Cuando viajamos —especialmente si hacemos turismo de ciudad y nunca hemos estado en dicho lugar— tenemos la necesidad imperante de visitar todo lo posible. Todos los monumentos, museos, restaurantes, tiendas… ¡Que no quede ni un metro cuadrado por descubrir! En mi último viaje a Venecia, algo se interpuso entre mi pulsión por completar toda la lista de recomendaciones y yo: el hotel Nolinski de Venecia
Venecia nos recibía más húmeda de lo habitual. Llovía sin parar y los turistas que nos encontrábamos a medida que nos acercábamos al centro de la ciudad estaban enfundados en ponchos y una especie de bolsas de plástico en los pies. Me temía lo peor. Había visto cientos de vídeos en redes sociales de la gran Plaza de San Marcos inundada. Y, por supuesto, el calzado que llevaba distaba mucho de ser a prueba de (tanta) agua.
Tras una breve parada para tomar un capuchino y un dulce (que más tarde descubrirás cómo se llama la maravillosa delicia que se come en la ciudad de los canales en Carnaval), nos dirigimos al Hotel Nolinski para dejar el equipaje y comenzar a tachar esos elementos de la lista que mencionaba antes. Sin embargo, lo que yo suponía que iba a ser una parada rápida se convirtió en el principio de un largo descanso.

Crónica de 24 horas en el Hotel Nolinski de Venecia, el hotel del grupo Evok Collection
12:00 a.m.: la llegada
¿Hay algo mejor que tu habitación esté lista antes de la hora del check-in? Permitidme que lo dude. Así que, tras un recibimiento excepcional en ese palazzo de 1939 —que originalmente fue la sede de la Cámara de Comercio de la ciudad y hoy alberga 43 habitaciones distribuidas en cinco plantas y forma parte de Evok Collection— y un breve tour, Matteo nos acompañó a la habitación. He aquí lo primero a destacar: el complejo puede ser impresionante, pero si el personal no acompaña la majestuosidad del lugar, para mí, la magia se pierde.
Recuerdo vivamente cómo intentaba explicarnos todo en español, entreteniéndonos mientras subíamos en el ascensor hablando de cómo las góndolas estaban hechas en función del peso y la estatura del gondolero. Ahí ya sabía que íbamos por buen camino.

12:30 a.m.: la habitación
Entrar en esa suite fue una experiencia religiosa. Los culpables de todo fueron Yann Le Coadic y Alessandro Scotto, quienes se encargaron del interiorismo del hotel. La primera estancia que presencias es una sala de estar con una mesa de centro repleta de libros; a su izquierda, un delicioso sofá rosa pastel y, sobre este, un curioso espejo que deforma la figura. Por supuesto, no pasa desapercibido el cuadro de una mujer a mano derecha. Nunca había convivido en un lugar tan cotidiano con una obra de arte. Lo recomiendo encarecidamente.
Si avanzas encontrarás una muy apetecible cama y, si eres como yo, debatirás entre sumergirte entre almohadones o patear la ciudad. Aunque, teniendo en cuenta las vistas desde la ventana de esa habitación, tumbarse y admirar la cúpula que se vislumbra entre los tejados anaranjados ya contaría como turismo, ¿no?

Por último, el baño. Tener libros a mano mientras estás dándote un baño o poder controlar de forma milimétrica la luz del tocador es un tipo de lujo que, quizás, no se te viene a la cabeza de primeras, pero si lo experimentas, comienzas a ser consciente de que en los más ínfimos detalles está la clave.
18:00 a.m.: un trocito de cielo
Tras salir a comer y sobrevivir a la tromba de agua que azotaba la Serenissima ese preciso día, decidimos probar uno de los atractivos más destacados de Nolinski Venecia: su piscina con vistas 360. Tras subir unas escaleras cubiertas de moqueta y con una iluminación que te hacía sentir que estabas accediendo al mismísimo cielo, encontrabas una piscina dorada y rodeada por ventanales. El agua ajustada a la temperatura perfecta era el mejor remedio tras una caminata bajo la lluvia. Y las vistas a la plaza de San Marcos simplemente le daban el toque surrealista.

21:00 a.m.: The Library Bar (mi lugar favorito)
Salimos a cenar fuera y, a la vuelta, yo solo tenía clara una cosa. Quería cerrar la noche en The Library Bar. No sabía si prefería tomarme un cóctel mientras mantenía una relajada conversación con mi acompañante, simplemente estar en silencio y observar a los demás huéspedes, leer un libro («La villa florentina» fue el elegido para este viaje) o soñar con oír en directo el piano de cola que dominaba la estancia. Sentía que era un lugar versátil, acogedor, interesante…


Por supuesto, las paredes completamente forradas de libros —más de 4.000 libros cuidadosamente seleccionados por Anatole Desachy— y las obras de arte captaron mi atención durante un largo rato, pero también lo hicieron los sillones de terciopelo rojo y, por supuesto, los cócteles. Merece la pena mencionarlos porque no se parecen a ninguno que haya probado. Pedimos dos: Sacher Tarte y Srawberry 86. Ambos sorprendían y eran delicados. Sin duda, fue la mejor forma de terminar el día.

8:00 a.m.: desayunar
Muy a nuestro pesar tuvimos que despedirnos de esa cama hipnótica, pero ayudó pensar en el desayuno que esperaba en una sala de una decoración exquisita. Yo me decidí por una tostada de aguacate con granada, un bol de fruta y un pudding de chía con un ligero toque a vainilla que, si te está sonando poco apetecible, es porque no has tenido la oportunidad de degustarlo —sigo soñando con él y trato de replicarlo sin éxito—. También pude probar unos perfectamente cocinados huevos benedictinos con bacon de mi acompañante y un surtido de panes y bollería francesa excelentes. Levantarse había merecido la pena.

9:00 a.m.: la despedida
Creo que no sorprendo a nadie cuando digo que me hubiese quedado mucho más tiempo en Nolinski Venecia. Si experimenté serenidad en escasas veinticuatro horas, no me quiero ni imaginar cuando en otra ocasión alargue mi estancia —porque habrá otra ocasión, os lo aseguro—. ¿Si tengo que decir cuál fue la clave? El equilibrio. El equilibrio entre la herencia francesa de la cadena hotelera y el enclave italiano. El equilibrio entre lo cotidiano y lo extraordinario. El equilibrio entre hogar y un lugar por experimentar. Ya estás buscando vuelos a Venecia, ¿no?
Venecia en 1 día
Aquí van 5 claves de Venecia si vas a estar poco tiempo en la ciudad. Sin ningún orden en particular, solo imprescindibles que yo repetiría sin dudarlo:
Un dulce
Si tienes la inmensa suerte de estar por la ciudad durante Carnaval, prueba el frittelle. Un dulce típico de esta fecha que consiste en una masa frita rellena de pasas y, en mi caso, ricotta (aunque también había de nata y crema). Nosotros la tomamos en al más puro estilo italiano: con capuchino en mano, de pie y en un santiamén.

Dos restaurantes
Si seguimos con la comida, nosotros probamos por recomendación de unos amigos italianos el restaurante Bakarò. Y, por casualidad para cenar, nos topamos con Ai Do Archi, donde degustamos dos pizzas muy ricas.

Tres lugares
La iglesia de Sanpataleón, La Fenice y el Palazzo Grassi son increíbles. Además, si vas en algún día en el que el tiempo no acompañe, son tres actividades de interior perfectas.









