Hablamos con el cantante de su reconciliación con el pasado, de la fuente inagotable de inspiración que parece ser Disney para su proyecto y de la gira de largo recorrido que le llevará a cruzar el Atlántico el próximo 2026.
Con la naturalidad de quien no pretende encajar en moldes, Barry B se ha convertido en una de las voces más auténticas e impredecibles de la música actual. Ingeniero de formación y artista por un golpe del destino, lo que para muchos podría haber sido un punto final, para el de Aranda se convirtió en una oportunidad que, sin pretenderlo, le ha llevado a compartir estudio con artistas globales como Aitana.
Barry B: «Es bastante importante ser Gabriel en casa. Porque si hubiera seguido siendo como Barry estaría muerto o me hubiera vuelto loco».
Te has consolidado como una de las grandes promesas de la escena nacional. ¿Cómo explicarías el éxito de lo que ya has hecho? ¿A qué crees que se ha debido?
Yo creo que el éxito nace, por un lado, de que curro muchísimo y, por otro, de que tengo un equipo muy bueno en el que confío. También, y lo más importante, es que hago la música que quiero, sin pensar mucho. Es algo que nace de mí, por lo que la puedo defender de manera férrea porque sé en todo momento cómo es. Es como si tuviera un hijo.
Háblanos un poco de tus orígenes en Aranda de Duero y de cuándo viniste a Madrid…
El origen de todo es que me pegué una hostia con el coche. Estaba becado para irme a México de ingeniero IT y me acuerdo perfectamente que salí, iba tocado del ala, estampé el carro y me volví a Aranda, al restaurante de mis padres, a trabajar. Allí, como no había mucho más que hacer y tenía tiempo, empecé a quedar con productores, a hacer música desde el iPad y conocí a Drummie. Bueno, ya le conocía, pero empezamos a hacer temas de forma seria y da la casualidad de que Drummie iba con Ralphie Choo a clases de producción y hacían videoclips en Aranda… Todo fue un cúmulo de factores que hicieron que la movida se empezara a generar.
También conocí a Gara y, bueno, dicen que el amor mueve montañas, ¿no? Pues a mí me llevó de Aranda a Madrid. Su primo me consiguió un trabajo de domótica aquí y hasta ahora, hasta febrero que lo he dejado.
Traje completo de Diesel, gafas de Saint Laurent, chaqueta Firebird rojo-blanco y zapatillas Superstar II (textura cuentas), de adidas.
Si hablamos de tus inicios en la música, tenemos que remitirnos a The Girondines, ese grupo de rock que empezaste junto a Sam Gold con el deseo de, en tus propias palabras: «disfrutar de la vida de artista en los reservados del Sonorama».
(Risas). Todo empezó porque había un batería que iba conmigo a clase —yo iba al científico tecnológico, full frikis, yo incluido— y le vi salir del camerino del Sonorama con su grupo de rock con una birra. Entonces miré a Sam, que ahora toca con nosotros y con Juan, y le dije: «vamos a hacer un grupo». Y ahí, con 16 años, hicimos The Girondines. Me gustaba la sensación de ir de bolo, ganábamos concursos de universidades, tocamos en el Sonorama, lo conseguimos, lo que pasa que luego, por cosas que pasan, nos separamos.
¿Cuándo sientes que ese primer objetivo cambia y, consecuentemente, cuándo entiendes que se puede hacer música sin banda?
Al volver a Aranda después del accidente. En ese momento conocí a muchos productores, descubrí el autotune… ¡Yo estaba flipando porque todo salía de una máquina!
Estamos hablando de la época en la que el «peak» de lo que molaba era Cecilio G. Y, no sé, en ese momento, como que dejé de lado totalmente el rock y, de forma genuina, salió «Kit Kat», «Taj Mahal»… todas esas cosas que escuchó alguien de Sony y, gracias a ello, me llegó el primer adelanto de distribución.
Set chaqueta y short Firebird marrón de adidas, abrigo de Sandro, gafas de Gucci, calcetines de Uniqlo y zapatillas adidas Superstar II.
¿Sientes que tu alianza con los artistas de rusia-IDK (Rusowsky, Ralphie Choo, Drummie…) ha sido clave para determinar tu sonido?
Es todo una conjunción, pero obviamente sí. Forman parte de todas las variables que me han llevado hasta donde estoy. Un poquito de por aquí, otro de por allá… y tienes la pócima. Es cierto que siempre tuve esa base de lo que sabía que me gustaba, porque es lo que escuchaba en casa, pero al final todo se fue juntando. En ese momento toda esta movida del urbano, que era como el nuevo punk, permitía que te pudieras hacer la música que quisieras desde un ordenador en tu casa y, encima, lo podía oír todo el mundo, ¿sabes? Muy loco.
Lo más significativo de juntarme con ellos fue ver que se podía, porque ellos también empezaban a despegar y era como: «hostias, es que se puede perfectamente, solo es cuestión de echarle ganas».
En ese momento tenías 26. Como en muchas otras carreras, 26 años pueden ser muchos para alguien que casi empieza en esto. Sin embargo, en tu caso, fueron los justos para demostrarte que nunca es tarde. ¿En algún momento la edad te ha jugado malas pasadas?
Alguna vez, pero es más síndrome del impostor. La suerte que tengo es que no me voy a quedar calvo (risas). Pero, sí, alguna vez lo he pensado, pero nunca tanto como para no seguir, ¿sabes?
Bueno, ¡mira a Post Malone! Lo importante es tener la energía para hacerlo.
«Kit Kat», que antes la mencionabas, pero sobre todo, «Soleá», fueron tu carta de presentación a la industria. Para alguien que todavía no te haya escuchado, ¿dirías que estos temas siguen definiendo quién es Barry B?
Un poco, ¿no? «Kit Kat» es como una especie de mantra post-punk que habla de drogas y de la noche, que es bastante definitorio de mi movida. Y «Soleá» tiene ese juego entre guitarra clásica con techno y todas esas mezclas.
El hecho de que ninguna de las dos se parezca nada entre sí creo que es lo más definitorio, porque es lo que hago siempre (risas). Si me gusta un estilo, lo hago, me da igual que se parezca o no. Entonces, sí, te diría que siguen reflejando una parte de Barry B.
Chaqueta Firebird azul marino y zapatillas Superstar clásicas, de adidas. Camisa de Versace (vintage), corbata de SISYPHE y pantalones de Ambush.
¿Cuánto de crucial fue para ti recurrir a un alter ego para presentarte al mundo como cantante en solitario?
Fundamental. Si es que era ingeniero… Piensa que yo por la mañana estaba haciendo una reunión en Valladolid con el jefe de una promotora, contándosela, hablando sobre domótica y sobre qué debería poner en su hotel, y por la tarde estaba componiendo y el sábado yéndome a un bolo a gritar.
Además, creo que es bastante importante ser Gabriel en casa. Y porque si hubiera seguido siendo como Barry estaría muerto o me hubiera vuelto loco.
«Rookies» también está entre tu lista de temas más icónicos. De hecho, en 2023 se convirtió en la banda sonora de la Campaña Otoño-Invierno 2023 de El Corte Inglés. He leído por ahí que esto te vino genial para saldar ciertas deudas pero, a la vez, sirvió de puente para que mucha gente llegara a vosotros. ¿En algún momento pensasteis en no ceder los derechos de la canción por ser algo muy mainstream?
Ese tema fue increíble. De repente te hablaba Delaossa o gente así del urbano que en esa época estaba arribísima.
Nunca pensamos en no ceder los derechos. ¡Era Elsa Pataki (risas)! ¿Quién se atreve a decirle que no? Además, eso me dio la pasta para pagar la multa del accidente. Por eso en «Joga Bonito» digo: «nos vamos a Disney después de que haya pagado mis multas». Antes de que «Rookies» fuera la banda sonora de El Corte Inglés estaba reventado pagando la deuda y, de repente, se solucionó, gracias a Elsa (risas).
Ya que la mencionas, esta no es la única referencia a Disney que podemos encontrar en tu discografía. Cuéntame más sobre esta fuente inagotable de inspiración que parece tener para ti la cultura Disney.
Siempre me ha gustado. Creo que tengo peor aspecto de lo que soy por dentro (risas). Pero sí, me gustan las pelis románticas de Disney; me divierten, me despistan de la vida.
Me gusta que las canciones acaben bien, que las tramas de las películas de amor acaben bien… que se salve la humanidad. Todas estas cosas me devuelven un poco la esperanza que, bueno, creo que es lo que más nos hace falta ahora, un poquito de esperanza.
Chaqueta Firebird rojo, pantalones Firebird negro y zapatillas Superstar II clásicas, todo de adidas. Tanktop de Moschino.
Dos de tus temas más escuchados en Spotify actualmente son «Trankis», junto a Aitana, y «Yo pensaba que me había tocado Dios», con Carolina Durante. Cuando decides colaborar con ellos, ¿intuías poder llegar a estas cifras?
Con Aitana me lo podía esperar más. Obviamente no le iba a decir que no, pero no por nada, sino porque a mí Aitana me cae bien, o sea, me parece una buena chavala y siempre hemos tenido buena conexión. Aparte, la canción la compuse yo, así que no me daba nada de cringe. Era una canción que me molaba, le gustó a ella y se quiso meter, entonces, ¡increíble!
Y lo de Carolina Durante… Sabía que era un tema muy guapo, pero para nada esperaba que iba a llegar a lo que ha llegado a ser. El otro día incluso me dijo una chica que se casó hace dos semanas y que «Yo pensaba que me había tocado Dios» fue la canción con la que entró a la Iglesia, imagínate. Nunca me lo habría esperado, jamás, y menos con Carolina Durante, que en esa época no habían sacado nada de su disco, ni estaban donde están ahora. Solo sabíamos que eran los reyes del rock en Madrid y ya.
Ya que hablamos de mainstream, me gustaría recuperar una frase que tú mismo sentenciaste en nuestra pasada entrevista. «Lo que hay ahora es puro mainstream alocado»… ¿Por qué lo sientes así?
Porque a día de hoy todo el mundo puede estar en el top sin tener respeto por las referencias, ni por las bases de la música, que lo veo bien, pero yo siempre he considerado que, aunque no sepas mucho de armonías y tal, por lo menos es importante saber de dónde viene todo, para que haya una base sólida.
TikTok, todo es rápido, todo es efímero, todo es ultraperfecto. Las voces te las puede procesar una IA en cinco segundos… Para mí es importante que la música suena imperfecta, a destiempo, con gritos, para que siga teniendo esa sensación de humanidad, que es lo que siempre te tiene que provocar la música, el arte, que es humano, que ha nacido de las manos de un homínido, no de un robot. De hecho, es lo que nos diferencia de los robots. Bueno, diferenciado, en pasado, porque ahora ya… Por desgracia, esa humanidad se está perdiendo en todos los ámbitos. No sé de dónde vamos a llegar, todo está loco, no solo la música y el mainstream.
Chaqueta Firebird negro de adidas, camisa de Sandro, corbata de Emeerree, pantalón de Guess Jeans y zapatillas Superstar II Leather de adidas.
A diferencia de «CHATO», tu álbum debut, «Infancia Mal Calibrada», tu nuevo EP, se centra, además de en la epicidad y el amor, en los recuerdos de una infancia atravesada por la confusión y la intensidad mal digerida. En general, ¿remover los fantasmas del pasado te resulta liberador, o a veces también te supone una carga?
Liberador, totalmente. En el caso del EP, además, no ha habido ninguno que se me haya atravesado. Y a los que se me han atravesado en algún momento, este año como que me he enfrentado a ellos.
Te juro que es la primera vez en mi vida que siento que tengo el karma bastante estabilizado después de todas las liadas (risas). Y además lo siento de verdad. Durante estos dos años he sabido pedir perdón, hablar con gente con la que tenía algo enquistado y valorar las cosas un poco más. Y bueno, lo he plasmado en las canciones y ahí está el resultado.
Hace nada fui a tocar a Burgos, que es donde estudié… Para mí siempre ha sido una ciudad súper honorable, más fría que Aranda, la gente en general es más suya… ¡Y estaba a reventar! Todo el mundo se sabía las canciones… Fue muy bonito.
Ya que tus letras suelen profundizar en tu universo emocional, me gustaría saber: ¿te has autocensurado alguna vez al componer?
No autocensurado, pero sí disfrazado lo que quería expresar con alguna metáfora para guardarme el verdadero significado solo para mí. El resto de personas que lo sientan como ellos vean, ¿sabes? Pero la mayoría de mi vida está las letras, sí.
También has contado que tienes una colaboración por ahí que sorprenderá por ser mucho más urbana que lo que acostumbras a hacer. ¿Qué puedes contarnos de ella?
De momento está hecha, pero no sé sabe cuándo la vamos a sacar. Lo que sí te puedo decir es que es un tema que iba a estar dentro de «Infancia Mal Calibrada» y que, por culpa y gracias a que quedara en stand by, hice «Monster Truck», que es uno de los que mejor ha funcionado de todo el EP.
Pantalón Firebird azul y chaquetas Firebird de adidas. Blazer de Glenn Martens x H&M y camiseta de CODE 22 Men.
«Infancia Mal Calibrada» también servirá de impulso para una gira de largo recorrido que pasará por multitud de salas en España y cruzará el Atlántico para presentarte en Latinoamérica el próximo 2026. ¿Qué es de lo que tienes más ganas y lo que más te asusta de todo lo que está por venir?
Hacer salas es de lo que tengo más ganas, pero a la vez me asusta lo que, al final, le asusta a cualquier artista, que es el hecho de que no se vendan las entradas. Sin embargo, confío bastante en que va a ir bien porque la vara de medir estaba siendo La Riviera y ya van dos fechas con sold out. Espero que a la gente le guste tanto escucharlo como a mí me ha gustado hacerlo.
También el que me quede sin voz… Típicas cosas que piensan los artistas (risas).
Has comentado alguna vez que te molaría meterte en el rollo «acting» en películas o series… ¿Has avanzado en este propósito?
Como ahora también estoy creyendo un poco en proyectar, no lo pienso mucho. Pero sí, me encanta la actuación, ir a los estrenos, imitar a personajes, a mis amigos… Me vuelve loco todo lo que engloba al mundo del cine. Pero loco.
Chaqueta Firebird negro de adidas, camisa de Sandro, corbata de Emeerree, pantalón de Guess Jeans y zapatillas Superstar II Leather de adidas.
DESCUBRE TODOS LOS CONTENIDOS DE LA TEMPORADA AL COMPLETO EN NUESTRO NÚMERO DE OTOÑO-INVIERNO 2025. HAZTE CON LA PORTADA DE BARRY B AQUÍ.
Texto: Anna Alarcón @_annalarcon
Fotografía: Noah Pharrell @noah_pharrell
Estilismo: Jesús Lafuente @jesuslafuente_
Grooming: María Andres @mariaandres.b
Arte: Jose Señoran @josesenoran
Asistente de fotografía y video: Yo-Yo @yoyo_says_hi
Asistente de estilismo: Isabella Gitsels @isabellagitsels
Agradecimientos a Espacio Nueva Carolina y 958.wip