Llega «Orlando» a la programación del CDN (Centro Dramático Nacional), la última obra teatral dirigida por Marta Pazos, a quien conocerás por piezas como Juana de Arco, que estuvo programada en Nave 10 este pasado otoño.
Reconocida por sus exuberantes escenografías y su amplio imaginativo, Pazos ha vuelto a triunfar en la ciudad de Madrid a través de un despliegue de medios hipnotizante que convierte el escenario en un lienzo en movimiento. El reparto, entre el que destacan nombres como el de Laia Manzanares, Paco Ochoa o Abril Zamora, se enfrenta a diario a butacas llenas y expectantes ante la conquista del público, que no deja de agotar existencias.
Si bien es cierto que no se le puede gustar a todo el mundo, es innegable el trabajo y el cariño que hay detrás de esta pieza que, para bien o para mal, no será capaz de dejarte indiferente.

Todo lo que necesitas saber sobre «Orlando», la última pieza de Marta Pazos
«Orlando» nace a partir de la novela de la única e inigualable Virgina Woolf, cuyas obras siempre se caracterizan por una profunda reflexión humana e intrínseca en la naturaleza de quien las interpreta. En este caso, el tema a tratar no es otro que la propia mutación del ser: una reflexión sobre cuánto podemos tardar en descubrirnos y sobre lo mucho que ese descubrimiento puede mejorar nuestra existencia.
El protagonista de nuestra historia, Orlando, ha vivido más de 300 años y lleva consigo a un público que le ve desenvolverse, en toda su excepción y naturaleza magnética, en algunas de las sociedades más importantes de la historia de la humanidad, terminando en los años 20 (que es la época en la que Woolf escribiría y publicaría la novela). Este enigmático personaje, que enamora y despierta la simpatía de todos cuanto le rodean, es llevado a la vida a través de Laia Manzanares, que transita con el personaje todos esos mundos.
En ese tránsito de amor, pasión y cambios, Orlando despierta un día siendo mujer. He aquí, sin más preámbulo, el kit de la cuestión: estamos ante una obra que habla de la identidad de género, temática social que aún a día de hoy sigue generando debate.
Esta especie de odisea hacia el descubrimiento es narrada por la voz de Woolf, a quien Abril Zamora cede sus cuerdas vocales. La visión de la escritora denotaba una sensibilidad muy elevada respecto a situaciones que gente de su época ignoraba. Y es triste comprender que esa misma sensibilidad es aún excepcional en muchos casos.
Como espectador, es imposible no pensar en que el mensaje político de la pieza es casi más importante que todo lo demás, aunque eso no deba compararse. Es prácticamente inevitable no pensar en el retroceso que la legislación de algunos países vecinos está sufriendo, dejando heridas irreparables en aquellos que, de nuevo, han de pelear por defender su identidad y la posibilidad de que la de cualquiera, esté sujeta a cambios venideros.
Así, vemos sobre el escenario objetos de trabajo mucho más allá de los materiales: vemos una oda a la libertad, la identidad, el cuerpo y la creatividad.

Una escenografía imponente e inolvidable
Más allá del mensaje, que no debe pasar desapercibido, es un hecho que lo más comentado de la pieza son: su brillante escenografía, diseño de vestuario y coreografía.
Un despliegue de medios de este calibre me llevó inconscientemente a tener en bucle dos pensamientos: el dinero, y el gran trabajo que hay detrás. El ser humano, que es morboso por naturaleza, siempre piensa en la cifra que habrá detrás de montajes de esta envergadura. Y seguramente la cifra sea espeluznante, pero innegablemente bien aprovechada.
Dos horas de pieza en la que no paran de suceder cosas: cambios de vestuario, transformaciones de atrezzo, montajes de danza hipnóticos… Solo quien lo ha vivido puede acercarse a comprender la verdadera complejidad y el nivel de concentración tan alto que una función así puede suponer. Cuando cae el telón, aplaudes con ganas ante profesionales que durante 120 minutos han trabajado de esa manera…

El escenario, por otro lado, es para Marta Pazos el cuerpo en sí mismo; una metáfora en la que el cuerpo toma formas como la de un castillo o un jardín, lugares hermosos en los que vivimos y morimos. Es un lugar en el que se desatan batallas, pero también proezas. Un lugar que cambia, pero que mantiene una esencia que siempre estuvo ahí y que Pazos, en este caso, representa con el color verde: un color que simboliza la naturaleza, el crecimiento, la renovación y la esperanza.
Y tú, ¿ya has ido a ver «Orlando»?
Laura Echeverria Hermoso @lauetxh
Imágenes: Cortesía del Centro Dramático Nacional.