«Efecto Blazy»: así conquista Chanel el LYST INDEX
Matthieu Blazy, director creativo de Chanel, durante el final del desfile Crucero 2026/27 celebrado en Biarritz. Imagen: cortesía de Chanel
La Maison Chanel alcanza por primera vez el número uno del Lyst Index tras años fuera del radar digital, impulsada por un cambio estratégico liderado por Matthieu Blazy. Analizamos todo a continuación:
Durante años, Chanelha ocupado un lugar singular dentro de la industria de la moda, difícil de encajar en las métricas contemporáneas.Y sin embargo, su presencia en el Lyst Index, el ranking que mide el deseo global en función de búsquedas, ventas y conversación digital, era prácticamente inexistente. No por falta de relevancia, sino por una decisión estratégica que la mantuvo al margen de los circuitos que hoy definen el éxito: la limitada venta online de sus productos.
Ese escenario ha cambiado de forma radical en 2026. En el primer trimestre del año, Chanelha alcanzado por primera vez el número uno del Lyst Index, un hito que no solo reconfigura su posición en el mercado. No se trata únicamente de haber entrado en el ranking, sino de haberlo conquistado directamente, adelantando a competidores históricamente dominantes en el ecosistema digital.
En el centro de este cambio se encuentra Matthieu Blazy, cuya llegada a la dirección creativa ha actuado como catalizador de una nueva etapa. Su impacto no se ha limitado a una renovación estética, sino que ha redefinido la forma en que Chanel dialoga con el presente, conectando su legado con las dinámicas de consumo actuales sin diluir su identidad.
Lo verdaderamente significativo es que Chanel ha logrado lo que durante años parecía incompatible, convertirse en una marca altamente deseable en términos digitales sin renunciar a la exclusividad que siempre la ha definido. Ese equilibrio, complejo y escurridizo, es precisamente lo que explica su ascenso.
El «efecto Blazy»: la jugada que ha llevado a Chanel a lo más alto del Lyst Index
¿Qué es el Lyst Index?
El Lyst Index se ha consolidado en los últimos años como una herramienta clave para entender la moda contemporánea. Analiza el comportamiento de más de 160 millones de usuarios y combina datos de búsquedas, ventas, menciones en redes sociales y visibilidad cultural para medir lo que denomina «calor de marca». En su metodología más reciente, el ranking articula este concepto en torno a tres grandes ejes: el deseo, la demanda y el descubrimiento, reflejando un entorno en el que la relevancia no depende únicamente del producto, sino de su capacidad para generar conversación.
Durante mucho tiempo, Chanel quedó fuera de este sistema de medición porque gran parte de su negocio no era rastreable digitalmente. La Maison evitaba vender online sus piezas más representativas, lo que la dejaba fuera de los indicadores clave del índice. Sin embargo, la evolución del mercado, y la necesidad de adaptarse a un consumidor cada vez más conectado, ha modificado ese posicionamiento de forma progresiva.
La llegada de Blazy ha acelerado ese proceso. Su enfoque ha sido construir una coherencia total entre producto, imagen y narrativa, entendiendo que el lujo actual no puede limitarse a la contemplación, sino que debe activar deseo en múltiples niveles. Bajo su dirección, Chanelha conseguido mantener una atención constante, evitando los picos efímeros y apostando por una presencia sostenida que se traduce en demanda real.
Desfile Crucero 2026/27 de Chanel celebrado en Biarritz. Imagen: cortesía de Chanel
La estrategia se percibe claramente en el producto. Las reinterpretaciones de iconos históricos, como el bolso Flap o el calzado clásico de la casa, han adquirido una nueva dimensión. No se trataba de romper con el pasado, sino de hacerlo legible para una nueva generación. Esta capacidad de actualización ha generado un efecto inmediato en el mercado, donde determinadas piezas se han vuelto virales y han agotado existencias en cuestión de días.
Analizamos el «efecto Blazy»
Pero el impacto de Blazy no surge de la nada. Su trayectoria previa ya había demostrado una habilidad singular para transformar marcas en objetos de deseo. Durante su etapa en Bottega Veneta, la firma italiana experimentó un reposicionamiento que la llevó a ocupar de forma recurrente posiciones destacadas en el Lyst Index, consolidándose dentro del Top 10 e incluso acercándose en varias ocasiones a los primeros puestos.
De todas formas, esa lógica de transformación constante no se agota en su trabajo en Bottega, sino que se prolonga en la manera en que Chanel ha construido históricamente su propio sistema creativo. Y lo que Blazy explora hoy desde la materia y la construcción del producto, tiene un antecedente claro en la forma en que la Maison ha entendido siempre la ilusión.
Bhavitha Mandava, la modelo india que se ha convertido en un rostro asociado a la Maison. Imagen: cortesía de Chanel
Desde sus orígenes, Chanel ha trabajado en un territorio donde lo aparente no oculta la realidad, sino que la reescribe. Coco Chanel lo expresó de manera casi instintiva con un gesto simple. Las perlas falsas. «Solo me interesan las joyas falsas», decía, «porque resultan provocadoras».
Por lo que la elección de Blazy no responde tanto a una ruptura como a una continuidad metodológica. Su etapa en Bottega se definió por una investigación muy precisa sobre la percepción material de los tejidos y las pieles, llevados hasta un punto de ambigüedad controlada. Trabajó sobre procesos de transformación textil en los que el cuero podía adquirir la lectura visual de un denim, o la piel de cordero la apariencia de una franela, sin alterar su naturaleza estructural. No se trataba de un efecto inmediato, sino de consolidar la idea de que algo pudiera percibirse como algo que no es, como ocurría con las perlas.
Look de Bottega Veneta bajo la dirección de Matthieu Blazy: artesanía, deseo y construcción contemporánea del lujo. Imagen: cortesía de Bottega Veneta
El paralelismo con Chanel por lo tanto es evidente, aunque amplificado. Si en Bottega Veneta se trataba de construir una nueva narrativa, en Chanel el reto consistía en reactivar una herencia ya consolidada. La diferencia es sustancial, pero el método guarda similitudes: redefinir los códigos, y fortalecer y amplificar el producto.
Esta lógica se ha desplazado también hacia un terreno claramente cultural, donde la marca ha dejado de operar únicamente en el ámbito del producto para integrarse en códigos de la cultura popular contemporánea. Blazy ha reforzado su presencia en campañas que dialogan directamente con imaginarios ya existentes, como la protagonizada por Margot Robbie, construida a partir de una referencia visual al videoclip «Come Into My World» de Kylie Minogue, donde la moda se inserta en un lenguaje pop reconocible más allá del sistema del lujo tradicional.
Campaña del bolso Chanel 25 con Margot Robbie, una de las piezas clave del nuevo imaginario de la Maison. Imagen: @chanel
Este movimiento se complementa a su vez con una estrategia de visibilidad muy precisa en contextos como alfombras rojas y eventos internacionales, donde las prendas aparecen asociadas a figuras con fuerte impacto cultural en ese momento.
Además, Chanel también ha ampliado su alcance más allá de las categorías convencionales de género. Asimismo, aunque la Maison no cuenta con una línea masculina, figuras como Jacob Elordi o Pedro Pascal se han convertido en embajadores de la firma, incorporando piezas de Chanel en su imagen pública. En el caso de Elordi, esta estrategia refuerza una visión que ya había desarrollado en Bottega, donde Blazy lo consolidó como una de las figuras clave en la construcción de imagen de la marca, con un impacto directo en visibilidad y ventas.
Jacob Elordi en campaña de Bottega Veneta, antes de convertirse en uno de los rostros asociados al nuevo deseo de Chanel. Imagen: cortesía de Bottega Veneta
De esta manera, este tipo de movimientos refuerza la posición de Chanel dentro del ecosistema actual, donde las marcas no solo deben ser aspiracionales, sino también relevantes en tiempo real.
En este contexto, Chanel ha pasado de ser un símbolo de estatus tradicional a convertirse en un actor activo dentro de la cultura contemporánea. Su presencia en redes sociales, el impacto de sus desfiles y la viralidad de ciertos productos han contribuido a consolidar una nueva percepción de la marca. Ya no basta solo con su peso histórico, sino que ha sabido convertirse en un agente activo en la construcción del deseo actual.
Modelo del último desfile Crucero 2026/27 de Chanel que reinterpreta la silueta clásica de la Maison. Imagen: cortesía de Chanel
El ascenso al número uno del Lyst Index no es, por tanto, un fenómeno aislado, sino la consecuencia de una estrategia bien articulada. Un verdadero logro de esta etapa que no reside únicamente en los resultados, sino en la forma en que se han alcanzado. En un panorama donde muchas marcas sacrifican identidad en favor de visibilidad, la firma francesa ha demostrado que es posible mantener ambas, construyendo a su vez un lenguaje que no solo es reconocible, sino también relevante.
Por lo tanto, el número uno en el Lyst Index marca un punto de inflexión, pero también plantea una pregunta inevitable: si este es el nuevo estándar, ¿hasta dónde puede llegar Chanel en esta nueva fase? Más allá de la respuesta, lo que ya resulta evidente es que la Maison ha logrado redefinir su lugar en la industria, demostrando que el lujo, en 2026, también se legitima en su capacidad de producir deseo inmediato.