YUNG PRADO publica «GUFI»: «Ahora parece siempre demasiado serio todo»
Yung Prado publica «GUFI»: la electrónica vuelve a divertirse. Imagen: foto Pablo Anyway / Mateo Quindos
Nil Roig lleva años moviéndose entre la electrónica de club de Yung Prado, el synth-punk de La Élite y el colectivo Mainline. Ahora publica GUFI, un álbum de 22 canciones que combina house, electroclash, pop sintético y espíritu de blog house para defender una idea sencilla: la pista de baile no necesita solemnidad. Hablamos con él sobre sintetizadores, cultura DJ, colaboración y la creciente seriedad de la electrónica contemporánea
Yung Prado publica «GUFI»: entrevista sobre electrónica, club y humor
Nil Roig compagina desde hace años dos de las realidades más activas de la electrónica independiente en España. Bajo el alias de Yung Prado, el productor catalán ha consolidado una trayectoria en solitario centrada en el house y la cultura de club, pero esta actividad convive de forma paralela con su papel en La Élite, el dúo de synth-punk que comparte junto a Diosito y que ha dinamizado el circuito de festivales estatales mediante composiciones aceleradas de espíritu directo. Al evaluar su identidad en ambos frentes, Roig difumina las fronteras: «Comparto muchas cosas. Sí que igual La Élite es un poco más «crossfit», pero al final mi aportación ahí es más producción y tocar cacharritos, así que es casi igual». Además, el músico es pieza fundamental de Mainline, el colectivo barcelonés de DJs y creadores que renovó la escena local conectando la electrónica con la ironía digital y la autogestión.
Su tercer álbum de larga duración en solitario, «GUFI», ha salido en 2026 y funciona como un compendio de toda esta actividad previa, articulando veintidós canciones que buscan devolver la pista de baile a un terreno puramente lúdico y distendido. El volumen del disco responde a una acumulación natural de material. «Llevaba tiempo sin sacar música nueva y tenía muchas demos en el disco duro», explica el productor sobre la gestación de un LP que esquiva la estrategia actual del lanzamiento fragmentado en singles. Musicalmente, el trabajo traza una línea diagonal entre el house clásico, el electroclash de principios de los dos mil, la electrónica francesa y las texturas del pop sintético. El propio título del álbum alude a una categoría informal asociada a lo torpe o lo exagerado, una forma de ir a contracorriente frente a la creciente formalidad técnica o el purismo estético que a veces coordina el ocio nocturno contemporáneo. Respecto a esta rigidez, Roig observa: «A ver, no toda, pero sí que parece siempre demasiado serio todo; la verdad… no te sabría decir el momento en que se volvió serio, pero seguro que no soy el único que lo piensa».
Larga vida a la síntesis modular
El sonido de «GUFI» nace del cacharreo puro en el estudio. Mientras la electrónica actual suele sonar idéntica porque todo el mundo comparte las mismas librerías de sonido y los mismos programas de ordenador, Yung Prado prefiere encerrarse con las máquinas físicas, abrazando la nostalgia por lo analógico. De hecho, cuando le preguntas qué salvaría de su estudio si empezara a arder, le cuesta elegir: «¡Joder, todos los que tengo! No sé, estaría entre un Korg MS20-M semimodular, que creo que no se venden ya, o la Mode Machines x0xb0x Mk2». Utilizar estos aparatos cambia por completo el resultado. Al poder tocar los filtros con las manos, saturar las frecuencias sobre la marcha y retorcer los sonidos, las líneas de bajo quedan ácidas y rugosas. Esa imperfección buscada le da al disco una textura crujiente y gamberra que recuerda muchísimo al blog house de finales de los dos mil y a sellos míticos como Ed Banger o Kitsuné.
Portada del álbum «GUFI» de Yung Prado con una esfera disco en blanco y negro y tipografía rosa
Los colaboradores del trabajo
Esa misma libertad se nota en la lista de invitados, que abre el disco a un montón de influencias distintas. Las colaboraciones con la argentina Simona, la venezolana MJ Nebreda, el mexicano Theus Mago o el productor Doppel Gangs sacan el álbum del típico sonido frío de los clubs centroeuropeos. Aquí las voces en castellano mandan, apoyadas en frases directas y estribillos pop que se te pegan a la primera. Al final, se nota mucho el peso de referentes de la electrónica latinoamericana como los argentinos DJs Pareja o el chileno Alejandro Paz: en su música, la voz no es un simple recurso técnico o un bucle abstracto para rellenar la pista de techno, sino una herramienta para conectar de verdad con la gente.
El productor catalán juega con la ironía y el humor visual en el universo de «GUFI»
Lo colectivo frente a lo individual
Esa manera relajada de ver los géneros musicales es la misma que aplica a la hora de organizarse. Mientras la industria musical actual vive obsesionada con las marcas personales y las estrategias de redes sociales, el colectivo Mainline pasa de manuales corporativos y funciona a base de buen rollo y confianza. «Pues justo ahora no hacemos tantas asambleas y va mejor que nunca, pura anarquía; solo nos avisamos al gestionar algo y todo el mundo está ok», cuenta Nil sobre el día a día del grupo. Esa misma horizontalidad la lleva a la cabina, desmontando por completo la idea del DJ como un ser superior o un experto intocable: «Al final, alguien que pone música en una mesa es DJ de verdad también, nos guste o no. Puede tener más skills o menos, ser más feo o más guapo, pero quien va a decidir quién es mejor va a ser el público. Como los presidentes de los países, siempre decide el público».
Yung Prado en una fotografía promocional compartida durante la etapa de lanzamiento de «GUFI»
Vanguardia relativa
La conclusión del álbum abandona la retórica de la vanguardia compleja para abrazar una vocación popular y funcional. El productor desmantela cualquier atisbo de elitismo intelectual sobre su método de trabajo: «Bueno, yo no me considero muy en la vanguardia, y como no tengo tampoco grandes conocimientos musicales, lo que sale es algo que es fácil que pueda entender cualquier persona». De este modo, la experiencia artística regresa a una escala estrictamente humana. La anécdota que mejor define el espíritu del proyecto se aleja de la épica de los grandes escenarios y los sintetizadores de coleccionista, aterrizando en una realidad puramente física y cotidiana. Al recordar su momento más decididamente «gufi» tras los platos, el músico confiesa: «Pues siempre me pasa que con los nervios me entra muchísimo pis y tengo que ir rápido a medio set al baño».
Yung Prado tapa la cámara con la mano en una fotografía realizada en un baño
Esta imagen resume con nitidez el núcleo de «GUFI»: una invitación explícita a desarmar la pose, bailar sin manual, aceptar la torpeza y recordar que la pista de baile siempre fue, esencialmente, un espacio para sudar colectivamente.