La colección, presentada en la ciudad donde Gabrielle Chanel fundó su casa de costura en 1915, retoma los códigos de funcionalidad, movimiento y simplicidad que definieron el inicio de la Maison
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La colección, presentada en la ciudad donde Gabrielle Chanel fundó su casa de costura en 1915, retoma los códigos de funcionalidad, movimiento y simplicidad que definieron el inicio de la Maison
Hay desfiles que presentan una colección y otros que reformulan un legado. En Biarritz, Chanel no solo vuelve a un lugar clave de su historia: activa una forma de entender la moda en diálogo constante con el entorno, el cuerpo y el tiempo. El debut Crucero 2026/27 de Matthieu Blazy para la Maison se mueve precisamente en ese terreno, donde origen y contemporaneidad dejan de ser opuestos para convertirse en un mismo lenguaje. Descubre todos los detalles de la colección a continuación:
El desfile Crucero 2026/27 de Chanel, presentado ayer 28 de abril en Biarritz, se articula como un regreso a un punto fundacional que no pertenece únicamente a la historia de la Maison, sino también a la historia cultural de Europa. No es casual que sea aquí donde Matthieu Blazy presente su primer desfile Crucero para Chanel, el lugar donde Gabrielle Chanel abrió su casa de costura en la Villa de Larralde en 1915, y se convirtió también en el escenario donde la moda empieza a pensarse como algo inseparable del entorno.
En aquel momento, Biarritz no era solo un enclave costero del suroeste francés, sino un espacio de convergencia. La aristocracia europea convivía con trabajadores del mar y con una intensa presencia de artistas que encontraban en la ciudad un refugio creativo. Igor Stravinsky, Jean Cocteau o Pablo Picasso pasaron por este entorno, atraídos por esa mezcla de ocio, libertad y energía cultural que definía el lugar. Esa circulación de figuras demostró que Biarritz era ya entonces un laboratorio donde las fronteras entre disciplinas empezaban a diluirse.

Es precisamente en ese ecosistema donde Chanel establece su primera casa de costura en la Villa de Larralde, un espacio que integra boutique, talleres y vivienda, anticipando la estructura de la rue Cambon pero con una relación todavía más directa con el exterior. Y es en ese gesto donde aparece una de las transformaciones más decisivas de la Maison: el paso de la rigidez a la libertad funcional.

Esa idea atraviesa toda la colección de Blazy, que se articula desde una noción clara de movimiento. El jersey aparece en vestidos largos de caída recta que siguen el cuerpo sin imponer estructura. El algodón lavado y el lino organizan conjuntos de lectura cotidiana, con camisas amplias y pantalones rectos que remiten a una forma de vestir más cercana a la vida real que a la alta costura clásica. El tweed, uno de los grandes códigos de Chanel, se reinterpreta aquí en una versión más ligera y abierta, casi desmaterializada, como si hubiera sido adaptada a la luz atlántica del entorno.


En paralelo, los vestidos de seda foulard introducen una lectura más inestable del movimiento, donde el tejido responde directamente al viento y al cuerpo. Esa sensibilidad se amplía a través del Art Déco, que atraviesa la colección no como referencia aislada, sino como lenguaje estructural compartido con la arquitectura de Biarritz de la época. Las líneas geométricas, la depuración formal y la búsqueda de equilibrio entre ornamento y función se trasladan tanto a las prendas como a su construcción visual. En algunos polos de punto y piezas de jersey, los motivos geométricos organizan el cuerpo en lugar de decorarlo.

A partir de ahí, la colección se construye como una convivencia constante entre registros. Es en las referencias al litoral atlántico donde «Sous le salon, la plage» adquiere una lectura más concreta, a través de piezas que refuerzan la dimensión funcional de la colección, como la típica red de pescador ha estado versionada en un vestido.


Los gorros de nadador ajustados remiten a un tipo de verano en el que el baño forma parte de la rutina cotidiana. Las botas altas de pescador en material técnico introducen una tensión entre protección y ligereza cuando se combinan con prendas fluidas. Y en ese mismo sistema aparece uno de los gestos más reconocibles del desfile: los zapatos llevados en la mano al acercarse a la playa, una imagen mínima que marca el paso entre ciudad y naturaleza.
Uno de los recursos más narrativos del desfile aparece en varios looks construidos a partir de estampados de prensa. Entre los archivos de la prensa local de Biarritz, Bayona y San Juan de Luz aparecen todavía rastros de los primeros años de actividad de la Maison en la ciudad. En ellos se publicaban anuncios en los que se solicitaba personal cualificado para el atelier de Gabrielle.
Para esta ocasión, vestidos y trajes reproducen las páginas de estos periódicos locales, convirtiendo la prenda en superficie de archivo, y reconstruyendo la dimensión casi doméstica y todavía incipiente de la casa de costura, cuando la relación entre la firma y su entorno inmediato se articulaba aun a través de la prensa local y de una red muy directa de comunicación con la ciudad.
Los accesorios, por otro lado, refuerzan esa idea de desplazamiento continuo. Bolsos de rafia de gran formato conviven con piezas rígidas más pequeñas y objetos impermeables pensados para moverse entre ciudad y playa. El calzado oscila entre sandalias planas, construcciones más arquitectónicas y tacones de geometría marcada, mientras el doble C se integra en algunas piezas como parte estructural del diseño.


La joyería también refuerza esa misma lógica. Las perlas, elemento histórico de la Maison, conviven con piezas de geometría contenida y estructuras que remiten tanto al entorno marino como a la arquitectura del Art Déco.


Y es en esa continuidad entre objeto y contexto, donde el regreso de Chanel a Biarritz no se entiende como una evocación del pasado, sino como la reactivación de un origen que sigue operando en el presente. La Villa de Larralde, la ciudad y el archivo de la Maison funcionan aquí como un único circuito en movimiento, donde la historia no se fija como relato cerrado, sino que se reescribe a través de nuevas lecturas.
«Sous le salon, la plage» por lo tanto no es solo un título descriptivo, sino una declaración de método. la moda como un territorio donde pasado y presente no se oponen, sino que dialogan de forma continua.
El vestir como un mar en el que pasado y presente no se enfrentan, sino que confluyen en una misma corriente continua de significado.
Eneko Méndez @eneko_mndez
Imágenes: cortesía de Chanel