El universo de Pablo Ozo es un crisol donde se mezclan lo onírico, lo figurativo y lo surrealista. Con una estética propia que fusiona influencias clásicas y contemporáneas, este artista gallego ha logrado hacer de su obra un reflejo de su visión única del mundo. Orejas de conejo, figuras fragmentadas y una mezcla de trazos sueltos han conquistado tanto a coleccionistas como a marcas de lujo.
En esta entrevista, Ozo nos desvela cómo ha transformado su visión del arte a lo largo de los años, su experiencia en el mundo de la moda y cómo su trabajo sigue trascendiendo fronteras, conectando con la mirada de aquellos que aprecian el arte de una forma especial. En sus palabras, encontramos la esencia de un artista que se reinventa a cada paso, sin miedo a la experimentación y la sorpresa.

PABLO OZO: Cuando el arte y la imaginación no conocen límites
Tu trabajo fusiona arte, y una estética muy personal. ¿Cómo definirías el universo artístico de Pablo Ozo?
No me gusta mucho definir lo que hago porque tampoco es algo que sepa a ciencia cierta, me gusta más dejar que el trabajo sea el que hable y vaya evolucionando conmigo, pero si tuviese que hacerlo, diría que mi universo artístico es una mezcla entre lo onírico y lo figurativo. Construyo escenas que parecen recuerdos o fragmentos de un sueño, con figuras humanas que se entrelazan, jugando con la perspectiva y la composición.
Trabajo con la idea de la belleza imperfecta, reinterpretando el retrato de manera poco convencional: rostros fragmentados, miradas múltiples, cuerpos que se cruzan y orejas de conejo. Me interesa que el espectador no lo entienda todo a primera vista, sino que tenga que mirarlo varias veces y proyectar su propia historia en la obra.
A lo largo de los años, he ido desarrollando una identidad donde el trazo suelto y la combinación de elementos clásicos con influencias más contemporáneas forman parte de mi lenguaje.
Desde tu infancia en O Grove hasta tu paso por Berlín, ¿cómo ha evolucionado tu forma de entender el arte?
Desde niño pasaba horas dibujando tras la barra del restaurante de mis abuelos sin ser del todo consciente de que, años después, esto se convertiría en mi profesión. Mi madre suele decir que nunca hizo falta comprarme juguetes, porque con un papel y un bolígrafo tenía suficiente. Para mí, en aquel entonces, el arte era simplemente algo que me nacía y que me hacía feliz.
Cuando crecí, supongo que el no tener referentes cercanos, hizo que dejase de lado la pintura sin plantearme o siquiera saber que podría vivir de ello, y decidí estudiar Administración y Dirección de Empresas. La pandemia me hizo reconectar con lo que realmente me gustaba. Volví a dibujar, empecé a compartir esos dibujos en Instagram y vi que había una respuesta.
La beca que me llevó a Berlín en 2021 fue un punto de inflexión. Fue la primera vez que salí de mi entorno y vi el arte desde otra perspectiva. Hasta ese momento, mi visión era más intuitiva, pero esa experiencia me hizo entender que el arte también es construcción, narrativa y contexto. Allí vi cómo otros artistas integraban su obra en distintos ámbitos y eso me hizo darme cuenta de que mi trabajo no tenía por qué limitarse a un lienzo colgado en la pared. Me hizo entender la importancia de la identidad artística y me dio la confianza para seguir desarrollando mi propio lenguaje.
Hoy en día, veo el arte como una manera de expandir mi mundo. No diría que es solo una parte de mi vida, sino que es toda ella: desde que me despierto hasta que me duermo, el arte está siempre presente.

Tus obras juegan con la deconstrucción de la figura humana y la presencia constante de orejas de conejo. ¿Qué simbolismo hay detrás de estos elementos?
La deconstrucción de la figura humana surge de mi interés por representar emociones en lugar de imágenes realistas. No me interesa pintar retratos convencionales, sino reinterpretarlos a través de mis formas.
En cuanto a las orejas de conejo, empezaron casi sin querer. Durante la pandemia, dibujé un personaje con orejas largas y formas poco definidas. Desde entonces, esa imagen se quedó conmigo y terminó filtrándose en todo lo que hago. Para mí, simbolizan lo lúdico, lo onírico y lo irreal dentro de mis cuadros. Son una forma de conectar con mi infancia y de dar unidad a mis obras, como si todas pertenecieran al mismo universo. También es una forma de traer a lo contemporáneo las formas o desnudos de épocas clásicas. Es como si todos mis personajes pertenecieran a una misma Realidad Imaginaria que va creciendo con cada obra que pinto.
JustMad 2025 ha sido un escaparate importante para tu obra. ¿Cómo viviste la experiencia de presentar tu trabajo en la feria con Untitled Gallery?
JustMad 2025 fue una oportunidad increíble para mostrar mi trabajo a un público más amplio y conectar con coleccionistas, galeristas y gente que disfruta del arte. Presentar mi obra con Untitled Gallery fue genial porque compartimos una visión muy alineada sobre lel arte como algo más allá del lienzo.
Lo primero que veía el público al entrar en la feria era un Boonny de 2 metros en fibra de vidrio, que se convirtió en una especie de puerta de entrada a nuestro mundo. Me gustaba la idea de que los visitantes tuvieran que atravesar su presencia para adentrarse en el espacio de la galería, casi como si estuvieran entrando en una Realidad Imaginaria.
Además de las esculturas, la feria fue la oportunidad genial para mostrar una nueva evolución en mi pintura. Durante la jornada VIP, hice una sesión de pintura en directo, algo que me encanta porque me permite compartir con la gente el proceso detrás de mi obra. El cuadro que pinté, «Profundamente Superficial», refleja esa mezcla entre lo inmediato y lo profundo.
En cuanto a la respuesta del público, fue muy positiva. Se vendieron varias piezas y la interacción con coleccionistas y gente del arte para seguir abriendo puertas.
Hablemos un poco más de «Profundamente superficial». ¿Cómo es el proceso creativo detrás de este tipo de piezas?
En una feria como JustMad, donde hay movimiento constante, ruido, conversaciones, el proceso es mucho más instintivo y fluido. Con «Profundamente Superficial», quise jugar con la idea del contraste entre lo que vemos a simple vista y lo que hay detrás. A primera vista, parecen simples trazos lineales en colores terrosos con toques azulados, pero es un estudio de la belleza: figuras femeninas en distintas poses y con trazos esbozados. Me gusta que estas piezas sean rápidas y espontáneas, porque capturan el momento de una forma muy cruda. No hay nada que pensar mientras trabajo, es todo intuición.
Tu colaboración con Bund en la penthouse del Hotel Thompson unió sastrería y arte en directo. ¿Cómo surgió la idea de intervenir trajes y qué significó para ti este proyecto?
La colaboración con Bund surgió de forma muy orgánica. Ellos tienen un concepto muy fuerte de sastrería a medida, pero con un enfoque moderno, casi disruptivo. Untitled Gallery y yo tenemos la idea de que el arte no debe limitarse al lienzo, sino que puede vivir en objetos, en espacios, en prendas.
Nos propusieron hacer algo juntos durante la Semana del Arte en Madrid, y se nos ocurrió esta idea de intervenir tres trajes en vivo, convirtiéndolos en piezas únicas, casi como si fueran una extensión de mi obra. El objetivo era que parecieran recién salidos del estudio.
Pinté directamente sobre las telas con spray y pincel, añadiendo detalles y escribiendo «Gallery Staff» y «Artist» en la espalda, para que el equipo de Untitled Gallery y yo los lleváramos durante la feria. Fue una forma de llevar la identidad de la galería y de mi obra a otro ámbito.
Este proyecto fue especial porque, de alguna manera, me conectó con algo que ya imaginaba de niño: ver mis dibujos en la ropa de la gente.
Decías que de pequeño soñabas con que la gente pudiera llevar tus dibujos en su ropa. ¿Sientes que con proyectos como Bund estás cumpliendo ese sueño?
Sí, totalmente. Desde pequeño, siempre me ha fascinado la idea de que mi arte pudiera existir más allá del papel en el que pintaba, y la ropa es una de las formas más directas de hacerlo. Con Bund y Untitled Gallery, personalizar los trajes hechos a medida y tratarlos como si fuesen un lienzo, fue una forma de darle vida a esa idea de manera más experimental.
Fue una experiencia genial poder crear un pequeño estudio en la Suite del Thompson y poder pintar rodeaco de coleccionistas. Creo que este tipo de proyectos abren la puerta a muchas posibilidades. La moda y el arte siempre han estado muy conectados, y me interesa seguir explorando formas en las que mi trabajo pueda integrarse en otros soportes y formas.

Has expuesto en ciudades como Berlín, París y Madrid, y tu arte ha llegado a espacios como Four Seasons Madrid o restaurantes con Estrella Michelin. ¿Cómo ha sido este viaje y qué crees que ha llamado la atención de marcas y coleccionistas?
Ha sido un camino muy natural pero a la vez muy intenso. No ha habido un plan cerrado ni mucho menos, sino más bien una evolución en la que cada paso ha llevado al siguiente.
Empecé mostrando mi trabajo en redes, y, con el tiempo, eso se amplió y comenzaron a surgir colaboraciones. Creo que lo que ha llamado la atención de marcas y coleccionistas es precisamente la identidad de mi trabajo, creo que es amigable a la gente y de algún modo le cogen cariño. También he tratado de hacer todo de forma muy personal, cercana y sobre todo real, en el sentido de que siempre he hecho lo que me nacía y eso la gente lo nota.
De algún modo también hay una coherencia en el universo que he ido creando, que hace que el arte no solo funcione en un lienzo, sino en diferentes contextos. En lugares como Four Seasons o DSTAgE, lo importante ha sido entender que el arte es algo que se puede vivir. Desde eventos en los que he trasladado mi estudio al hotel, hasta experiencias completas combinadas con gastronomía.
Lo interesante de trabajar con espacios de lujo es que quieren contar historias, generar experiencias únicas, y ahí el arte tiene mucho que aportar.

Tu estilo tiene influencias del cubismo, el surrealismo y el cartoon. ¿Cuáles han sido tus mayores referencias dentro y fuera del mundo del arte?
Dentro del arte, siempre me han llamado la atención los artistas que han sabido romper con la representación tradicional como Bacon o Picasso. El cubismo me ha influenciado mucho, sobre todo en la fragmentación de los rostros y en la superposición de líneas. También los dibujos que siempre vi en mi infancia. De pequeño, fui un niño que veía muchos dibujos animados al que le gustaba sacar ideas de estos dibujos y crear sus propios personajes y mundos. Creo que esto nunca me ha abandonado y de algún modo le rindo tributo en mis obras actuales.
En el día a día no suelo fijarme en artistas más allá de su técnica o cómo muestran su obra, me gusta más fijarme en ideas, imaginaciones, sueños, pensamientos… En este sentido, Daniel Arsham me gusta por como ha llevado su universo creativo al mundo actual. En la moda, me atraen las marcas y creativos que trabajan con una identidad visual muy marcada, como Louis Vuitton o Loewe.
Creo que todo esto se traduce en mi forma de pintar: una mezcla entre lo pictórico y lo gráfico, lo clásico y lo contemporáneo.
En un mundo donde el arte digital y las redes sociales tienen cada vez más peso, ¿cómo crees que impacta la tecnología en el arte contemporáneo?
La tecnología ha cambiado por completo la forma en la que se consume, difunde y comercializa el arte. Hoy, el arte no depende únicamente de galerías o museos; los artistas tienen el poder de construir su propio público a través de las redes sociales. Esto ha democratizado el mercado y ha permitido que surjan nuevas oportunidades sin necesidad de seguir el camino tradicional.
En mi caso, las redes me han permitido conectar con coleccionistas, marcas y espacios de lujo que han apostado por mi trabajo. Dicho esto, aunque valoro el arte digital y su impacto, mi trabajo sigue siendo muy físico y matérico. Pinto al óleo, uso oil stick, carboncillo… necesito que las obras tengan textura y presencia en el espacio. Para mí, la tecnología es un canal, pero el arte sigue teniendo una esencia tangible que no quiero perder, y tengo la sensación de que la gente tampoco.
¿Cuál es el siguiente paso para Pablo Ozo?
El siguiente paso es siempre crear y mejorar en lo que respecta a mi obra. Siento que estoy en un buen momento en ese sentido: cambiando cosas, probando otras, las ideas fluyen y eso me hace feliz.
Por lo demás, un paso sería llevar mi trabajo a proyectos de mayor escala y consolidar la salida de España que he venido haciendo en los últimos meses en lo que a obra se refiere. Me gustaría alcanzar en mayor medida Asia y Estados Unidos, mercados en los que trabajo con Cristina Alonso (que vive en Bangkok) como agente y en busca de nuevas oportunidades.
Uno de mis enfoques actuales es desarrollar más esculturas, crear más, mejor e incluso arte de mayor tamaño. Estoy ansioso por lo que pueda venir. En cuanto a exposiciones, Cristina y yo estamos preparando una muy especial para mediados de mayo, que espero que sea un salto de nivel en lo que vengo haciendo.

Si tuvieras que elegir un espacio soñado para exponer tu obra, ¿cuál sería y por qué?
Pensando a lo grande, me encantaría hacer una exposición en un sitio icónico como Gagosian en Nueva York, Saatchi Gallery en Londres o Perrotin en París. También me atraen espacios poco convencionales, como una suite de lujo o una mansión privada en la que toda la exhibición esté diseñada como una experiencia inmersiva, creando un ambiente en el que el espectador entre en mi mundo durante el tiempo que dure la exposición.
¿Qué consejo le darías a otros artistas emergentes que buscan abrirse camino en la industria?
Si tuviera que dar un consejo a artistas emergentes que buscan abrirse camino, diría que el talento es importante, pero la constancia y la visión lo son aún más. Hoy, el arte no se trata solo de crear, sino de posicionarse, construir un universo propio y generar oportunidades. Es fácil caer en la idea de que si la obra es buena, las puertas se abrirán solas, pero la realidad es que hay que moverse. Para los artistas emergentes, es clave además pensar más allá de la galería tradicional.
También diría que proteger la identidad artística es tan importante como hacer crecer el proyecto. Es fácil perder el foco cuando surgen oportunidades, pero hay que tener claro qué quieres hacer y qué no, y construir con una visión a largo plazo. No se trata de decir que sí a todo, sino de elegir bien qué movimientos te acercan a lo que realmente quieres.
¿Hacia dónde te gustaría llevar tu obra en los próximos años?
En los próximos años, quiero seguir expandiendo mi universo artístico más allá de la pintura tradicional. Me interesa trabajar en escultura, instalación y experiencias inmersivas, creando espacios donde la gente no solo vea mi obra, sino que la viva.
También quiero fortalecer mi presencia en el mercado internacional. Asia es un foco importante para mí, gracias a la conexión que ya tengo con Cristina Alonso, mi representante en Bangkok. Me interesa explorar más oportunidades en ese mercado, que tiene una gran apreciación por el arte contemporáneo y por la fusión entre tradición y modernidad.
Otra de mis metas es consolidar mi obra en colecciones privadas y en espacios icónicos. Quiero que mis piezas formen parte de entornos que aporten valor a la experiencia del arte.
Lulu Callejas: @lulu.callejas
Imágenes: Cortesía del artista