ÀLEX MONNER: «El mundo artístico me ayuda a darle sentido a mi vida»
Àlex Monner en «La Ruta. Vol. 2: Ibiza» Imagen: cortesía de ATRESMEDIA.
Hablamos con el actor Àlex Monner, que después de media vida delante de cámara, suma en su trayectoria títulos como «La furia», y «Los Bárbaros». Hoy, nos desvela los secretos de la última entrega de la serie «La Ruta. Vol. 2: Ibiza», y de cómo está viviendo el proceso de crear su primera película.
Son las 19:00 h de la tarde y nos encontramos en la ciudad en la que se ruedan más de 2.000 proyectos audiovisuales al año, Barcelona. La Fábrica Moritz nos sorprende con poca cola —por unos prestados escasos minutos—, y Àlex Monner prácticamente aterrizado de Madrid nos recibe como anfitrión en su ciudad natal.
Con Àlex, no hay doble fondo. Nos lo demostró a los minutos de conocerle. En medio de la cervecería adornada por el ruido de los vasos y el olor a lúpulo, fue él quien sacó un abridor del bolsillo cuando la camarera lo había olvidado. Un gesto simple, que demostraba que integraba como cotidiano dar el brazo a torcer. El talento —su talento— no va vinculado a la presencia en redes, ni a la caprichosa inmediatez. Quizás por eso ha encontrado cómo romantizar la idea de que las cosas buenas se hagan esperar —como su propia película, o el formato de lanzamiento semanal de la segunda entrega de «La Ruta»—. Después de regalarnos papeles tanto en series como en la gran pantalla, nos queda claro con esta entrevista que enfrentarse a lo nuevo, es su rutina de siempre.
Bebe una 0,0, lleva en el bolsillo un abridor, pero no un smartphone. Síntoma de que la actualidad le interesa, pero sin opacar lo que le deleita, como la carne con tomate y pimientos de su abuela. Analógico, cercano y apasionado, con una vocación que respira lealtad hacia lo que uno es. Sinónimo de ese consejo de Vicente Aleixandre, que claudica que «solo siendo leal a uno mismo puedes serlo con los demás».
Àlex Monner en «La Ruta. Vol. 2: Ibiza» Imagen: cortesía de ATRESMEDIA.
ÀLEX MONNER: «A mí el mundo artístico me ayuda a darle sentido a mi vida»
Últimamente, con tantas plataformas y estrenos, cuesta encontrar una serie que te enganche lo suficiente como para esperar al próximo capítulo. De aquí nace un poco el formato fast food de las plataformas streaming, al que los espectadores estamos acostumbrados. «La Ruta», en ese caso, nos devuelve la sensación de expectación. En tu caso, ¿cómo vives este formato de emisión semanal? ¿Crees que favorece a la serie?
A mí la verdad me gusta bastante que vaya saliendo semana a semana porque es un «caramelito» que te espera el domingo. No sé cómo debe de ser a nivel espectador puro al recibir así la serie, pero quizás te obliga a estar un poco más concentrado cuando miras los capítulos. Y de todas formas, los puedes ir acumulando. No soy un espectador aventajado en series, —desconozco cuántos capítulos puede ver uno al día—, pero estamos mal acostumbrados «a comernos» las series».
Siguiendo con «La Ruta», ¿qué elemento diferencial dirías que tiene Marc en esta segunda temporada respecto a la primera?
Yo creo que a Marc en la primera lo pillamos en un momento, de «podredumbre», aunque no sé si la palabra está bien escogida. Creo que Marc en la segunda temporada ya ha aprendido a convivir con esa parte oscura de sí mismo. Puede ser, que viva como en un «puteo» constante por las circunstancias que le rodean en la isla, y al final al personaje lo que le pasa es que está viendo cómo su lugar como DJ en los clubs y en las cenas está siendo relegada en segundo término porque hay artistas que vienen del Reino Unido que por lo que parece tienen una concepción y una idea sobre la fiesta que a nivel económico funciona más, y es más rentable.
Por ende, siente que están usurpando su lugar en la escena, y cada vez pincha en horarios más malos, y cada vez se tiene que ir adaptando a lo que otros dictan. Paralelamente, cuando aparece el personaje Vicky —interpretado por Carla Díaz—, y evidentemente explicándole que está embarazada, ahí se le abre un mundo. Es su posibilidad de dejar de «estar de culo» con la vida, y de conformar una familia. Esto sin duda es un tipo de conflicto que en la primera temporada ni se olía.
Àlex Monner y Carla Díaz en «La Ruta. Vol. 2: Ibiza» Imagen: cortesía de ATRESMEDIA.
En esta segunda temporada también vemos cómo interpretas al padre de tu personaje en su juventud. Tu «yo» Àlex, ¿tiene más en común con Marc, o con Manuel?
Yo creo que por cercanía de décadas, me siento más cercano a Marc. El personaje DJ lo siento más familiar que el personaje constructor de los años 70. Aparte, la generación de mis padres, es la gente que en los años 90 tenían la edad que tengo yo ahora. Osea que yo de alguna forma aunque era muy pequeño y acababa de nacer, he visto vídeos de mi padre con la misma edad que tenía Marc, en los mismos años en los que pasa la serie. Me siento más cercano a Marc.
¿Y cómo ha sido construir a Manuel?
Construir a Manuel ha sido claramente alejarme mucho más de mí. Buscar cosas que claramente no me resultan tan cercanas. Para mí era muy importante que se pudiera sentir que Manuel y Leonor —interpretada por Marina Salas— eran una pareja de los años 70. Para ello, tuvimos muchos debates y conversaciones con Borja y Marina para entender cómo se comportan, qué maneras había antes de tocar, de acercarte, de tener sexo, o de enfrentarte a lo nuevo que está proponiendo una nueva forma de vivir en la Ibiza de los años 70. Hay que trabajar cómo Manuel recibe a esas personas que son tan modernas y que le están proponiendo que de alguna forma sea moderno él también.
Paralelamente, ya desde guión, estaba muy escrito que Manuel tuviera unas particularidades físicas que a mí me empujaron como actor a buscar un físico distinto, una forma de mirar distinta, y una voz distinta.
Manuel era un tipo que cuando había sido pequeño había tenido Polio, entonces se le había quedado una pierna más larga que la otra, y eso le había obligado al personaje a tener un zapato más grande que otro. Elemento que le llevaba a cojear. Entonces yo imaginaba que Manuel cuando era adolescente, a causa de esta anomalía se tuvo que trabajar mucho el que la gente le hiciera caso. Él siempre se ha sentido como una rara avis. Esto me fue dando pistas.
Àlex Monner en «La Ruta. Vol. 2: Ibiza» Imagen: cortesía de ATRESMEDIA.
Son bastante antónimos el padre y el hijo
Sí, la verdad es que sí. Son personajes muy distintos. Había la posibilidad y la opción de hacerlos muy parecidos, pero ya que Manuel tenía estas características tan concretas, quería probar de hacer algo diferente. Así, tú como espectador cuando saltas de los 70 a los 90, ves personas distintas.
¿Hay alguna anécdota que recuerdes que nos puedas contar?
El primer día que hice a Manuel, mi padre que es protésico dental, me hizo una dentadura para el personaje. Pensaba que al ponérmela me iba a ayudar. Entonces, me hizo una dentadura falsa de cerámica, y todos los ensayos los hice con la dentadura. A mi pesar, no podía cerrar bien la boca, porque al ser de ese material, había ciertas expresiones que si las llevaba al máximo, tenía miedo de que la dentadura se me rompiera.
También estrenaste «Los Bárbaros» el 13 de junio. La película muestra la realidad de la crisis del 2008. ¿Hubo alguna escena que te hayas llevado a casa y que te haya hecho pensar?
La verdad es que no. Precisamente el personaje de Sergio está tan tranquilo y «tan pancho» de vivir el momento que le está tocando vivir. De hecho creo que es de los únicos momentos en su vida en los que se siente acompañado por gente. Digamos que si la construcción del edificio siguiera su curso natural, en ningún momento se hubiera tenido que reunir con las dos personas con las que se reúne durante la peli. Lo guay de «Los Bárbaros» es que habla de un momento de crisis en el que todo el mundo está muy crispado con los ánimos por el suelo, pero a la vez, habla de tres personajes que aún y estar sometidos a esta situación no se permiten estar tristes.
De repente tienen que cenar en una caseta sin luz, pero sienten compañía los unos de los otros. De hecho por culpa —o gracias— a la crisis se dejan llevar y pueden vivir lo que viven en la peli, que es momentos de absoluto descanso, de estar tirados al sol, de perder el tiempo o de no ser productivos, y muy anticapitalistas. Simplemente dejar que los días pasen bajo el sol hablando los unos con los otros.
Esto me recuerda a la pandemia. Como de, no hay nada que hacer, y en este nada que hacer, donde el consumismo para, donde la vorágine de las grandes ciudades para, lo que nos queda es nuestra compañía, hablar y contarnos historias. Acompañarnos en el vacío de la pérdida del tiempo. Podría ser una oda a la compañía.
Àlex Monner y Greta Fernández en «Los Bárbaros». Imagen: RTVE.
Tus dos personajes, Marc —de La Ruta— y Sergio —de «Los Bárbaros»—se saltan lo preestablecido. Marc vemos como en la primera temporada decide no aceptar la oferta de IBM, mientras Sergio muestra su tranquilidad por el antisistema. ¿Hasta qué punto ser joven es una excusa para hacer lo que te apetece y no lo que socialmente se espera?
Sí, si tienes la posibilidad de hacerlo sí. No es exactamente lo que te da la gana. Hay veces que cuando siento que estoy haciendo lo que me da la gana, es porque estoy haciendo lo que puedo hacer con el dinero que he ganado trabajando, que no es estar haciendo exactamente lo que quieres. Y de hecho creo que, una de las cosas que más me está gustando de hacerme adulto, es pasar por momentos en los que tengo que hacer cosas que cuestan de hacer. Normalmente son situaciones que me apetecen, pero que me cuesta ponerme. Montar un personaje y estar seis meses súper concentrado, no es fácil. No es placentero.
A los 30 es sabido que aparece esa mini crisis existencial que te obliga a hacer introspección y a revisar hacia dónde vas. ¿Has pasado por ese punto de inflexión?
Es el primer año que he notado el peso de la edad realmente. Aún así, le estoy encontrando un cierto gusto a que haya momentos que se vayan repitiendo, pero que ya no intercedan en ti de la misma forma. Viajar por trabajo, o la rutina que tengo en Barcelona siento que es bastante agradable. Me gusta que esté establecida una y otra vez.
¿Y cómo es la rutina de Álex Monner?
En el fondo es ver a mis colegas, mirar películas, ir mucho al cine… Siempre estoy pensando en ideas. Por ejemplo este año he estado escribiendo un guión en casa, y levantarme por la mañana y ponerme a escribir, —aunque cueste porque es una auto disciplina— pues pienso que es muy guay poder tener esta rutina.
Hemos visto que tienes distintos hobbies; la fotografía, la música… y que estás en el proceso de dirigir una película. ¿Qué nos puedes contar de tu peli?
Es un proceso largo y que cuesta. Ya es sabido que las películas cuestan de levantar. Es un proyecto largo, como una maratón. De alguna forma, es frustrante ver como has trabajado mucho la aplicación de unas ayudas y estas ayudas no te las han dado, pero a la vez, es un tipo de viaje muy particular. Es un proceso que constantemente te va recordando si realmente quieres estar ahí, picando piedra para hacer películas y dirigir.
Y por último, ¿delante o detrás de cámara?
Donde sea, siempre que haya proyectos interesantes. A mí el mundo artístico me ayuda a darle sentido a mi vida.