Maya Hawke y la nueva generación de ACTORES que también hacen MÚSICA (en serio)
Los actores que también hacen música. Imagen: fotograma oficial de «Stranger Things».
De Maya Hawke, estrella de «Stranger Things», a Olivia Rodrigo, pasando por Childish Gambino, Zooey Deschanel o Carlotta Cosials, cada vez más actores y actrices desarrollan carreras musicales paralelas con identidad propia. Analizamos por qué este cruce entre cine, series y música ya no es una moda pasajera, sino una forma contemporánea de construir autoría artística en la cultura pop actual.
En los últimos años, la frontera entre interpretación y música se ha vuelto cada vez más porosa. Actores y actrices que comenzaron su carrera frente a la cámara han encontrado en la música un espacio de expresión paralelo (y en muchos casos igual de relevante) para desarrollar una identidad artística propia. Maya Hawke se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de este fenómeno reciente: aunque conocida, fundamentalmente, por su papel en «Stranger Things», una intérprete que no utiliza la música como complemento promocional, sino como proyecto creativo con autonomía.
Este cruce no es nuevo, pero sí responde a una lógica contemporánea: la de artistas que rechazan el encasillamiento y aprovechan un ecosistema cultural donde la autoría, la multidisciplinariedad y el control creativo pesan más que nunca. Así, algo que anteriormente podía designarse bajo el paraguas de la «mocatriz», hoy adquiere un carácter más serio y basado en la independencia del artista. Desde Hollywood hasta la escena independiente española, la música aparece como un territorio donde el relato personal puede desplegarse en varias versiones de uno mismo y, aun así, no perder identidad. Estos cinco casos muestran distintas formas (y contextos) de habitar ese tránsito.
De Maya Hawke a Carlotta Cosials: descubre los actores que también hacen música
1. Maya Hawke: la intimidad como manifiesto
Hija de Uma Thurman y Ethan Hawke, Maya Hawke debutó en el cine con «Mujercitas» (2017) y alcanzó notoriedad global con su papel de Robin en «Stranger Things». Lejos de limitarse a capitalizar esa visibilidad, comenzó a desarrollar una carrera musical marcada por el folk y el indie narrativo, con letras confesionales y arreglos austeros.
Desde su primer álbum «Blush» (2020), seguido por «Moss» (2022) y «Chaos Angel» (2024), Hawke ha construido un universo sonoro propio, influido por Joni Mitchell, Fiona Apple o el storytelling literario. Su música no busca el impacto viral, sino la coherencia emocional. En paralelo a su filmografía (que incluye títulos como «Asteroid City» o «Do Revenge»), la cantante ha consolidado una voz que funciona al margen del apellido y del hype televisivo.
Fotograma oficial de «Asteroid city» (2023)
2. Childish Gambino: la identidad como performance total
Antes de ser Childish Gambino, Donald Glover ya había demostrado una capacidad inusual para moverse entre disciplinas. Comenzó como guionista en «30 Rock», se hizo conocido como actor en «Community» y creó una de las series más influyentes de la última década con «Atlanta», donde ya se intuía su interés por la música, la raza y la cultura pop como discurso integrado.
Su proyecto musical, bajo el alias Childish Gambino, no es un alter ego, sino una extensión conceptual de su trabajo audiovisual. Álbumes como «Because the Internet» (2013), «Awaken, My Love!» (2016) o «3.15.20» exploran el hip hop, el funk y la electrónica desde una perspectiva política y experimental. En su caso, actuar y hacer música no son trayectorias paralelas, sino partes de un mismo sistema creativo que cuestiona constantemente la identidad, la fama y la representación.
3. Zooey Deschanel: el indie como refugio identitario
Mucho antes de que el cruce actor–músico se normalizara, Zooey Deschanel ya transitaba ambos mundos con naturalidad. Con una carrera cinematográfica marcada por títulos como «(500) Days of Summer» o «Almost Famous» y una popularidad televisiva renovada gracias a «New Girl», Deschanel construyó en paralelo un proyecto musical profundamente coherente con su imagen pública.
Como mitad del dúo «She & Him», junto a M. Ward, desarrolló un sonido folk-pop nostálgico, inspirado en la música de los sesenta y en la estética lo-fi. Sus discos, lejos de buscar el estrellato masivo, consolidaron un nicho fiel y ayudaron a definir una sensibilidad indie femenina que marcó toda una era. En su caso, la música no fue una huida del cine, sino un espacio de control creativo frente a una industria que tiende a simplificar los perfiles femeninos.
Fotograma oficial de «New Girl»
4. Olivia Rodrigo: Disney Channel como semillero pop
El caso de Olivia Rodrigo ilustra cómo las estructuras industriales siguen siendo determinantes. Rodrigo comenzó como actriz infantil en series de Disney Channel y alcanzó fama con «High School Musical: The Musical: The Series». Ese ecosistema (históricamente diseñado para producir estrellas pop) facilitó una transición rápida hacia la música, pero también impuso una narrativa muy concreta.
Lo singular de Rodrigo es que supo romper parcialmente con ese molde. Su debut «SOUR» (2021) convirtió el desamor adolescente en un fenómeno generacional, combinando confesión emocional y referencias rock. Con «GUTS» (2023), reforzó una identidad más áspera y autoral. Aunque su carrera musical eclipsó pronto a la interpretativa, su origen actoral explica su dominio del relato, del personaje y de la puesta en escena: la actuación no desaparece, se transforma.
5. Carlotta Cosials: el camino inverso desde España
En el contexto español, Carlotta Cosials representa un caso distinto pero igual de revelador. Conocida principalmente como vocalista de Hinds, Cosials ha desarrollado también una carrera como actriz en cine y televisión (como en «Los Protegidos», donde interpreta a Paqui), participando en proyectos que dialogan con la cultura alternativa y generacional. En un panorama donde la industria española tiende a compartimentar, Cosials encarna una forma contemporánea de autoría híbrida, más cercana a la lógica creativa internacional.
Una misma lógica, distintos recorridos
Estos cinco perfiles no responden a un único modelo, pero sí a una misma necesidad: ampliar los márgenes de expresión. En un momento en el que la identidad artística ya no se define por una sola disciplina, la música ofrece a los intérpretes un espacio de mayor autonomía narrativa. No se trata de «probar suerte», sino de ocupar un territorio donde el control creativo, la intimidad y el discurso personal son posibles. En el mundo del cine, interpretas a otro. Pero en la música… eres tú mismo.