«STREATWEAR»: el lujo descubre que la calle siempre estuvo ahí

Tras más de una década en la que el «streetwear» dominó las pasarelas y transformó el lenguaje del lujo, la moda parece volver a la sastrería y a códigos más formales. Sin embargo, la historia de esta estética, nacida de subculturas juveniles mucho antes de llegar a las grandes casas, recuerda que la calle ha sido siempre el verdadero motor cultural de la industria

Durante buena parte de la última década, el streetwear se convirtió en el lenguaje dominante de la moda global. Hoodies, zapatillas deportivas, camisetas gráficas o siluetas amplias pasaron de las calles y las subculturas juveniles a las pasarelas de las casas de lujo.

Sin embargo, en las últimas temporadas algo parece estar cambiando. Cada vez más colecciones apuestan por una estética más estructurada: trajes más definidos, abrigos largos, proporciones más formales y una atención renovada a la sastrería. Un giro que, más que un simple cambio estético, parece responder también a una cierta saturación del lenguaje visual que dominó la moda durante los últimos años. Ese cambio ha abierto un debate dentro de la industria: ¿estamos ante el final de la era post-Virgil o simplemente ante un nuevo giro dentro del ciclo natural de la moda?

Antes de responder, conviene recordar algo fundamental. Aunque durante años el lujo haya capitalizado el fenómeno, el streetwear nunca fue creado por las marcas de moda. En realidad, su historia pertenece primero a la calle: a comunidades, escenas musicales y generaciones de jóvenes que utilizaron la ropa como una forma de construir identidad mucho antes de que esa estética encontrara un lugar en las pasarelas.

Grupo de jóvenes en un entorno urbano durante los años noventa, reflejo de cómo las subculturas juveniles convirtieron la ropa en una forma de identidad colectiva. Imagen: @nationalportraitgallery
Grupo de jóvenes en un entorno urbano durante los años noventa, reflejo de cómo las subculturas juveniles convirtieron la ropa en una forma de identidad colectiva. Imagen: @nationalportraitgallery

Streetwear: cómo la cultura de la calle transformó el lujo (y por qué ahora vuelve la sastrería)

La calle antes que las pasarelas

Antes de que el término «streetwear» se popularizara, la idea de la ropa como expresión cultural ya estaba presente en muchas subculturas urbanas del siglo XX. En distintas ciudades, jóvenes vinculados a escenas musicales o creativas comenzaron a utilizar la ropa como una forma de identidad colectiva. Desde los mods y punks británicos en los años sesenta y setenta hasta las escenas hip-hop emergentes en Nueva York durante los ochenta, la moda funcionaba como un lenguaje visual que permitía reconocer a una comunidad.

Jóvenes posan en una calle de Nueva York en los años ochenta, una de las escenas donde comenzó a gestarse la estética que hoy conocemos como streetwear. Imagen: @beblk
Jóvenes posan en una calle de Nueva York en los años ochenta, una de las escenas donde comenzó a gestarse la estética que hoy conocemos como streetwear. Imagen: @beblk

Uno de los primeros ejemplos claros fue Stüssy, fundada a principios de los años ochenta por Shawn Stussy. Lo que empezó como camisetas y gorras con su firma vendidas entre surfistas terminó convirtiéndose en un símbolo cultural que conectaba escenas creativas muy distintas: surf, música, skate y arte urbano.

En los años noventa ese tipo de estética se consolidó con la aparición de nuevas marcas independientes. En Nueva York surgió Supreme, inicialmente concebida como una tienda para la comunidad skate del downtown de Manhattan. Casi al mismo tiempo, en Japón, A Bathing Ape desarrollaba un lenguaje visual muy reconocible que mezclaba cultura pop, referencias militares y estética hip-hop.

Nigo, fundador de A Bathing Ape, una de las figuras clave en la expansión global del streetwear desde Japón. Imagen: @aplasticplant
Nigo, fundador de A Bathing Ape, una de las figuras clave en la expansión global del streetwear desde Japón. Imagen: @aplasticplant

Estas estéticas no surgían dentro de la industria de la moda. Aparecían en barrios, clubes, conciertos o espacios donde la ropa se reinterpretaba constantemente. Muchas veces se trataba de apropiaciones improvisadas: prendas deportivas mezcladas con ropa militar, piezas vintage combinadas con marcas accesibles o incluso uniformes laborales convertidos en símbolos culturales.

En ese sentido, el streetwear no puede entenderse como una tendencia concreta sino como una continuación de algo más amplio: la tradición de las subculturas de construir su propia estética al margen del sistema de la moda.

Skaters en las calles de Nueva York en los años noventa, escena que impulsó el nacimiento de marcas como Supreme. Imagen: @chromaclt
Skaters en las calles de Nueva York en los años noventa, escena que impulsó el nacimiento de marcas como Supreme. Imagen: @chromaclt

La apropiación del lujo desde la cultura urbana

Curiosamente, durante los años ochenta y noventa el flujo cultural no iba del lujo hacia la calle, sino muchas veces en sentido contrario. Un ejemplo conocido es el fenómeno de los Lo Lifes en Brooklyn a finales de los ochenta. Este colectivo juvenil adoptó prendas de Ralph Lauren, especialmente chaquetas y polos, como parte de su identidad estética dentro de la escena hip-hop. Aquella apropiación no estaba pensada por la marca; fue una reinterpretación cultural nacida directamente de la calle.

La moda urbana ha funcionado históricamente así: reinterpretando elementos existentes para darles un significado nuevo. Y durante décadas, el streetwear había evolucionado como un lenguaje propio dentro de comunidades creativas. Las marcas de lujo, en cambio, mantenían una distancia clara respecto a ese universo. Esto empezó a cambiar de forma significativa a partir de los años 2010.

El colectivo Lo Lifes en Brooklyn durante los años ochenta, famoso por adoptar prendas de Polo Ralph Lauren dentro de la cultura hip-hop. Imagen: @boys_dont_cry
El colectivo Lo Lifes en Brooklyn durante los años ochenta, famoso por adoptar prendas de Polo Ralph Lauren dentro de la cultura hip-hop. Imagen: @boys_dont_cry

El punto de encuentro

Con la expansión de internet, la cultura sneaker y las redes sociales, la estética urbana comenzó a circular a una velocidad sin precedentes durante la década de 2010. Lo que durante años había pertenecido a escenas locales, skaters en Nueva York, colectivos creativos en Tokio o comunidades hip-hop en distintas ciudades, empezó a convertirse en un lenguaje global.

La industria de la moda no tardó en reaccionar. Las grandes casas comenzaron a integrar elementos del streetwear dentro de sus colecciones: zapatillas deportivas combinadas con trajes, sudaderas dentro de contextos de lujo o colaboraciones con marcas nacidas fuera del sistema tradicional de la moda.

En ese contexto apareció una figura que terminaría simbolizando esa transformación: Virgil Abloh. A través de su marca Off-White y posteriormente como director creativo de la línea masculina de Louis Vuitton, Abloh logró llevar códigos culturales del streetwear al centro del lujo. Su enfoque no consistía únicamente en diseñar ropa, sino en trasladar referencias culturales, desde la música hasta la arquitectura o el arte contemporáneo, al lenguaje de la moda.

Camiseta de Off-White diseñada por Virgil Abloh, una marca que llevó los códigos del streetwear al centro del lujo contemporáneo. Imagen: @big_chief_astroboy
Camiseta de Off-White diseñada por Virgil Abloh, una marca que llevó los códigos del streetwear al centro del lujo contemporáneo. Imagen: @big_chief_astroboy_52

Sin embargo, reducir esta transformación a una sola figura sería simplificar demasiado el proceso. Antes y después de Abloh, otros diseñadores ya habían explorado el cruce entre la moda de lujo y la cultura juvenil. Raf Simons, por ejemplo, llevaba desde finales de los noventa inspirándose en subculturas juveniles, del punk a la música electrónica, para reinterpretar la sastrería desde una sensibilidad contemporánea. Por su parte, Hedi Slimane redefinió el vínculo entre moda y música durante su etapa en Saint Laurent, incorporando referencias de escenas musicales y estéticas juveniles dentro de una marca histórica del lujo.

Editorial de Raf Simons inspirada en subculturas juveniles, una de las influencias que acercó la estética underground a la moda de lujo
Editorial de Raf Simons inspirada en subculturas juveniles, una de las influencias que acercó la estética underground a la moda de lujo

También hubo diseñadores que recorrieron el camino inverso: figuras nacidas directamente dentro del streetwear que terminaron integrándose en el sistema de la moda tradicional. Uno de los casos más claros es Nigo, fundador de A Bathing Ape, quien años más tarde asumiría la dirección creativa de Kenzo.

Todo esto demuestra que la relación entre streetwear y lujo nunca fue el resultado de un único momento o de una sola persona. Fue, más bien, una evolución progresiva en la que distintas figuras fueron acercando dos mundos que durante mucho tiempo habían permanecido separados.

Editorial dedicada a Nigo, fundador de A Bathing Ape, figura clave en la expansión del streetwear japonés a escala global. Imagen: @yemarkett
Editorial dedicada a Nigo, fundador de A Bathing Ape, figura clave en la expansión del streetwear japonés a escala global. Imagen: @yemarkett

Y quizá ahí está la clave para entender el momento actual. Durante un tiempo, el lujo adoptó el lenguaje de la calle hasta convertirlo casi en uniforme global. Pero cuando una estética nacida en la contracultura se vuelve dominante, inevitablemente pierde parte de su carácter original. Tal vez por eso hoy muchas casas parecen mirar de nuevo hacia la sastrería o hacia códigos más clásicos: no como un rechazo al streetwear, sino como una forma de buscar un nuevo equilibrio.

Porque si algo ha demostrado la historia de la moda es que la calle siempre llega antes que las pasarelas. Y cuando la industria cree haber entendido una estética, normalmente ya hay otra generación reinventándola en otro lugar.

Virgil Abloh y Nigo revisan unas sneakers durante una sesión creativa, símbolo del diálogo entre streetwear y lujo en la última década. Imagen: @aplasticplantt
Virgil Abloh y Nigo revisan unas sneakers durante una sesión creativa, símbolo del diálogo entre streetwear y lujo en la última década. Imagen: @aplasticplantt

El riesgo de convertir una subcultura en tendencia

El éxito del streetwear dentro de la moda tuvo también un efecto inesperado: su propia saturación. A medida que las sudaderas con logotipos, las zapatillas exclusivas o el modelo de «drops» limitados se multiplicaban en el mercado, la estética empezó a perder parte de su carácter cultural.

Muchas marcas comenzaron a utilizar la etiqueta streetwear simplemente como una estrategia de marketing. En muchos casos se trataba de productos diseñados dentro de dinámicas de fast fashion que poco tenían que ver con las comunidades que habían dado origen a esa estética. Ahí aparece una contradicción evidente.

El streetwear auténtico surge de contextos culturales concretos, muchas veces vinculados a jóvenes que utilizan la ropa como una forma de expresar identidad dentro de entornos sociales complejos. El fast fashion, en cambio, responde a una lógica de producción industrial masiva.

Aunque ambas cosas puedan parecer similares en la superficie, no responden al mismo origen ni al mismo significado cultural. De hecho, aunque algunas marcas de fast fashion adopten elementos visuales del streetwear, no se puede considerar que formen parte del streetwear más puro, ya que carecen del vínculo con la comunidad y la historia cultural que definen esta estética.

Montañas de ropa desechada en una gran ciudad, imagen que simboliza el impacto ambiental del fast fashion frente al origen cultural del streetwear. Imagen: @vestiareco
Montañas de ropa desechada en una gran ciudad, imagen que simboliza el impacto ambiental del fast fashion frente al origen cultural del streetwear. Imagen: @vestiareco

El regreso de la sastrería

En resumen, tras años en los que el streetwear dominó las pasarelas y el lujo se apropió de la estética urbana, muchas casas de moda parecen recuperar su lenguaje histórico: trajes estructurados, abrigos largos y siluetas refinadas que vuelven a situar la sastrería en el centro del lujo y la élite. Este regreso al clásico no es solo un cambio estético: refleja también un contexto social y político más conservador, en el que los códigos formales se perciben como símbolos de poder, orden y autoridad frente a la incertidumbre global. El traje vuelve a la élite, mientras el streetwear, su contrario natural, se desplaza hacia la calle y las periferias, retomando la marginalidad de donde surgió.

Look de sastrería contemporánea en pasarela que refleja el regreso de los códigos clásicos tras la era dominada por el streetwear. Imagen: @complexstyle
Look de sastrería contemporánea en pasarela que refleja el regreso de los códigos clásicos tras la era dominada por el streetwear. Imagen: @complexstyle

Es decir, el streetwear nunca desaparece, porque su esencia no está en las marcas ni en las pasarelas, sino en las subculturas que lo crean. Por lo tanto, su regreso a la calle no es un retroceso, sino un retorno a sus raíces, más auténtico y vital que nunca, mientras el lujo institucionaliza la sastrería como símbolo de poder y estatus.

Este fenómeno refleja una dinámica histórica que se repite: la élite se apropia de la innovación cultural y la transforma en objeto de lujo, mientras lo genuino encuentra refugio en la periferia. Y hoy, en un mundo donde las tensiones políticas y sociales globales tienden hacia políticas más conservadoras y polarizadas, esta división estética se vuelve todavía más evidente, un espejo de la jerarquía y de los valores predominantes.

Al final, quizá lo más interesante no sea preguntarse si el streetwear ha terminado, sino entender cómo el ciclo de apropiación, saturación y transformación se conecta con el contexto social y político. Pero mientras haya subculturas, seguirá existiendo como expresión de identidad, resistencia y creatividad, incluso cuando el lujo recupere su lugar en los escaparates.

Eneko Méndez @enekomndez

Imágenes: Instagram

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