CLAUDIO PORTALO, actor: «Existe una imagen muy idealizada del audiovisual, pero la realidad de muchos actores está marcada por la precariedad»

Claudio Portalo llega a «La casa del árbol» desde una trayectoria marcada por la poesía, la danza el teatro y el cine. Disciplinas que entiende no como caminos separados, sino como partes de un mismo lenguaje artístico. En esta conversación, hablamos con el artista sobre: la creación, el peso de crecer lejos de los grandes núcleos culturales y la necesidad de seguir haciendo arte desde un lugar honesto y humano, y la precariedad dentro de la industria audiovisual

Claudio Portalo estrena «La casa en el árbol» tras una trayectoria marcada por el arte 

Claudio Portalo (Badajoz, 1997) habla del arte como quien habla de una forma de habitar el mundo. Actor, poeta y performer, el artista extremeño entiende cada disciplina como parte de un mismo lenguaje creativo que lleva construyendo desde niño, cuando comenzó a bailar breakdance y a descubrir la cultura hip-hop en las calles de su ciudad.

Ahora, con «La casa en el árbol», se adentra en un thriller psicológico que utiliza el terror para hablar de identidad, amor y violencia social. Durante la conversación reflexiona sobre la necesidad de crear desde un lugar honesto, la influencia de haber crecido lejos de los grandes núcleos culturales y la precariedad que atraviesa muchas veces la profesión artística. Pero también habla de comunidad, de sensibilidad y de la importancia de seguir contando historias en un momento donde, según él mismo defiende: hace falta un poquito más de amor.

Entrevista con Claudio Portalo, quien nos cuenta acerca de su última película
Entrevista con Claudio Portalo, quien nos cuenta acerca de su última película «La casa en el árbol»
Has trabajado en disciplinas muy distintas como danza, poesía, performance, cine o teatro, ¿Con cuál te sientes más conectado o más fluido a la hora de expresarte artísticamente?

Últimamente, más que nunca, siento como todas las disciplinas que he trabajado a lo largo de mi vida como muy interconectadas. Hay quien me dice que soy un artista multidisciplinar, pero yo digo que soy un artista interdisciplinar porque al final todas las disciplinas que he trabajado se interrelacionan entre sí y es, de alguna manera, mi forma de construir mi lenguaje, mi código propio.

Paralelamente a tu trabajo como actor has seguido desarrollando tu faceta poética. ¿Necesitas mantener vivos ambos lenguajes artísticos al mismo tiempo o hay etapas donde uno termina ocupando más espacio que el otro?

Sí. Pienso mucho, por ejemplo, en la poesía. Pienso en la disciplina que he trabajado durante muchos años, que me ha permitido también publicar tres libros de poesía contemporánea, experimental y visual. La poesía es un lenguaje que me permite adherirlo a todos los proyectos, a todo mi lenguaje, a todo mi código, porque la cualidad de lo poético se puede trasladar a cualquier cosa y me da la sensación de que todo lo eleva a un plano distinto al cotidiano.

Fíjate, hace poco escribí algo así como: «me gustaría que mis cuadros fueran un poema y que mis poemas fueran un cuadro». Yo veo un cuadro de otro y, a lo mejor, me inspira un poema, o veo un poema de otro y a lo mejor me inspira el cuadro. Y esto para mí también es muy importante. Buscar la referencia y la inspiración en el exterior es esencial y es también lo que me saca de mí mismo.

Claudio Portalo posando para la sesión fotográfica
Claudio Portalo posando para la sesión fotográfica
¿Cómo has vivido tu evolución artística desde que empezaste hasta hoy?

En relación con todas las disciplinas es una cosa de la que me he dado cuenta hace un poquito tiempo y que me tiene como un poco abrumado. Al final, este año cumplo veintinueve años en septiembre y eso significa que cumplo veinte años en la práctica artística. O sea, es una locura.

Yo empecé con el breakdance y con el graffiti con nueve años, muy pequeñito. A mí me acogieron muy rápidamente allí, en la escena de mi ciudad, en Extremadura. Como tenía talento, sobre todo para el breakdance, los mayores me cuidaron bien y me hice un hueco siendo muy pequeñito.

Ahora llega reminiscencia de volver a mirar atrás y pensar que voy a cumplir veintinueve y llevo veinte en la práctica artística, como dos tercios de mi vida. Y me doy cuenta de que quiero que sea así el resto de mi vida, si es posible. La pasión para mí es uno de los más grandes motores que me alumbra en el camino a continuar con todo esto.

Mencionando nuevamente Extremadura, provienes de un lugar alejado de grandes núcleos culturales, algo que también marca la forma de relacionarse con el arte ¿Cómo ha influenciado eso en tu manera de entender la industria cultural y cómo la vives hoy?

Desde que llegué a Madrid me he sentido súper bien acogido por la ciudad y también por los artistas. Tuve la buena suerte, digamos, de que cuando llegué me acogieron Luis Pastor y Pedro Pastor. Luis, que es uno de los más grandes cantautores vivos de la transición en adelante. Y su hijo Pedro, que ha seguido su senda también de la música de autor.

Me permitieron vivir en una casa donde el arte brotaba por todos lados. Era una casa donde vivíamos diferentes artistas, en Rivas Vaciamadrid. Fue llegar aquí, a Madrid, y estar ya en contacto, o dentro de una escena. Y aunque no fuera mi escena, sobre todo la musical, al final allí confluíamos todo tipo de artistas, ya de base eso fue un punto de partida buenísimo. Pero, al fin y al cabo, Madrid me permite una serie de posibilidades, sobre todo a nivel cultural y de interrelaciones, que no me permitiría en Extremadura.

Y ahí es donde voy un poco al quid de la cuestión. Yo no soy yo sin Extremadura: sin el campo, sin mi familia, sin mis amigos, sin Badajoz, sin mi ciudad, sin el Río Guadiana, pero es verdad que yo tampoco soy una escena cultural, candente, activa y proactiva. Entonces, como artista, hay una sensación extraña de exilio, o a veces éxodo.

El otro día veía un estudio en la que reflejaba que hay muchísimos extremeños que están fuera de Extremadura. Y todos por el mismo motivo: la esperanza de encontrar un trabajo mejor, o una vida mejor, o simplemente encontrar un lugar en el cual poder desarrollarse a nivel laboral. Entonces, con esto soy muy crítico. Creo que las instituciones en Extremadura tienen mucho por hacer. Deberían acompañar más y mejor a los artistas. Y creo que Extremadura es una tierra con muchísimo talento y sobre todo muchísimo potencial. Realmente, a nivel artístico y cultural, aunque hay, y esto nunca lo niego, compañeros y compañeras que se han quedado allí haciendo cosas increíbles, hay todavía mucho potencial que explotar.

La casa del árbol, la nueva película en la que interpreta Claudio Portalo
La casa del árbol, la nueva película en la que interpreta Claudio Portalo
¿Qué crees que tiene Extremadura que podría aportar a un artista que quizá no encontraría en otros núcleos?

Para empezar, la naturaleza. Yo tengo colegas aquí en Madrid que me han dicho que en su vida han visto una vaca o que no van al campo los domingos. Quiero decir, creo que la práctica artística se nutre de la vida y cuanto más cerca estamos de la vida, más nutrimos nuestra práctica artística. Entonces, por supuesto, en la metrópolis, la ciudad está llena de vida todo el rato. De hecho, es demasiado. Todo este sobrestímulo es difícil a veces de llevar. Yo, por ejemplo, que vengo de un lugar mucho más tranquilo, a veces me sobrepasa y tengo que irme. De hecho, cuando me sobrepasa todo esto, yo voy a Extremadura.

Yo creo que aquí en la ciudad me parece que se teoriza mucho. Se teoriza mucho, por ejemplo, sobre las relaciones personales, cómo deben de ser, cómo no, cómo has de tratar a tus vecinos, cómo has de relacionarte con tus vecinos, con tu barrio, con tu gente, con tu entorno… Y allí no se habla de eso. No se teoriza sobre eso. Allí se hace. Tú eres vecino de tu vecino. Tú sales a la puerta y te encuentras con tu vecino y le cuentas la vida. Te apoyas. Si le falta lo que fuera, pues se lo prestas. Hay una vida mucho más orgánica que creo que tiene mucho que ver, por lo menos, no con la práctica artística como tal, sino con la práctica artística que yo quiero ejercer. Pero por supuesto, la virtud está en ese punto intermedio entre tener relaciones sociales sanas y también teorizarlas en cuanto a cómo podemos hacer por tener unas relaciones sociales mejores.

Trasladándonos nuevamente a tu último estreno, «La casa en el árbol» se mueve dentro del terror psicológico, ¿qué fue lo primero que te atrajo del proyecto cuando llegó a tus manos?

Cuando leí el guion flipé en colores por todo lo que pasaba ahí. Es una película que no termina en la sala de cine, sino que termina en la cabeza del espectador. Una de las cosas que más nos han compartido las personas que ya la han visto es que se van a casa pensando. Y bueno, en definitiva, lo que más me removió es que, más allá del terror, del thriller psicológico, es una película discursiva. En definitiva, de lo que viene a hablar es de la problemática trans.

Es una cosa que la gente no se espera para nada, porque es, digamos, una subtrama que se eleva a través de la película. Entonces, me parece interesante la manera en que está confabulada el terror y el género con la discursividad y con las narrativas de nuestros tiempos. Yo creo que esto fue lo que más me llamó la atención últimamente.

Creo que como artista tenemos la responsabilidad de contar, de narrar y creo que esta película cuenta algo. Se pueden contar las cosas de muchas maneras. Seguro que la podríamos haber contado mucho mejor y también mucho peor, pero esta es nuestra manera de contarla y creo que lo hemos hecho con el mayor de los respetos, de los cariños, de las sensibilidades, de las delicadezas. Y es muy guay porque ya nos está llegando gente a la que nos ha dicho que se siente identificada con esto que está sucediendo durante toda la película de buena forma.

Claudio Portalo en una sesión fotográfica en el bosque
Claudio Portalo en una sesión fotográfica en el bosque
Para quienes todavía no han visto la película, ¿qué te gustaría que se llevasen de ella al salir del cine?

Soy muy contundente también con esta pregunta. Y es que, en un mundo, en una sociedad en la que el odio y el fascismo están volviendo a imperar y los discursos están expandiéndose en las masas, hace falta un poquito más de amor.

Y esta película, es lo que venía diciendo el otro día en programa de prensa mientras la estábamos presentando, es una carta de amor. Y el amor, en definitiva, cuando es amor y cuando es sano y se trabaja, no le hace daño a nadie. Nosotros no queremos hacerle daño a nadie. A diferencia de todos esos que expanden esos discursos de odio, violentos y fascistas.

Si pudieses interpretar a otro de los personajes de «La casa en el árbol», ¿cuál crees que te habría llamado más la atención explorar y por qué?

Pues mira, hay un personaje que es el antagonista. En la película no se menciona su nombre. En el guion se le nombra como «La Forma». Sus cuadros de diálogo van introducidos por el nombre de «La Forma». Y creo que si no hubiera hecho este personaje habría hecho el antagonista.

Vemos su cara en un momento muy concreto de la película únicamente, pero es un personaje que es muy físico. Yo, que al final vengo de un teatro que también es muy físico o psicofísico, creo que me habría gustado mucho haber realizado ese personaje. Porque tiene mucha aparición. Tiene algo de texto también. Tiene trama. Y bueno, al final es justo eso: la tensión necesaria para que entre la protagonista y el antagonista se genere la historia.

Claudio Portalo interpreta a Jesús para la nueva pelicula La casa del árbol
Claudio Portalo interpreta a Jesús para la nueva película La casa del árbol
Si miras tu evolución desde tus primeros proyectos hasta ahora, ¿cómo ha cambiado tu relación con la profesión?

Sí, sin duda con el tiempo ha cambiado mucho mi relación con la profesión. A veces existe una imagen muy idealizada de la industria audiovisual, asociada al glamour y a las alfombras rojas, pero la realidad de muchos actores y actrices está marcada por la incertidumbre y la precariedad. El 97% de los actores no trabajan y no se muestra tanto como al 7% que si están en activo. Creo que es importante hablar también de esa parte menos visible de la profesión.

Muchas veces se proyecta una imagen muy aspiracional de la industria, pero detrás hay muchísima precariedad e incertidumbre. Creo que es importante no romantizar constantemente la profesión.

Si tuvieses que resumir una idea de lo que ha supuesto para ti formar parte del proyecto «La Casa del Árbol», ¿cuál sería?

A mí, fíjate, hablando de personas, lo mayor y más grande que me ha dado esta película son las personas. Cuando me llamó mi representante y me dijo que estaba dentro de este proyecto, que además fue sin casting, fue directo, que es una cosa que no me había pasado; bueno, sí, pero no así, y no como un coprotagonista en un proyecto así de grande, yo no conocía a Luis Calderón, que es el director.

Pero ahora, dos años más tarde, Luis Calderón es mi hermano. Y nos tratamos de hermano, y nos llamamos, y hablamos de trabajo a veces, pero sobre todo hablamos de nosotros: cómo estamos, qué nos pasa, qué queremos, qué onda. Sandra Escafera, un ejemplo de trabajo, de humildad, de… No sé, solo cosas buenas la verdad, María Rivera, productora ejecutiva, otro amor. Una niña que la ves, la escuchas hablar y te quedas flipando. Luis Piñar, otro de los productores ejecutivos, también hermanazo.

No sé, si algo grande me ha traído esta película son tal vez dos cosas. La primera: las personas. Por encima de todo, las personas. Y lo segundo es que, por encima de casi incluso las personas, estábamos todos a una, con un presupuesto bajo, aupando una narrativa que creo que es importante que se escuche en estos momentos, en esta sociedad que nos toca.

Alba Arranz @alba.arz

Imágenes: ©Joaco Carbajales

/

People

/

Te puede interesar