1. Comienza con un paso extra: la PREbase

Empecemos por el principio. Un buen maquillaje empieza por una buena base. En este caso no hablamos de la calidad de la piel o el fondo que uses (aunque también son factores que influyen en el resultado) sino de crear una superficie homogénea sobre la que comenzar a trabajar gracias al uso de una prebase.
Existen muchos tipos diferentes, dependiendo de tu tipo de piel puede interesarte una que regule la grasa u otra que contenga siliconas y alise la superficie cutánea.
Lo importante es no saturar la piel con producto y dejar que se asiente completamente para asegurar que alarga la vida del maquillaje que depositemos a continuación.








