mi equipo, por supuesto, pero también con los comisarios y con otra gente, hasta que llega el momento en que no hay marcha atrás y hay que fabricarlo. Tuvimos la «suerte» de que aquí enfrente, aunque es una desgracia en general, hay uno de los edificios de los fondos Helix, unos fondos buitre (hay varios), que empezaron a demoler más o menos en esa fecha. Empezamos a minar todo el contenedor de basura del edificio, que habían desahuciado, con lo cual todo ese discurso de lo local y en contra de la gentrificación lo llevamos a la Bienal. Fue un proyecto muy completo.

CoLab Madrid, Sancal 2024. Oficina central conservada del antiguo espacio. Imagen: ©Asier Rua.

Lo de la gentrificación es terrible. Yo soy de Barcelona y hace tiempo que tenemos la ciudad vendida. Pero es un problema que afecta todo el país: Málaga, Palma de Mallorca, las Islas Canarias… 

De hecho, en Madrid ha empezado hace relativamente poco. Vosotros lleváis tiempo viviendo eso, y en Palma hay un partido político alemán directamente, es muy fuerte. Si ves otras grandes ciudades que llevan mucho tiempo sufriendo esto, como Londres, descubres que se crean otros centros. El centro deja de serlo y aparecen otros. En Barcelona hace mucho que ha pasado. Se van abriendo otros centros que se vuelven sitios con una cultura propia. Aquí, Carabanchel o Tetuán empiezan. Pero era muy bonito la época en la que cualquiera podía vivir en el centro. Tenías amigos ricos, amigos pobres, amigos punkis que vivían en el centro. Todo el mundo se encontraba, y eso ya no es posible. 

Hablando de esto, siempre reivindicas la importancia de lo local. En un mundo cada vez más globalizado e hiperconectado, ¿cómo se consigue eso?

Una cosa no quita a la otra. Las de Atelier NL, dos amigas holandesas que tienen un proyecto de diseño muy interesante, tienen una frase que me encanta: «Think global, dig local». O sea: «Piensa global, cava local». Cuando hablo de lo local es algo informado por la globalidad, por diferentes modelos de creatividad y de consumo, de habitar y de ser ciudadanía. A mí, en lo que me toca, pienso: ¿Qué materialidad hay aquí? ¿Qué artesanía hay aquí? Creo que es un balance. Siempre ha habido intercambio de culturas, a mayor o menor escala, lo que pasa es que ahora va a una velocidad inaudita.

CoLab Madrid, Sancal 2024. Elena y Esther Castaño con Lucas Muñoz Muñoz. Imagen: ©Asier Rua.

Uno de tus proyectos más celebrados es el restaurante MO de Movimiento, que ha ganado bastantes premios. Háblanos más del impacto que supuso en tu carrera.

Ha sido muy premiado y para mí supuso un antes y un después. Todo mi archivo y exploración de los últimos veinte años se puso en común en un espacio y recibió el Premio Dezeen por el interior más sostenible en 2021, y el Frame Award para Best Use of Material, también en 2021. Y ahora, el último interior grande que hice, el showroom Colab de Sancal, que entregamos el año pasado, está ahora mismo también entre los cuatro finalistas de Best Use of Material de Frame y en en la categoría de sostenibilidad de Dezeen.

En estos dos proyectos somos mi equipo y yo y nuestra forma de pensar, enfrentarnos a un espacio y minarlo para sacar todo el material posible, si sale no se va a reciclar. En el de Sancal se ve incluso más que en MO, que fue un proyecto donde crecí muchísimo pero me venía grandísimo. Por suerte tuve muchísima ayuda de mucha gente a la que quiero y que estuvo ahí. Todos crecimos juntos y aprendimos. Y en Sancal pulí los términos.

¿A qué te refieres?

Puse nuevos retos más allá de reciclar y reutilizar. Por ejemplo, movimos paredes con ruedes; literalmente cortamos paredes, les pusimos ruedas y las movimos de sitio. ¿Para qué destruirlas y construir nuevas si las podemos mover de un lado a otro? También había trescientos metros cuadrados de un falso techo de los 90, de esos chungos blancos con puntitos, que rompimos, encapsulamos, pusimos escayola e hicimos una nueva pared divisoria con eso. En Sancal realmente hicimos barbaridades. Hasta conseguimos que fuese más barato que el metro cuadrado estándar en Madrid de reforma de una casa. Haciendo experimentos, laboratorio, transformando materiales, etc.

CoLab Madrid, Sancal 2024. Módulo cocina acoplado al módulo baños formado por paredes movidas con ruedas. Imagen: ©Asier Rua.

¿A cuánto está el metro cuadrado?

De media son mil euros, y a nosotros nos salió por unos ochocientos, que era uno de los retos. Sin que se diga, ya, es que lo sostenible es mucho más caro. Pues no, lo hemos hecho más barato. El noventa por ciento del presupuesto se ha ido a mano de obra y el otro diez, a materiales, cuando normalmente es al revés. Habitualmente el ochenta por ciento del presupuesto se va en materiales y el otro veinte por ciento, en mano de obra, que es lo más caro. Hay que poner un suelo X y un operario lo hace en un día. Pero yo a lo mejor contrato a cuatro, no les llamo operarios, les llamo artesanos, y les digo, vamos a transformar todo esto en todo aquello. El coste material es cero pero estoy pagando a cuatro personas.

Me encanta que desafíes esta creencia tan popular de que sale más caro hacer las cosas de manera sostenible. ¿Tú crees que desde tu práctica ayudas a repensar la materialidad y el consumismo?

No es que ayude o deje de ayudar. Desde luego para mí sí que es una exploración de eso. En realidad nadamos en la abundancia pero no solo material, sino de la cantidad de residuos. No hay más que ver las montañas y montañas de seminuevos que estamos tirando; si fuesen coches serían todos seminuevos, ni siquiera de segunda mano. Hay que repensarlo. Si eso no fuese uno de los retos que me pongo a mí mismo, me voy a trabajar para alguien. Quiero decir, no te lías la manta a la cabeza y montas un estudio si no es por algo que te motive humanamente.

Antes de todo este abuso siempre hemos trabajado con lo que había: las catedrales se han construido con la piedra de ahí al lado, y además esa catedral antes fue iglesia, que antes fue mezquita, y antes fue templo de no sé qué. Cuando las cosas tienen una historia larga es mucho más bonita, es mucho más rico. Hay capas y capas.

Has hecho varios sound systems y me ha llamado bastante la atención. ¿Cuál es tu relación con la música?

Aprendí a pinchar en un momento dado porque tenía amigos que pinchaban, te hablo de cuando tenía dieciséis o diecisiete años. Tuvimos un colectivo de DJs y hacíamos alguna cosa clandestina, éramos parte de la red del túnel y todas estas que hubo en Madrid durante la construcción de la M50. Empiezas a transportar altavoces y amplificadores y ahí aprendes cómo se conectan esas cosas. Quieras que no, coges un poco la base de cómo funcionan las tripas de un sound system. 

Mis estudios me los pagué pinchando, estuve pinchando prácticamente hasta irme a Eindhoven, lo hacía una o dos veces a la semana. No he vivido de ser diseñador hasta hace muy poco, siempre he vivido de pinchar, de ser monitor de campamento, camarero. Y dar clases, mucho dar clases. Producía música y llegué a tener un local donde tenía el taller de diseño y el estudio de música al mismo tiempo. Pero entraron a robar y se llevaron toda la parte de música, que es mucho más «robable» que los alicates y las sierras. El proyecto de música ahí se pegó un batacazo y me pitó el de diseño. 

CoLab Madrid, Sancal 2024. Lámpara fabricada con fluorescentes reciclados. Imagen: ©Asier Rua.

Me sabe fatal.

También tengo relación con la música de coleccionista, siempre que viajo voy a una tienda de discos y me compro un par o tres. Igual que fui skater y hago monopatines con piedras y con cosas, pues fui DJ y «raver» y hago sistemas de sonido. Y no es high definition, que está ahora muy de moda la alta definición, el club de escucha, la listening room, aunque luego prácticamente ninguno de esos sitios son de alta definición o sea. Lo mío es sonido de club, o sea, un sonido potente, claro, con pegada.

Me surgen dos preguntas. La primera, ¿qué música estás escuchando últimamente? Y la segunda, si has visto Sirat y qué te pareció.

Tantísima gente me ha escrito después de ver Sirat diciéndome que se ha acordado de mí. Muchísima. Fui con muchas expectativas y fue una decepción. Disfruté muchísimo la primera parte a nivel visual, sonoro, todo. Sin querer hacer spoiler a nadie, luego fue una decepción. Pero tardé, ¿eh? Salí del cine y dije, no lo tengo muy claro, a ver qué pienso mañana. Y después de digerirlo dije no, a mí no me gusta. Pero bueno, opinión personal.

Y luego, ¿qué música he escuchado últimamente? Llevo desde principios de año que me he quitado Spotify (y también Instagram, lo lleva una persona del estudio). Escucho NTS, una radio inglesa con dos canales al mismo tiempo con DJs. Como dicen ellos, música seleccionada por humanos, no por algoritmos. Escucho lo que hay en vivo pero como todo está en streaming, cuando alguien me gusta mucho le pongo la banderita y luego me voy a escuchar otras cosas de ese artista. Y ahí voy haciendo Shazams todo el rato. Y he vuelto a Soulseek, que es como el eMule, ¿te acuerdas? 

Tenía eMule pero esta no la controlo.

Pues esta comunidad todavía existe. Ahora todos los Shazams me los estoy descargando, por eso te digo que estoy teniendo un revival, estoy volviendo a coleccionar música, a clasificarla, a escucharla y a empaparme de todo eso. Entonces últimamente es muy aleatorio lo que me está entrando por los oídos porque es radio todo el rato. Pero el otro día, por ejemplo, estuve en un concierto de una banda que se llama Dame Area y hacía mucho que no me pegaba un baile de pogo delante del escenario a patadas y puñetazos. Me lo pasé muy bien.

Sound System VIII, infinito. Imagen: ©Lucas Muñoz Muñoz.

Volviendo a tu práctica más de objetos, en tu web distingues entre los Domestic Objects y los Wild Objects. ¿Qué los diferencia? Hay un proyecto con On Running que es wild y domestic según la ciudad.

Los Wild Objects son irrepetibles y, algunos de ellos, inencontrables. Cuando voy de viaje, intento tomarme un día o dos (cuando puedo, que no es siempre) para ir a ver tiendas de herramientas. Las cintas adhesivas, los alambres, las cuerdas… No son lo mismo en un país que en otro. Por ejemplo, en Londres es muy difícil encontrar alambre. Tienen productos muy específicos para problemas que en España resolveríamos con un alambre, que aquí chapuceamos mogollón con eso. Las cuerdas en India, o en Asia en general, son fascinantes. Los patrones, las texturas, los grosores… Todo. 

He hecho varios proyectos de coger basura de la calle en Shanghái o en Seúl, improvisarme unos muebles con cuerdas y con cintas y no sé qué, y dejarlos en la calle para que los coja quien quiera. Y desaparecen. Esos nunca entran en el mercado, nunca nadie los va a poder comprar, nunca nadie los va a poder exponer. Lo que sí hago es escanearlos en tres dimensiones. Tengo el escáner 3D de las piezas, y algún día a lo mejor pues hago un Pokémon Go (risas). Eso es un Wild Object.

Por ejemplo, las esculturas que hice para On Running. La de Zurich está hecha con zapatillas y prototipos sacados de los almacenes que desmontamos puntada a puntada, es irrepetible, por eso es wild. En cambio, la de Miami, si cojo esos planos, vuelvo a hablar con mi proveedor de metal y con el lacador de pintura que usábamos, lo puedo volver a hacer, está domesticado.

El diseño acostumbra a responder a una necesidad o un porqué. ¿Tú a veces estás en el estudio probando cosas por el simple gusto de hacerlas?

No tanto como me gustaría o no tanto como antes. Ese es el famoso «pensar con las manos» que decías antes. Es: me quedo en el estudio y juego. Es lo que llevo haciendo toda la vida, antes de estudiar incluso. Cuando no te van tan bien las cosas, tienes muchísimo más tiempo para hacer lo que te dé la gana y experimentar. Los años que viví en Eindhoven, sabía que era domingo porque estaban las tiendas cerradas cuando iba a comprar algo de comer. Yo me levantaba, desayunaba, comía y cenaba en el taller y volvía a casa. Como decía Orson Welles, mi trabajo es una expresión de mi vida.

Texto: Arnau Salvadó

Imágenes: Cortesía de Lucas Muñoz Muñoz

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